martes, 26 de noviembre de 2019

Bolivia: recuperando democracia



Cuando Evo Morales Ayma accedió el 22 de enero de 2006 a la Presidencia de la República de Bolivia (que es la denominación oficial incluida en la Constitución de 2009 mientras que las menciones a “Estado Plurinacional” se refieren a Estado Plurinacional Comunitario que no fue aprobada alguna vez como nombre del país en referéndum constitucional), inició el largo período que concluye el 10 de noviembre de 2019 con su renuncia y se refuerza el 12 con el abandono del país rumbo al exilio en México.

Tras una gran palabrería de “democracia” (en contradicción con sus “pseudocoronaciones” falsamente precolombinas en Tiahuanaco en 2006, 2010 y 2015), empieza su recomposición del Poder, que se inicia ese mismo año con la convocatoria a Constituyente —siguiendo los pasos iniciales de Hugo Chávez que Rafael Correa y Daniel Ortega también seguirían— para obtener aprobada en 2009 una Constitución a su medida, aunque inmediatamente la violaría. Sin olvidar la gran importancia del empoderamiento indígena —aunque mucho más discursivo que real—, fracasaron rotundamente la “indigenización” y consecuente “descolonización” del país —en el censo de 2012 sólo el 41% se autoconsideró indígena, a diferencia de 2001 que llegó al 62%, un reflejo del efecto de la falsa “indigenización”—, el denominado “comunitarismo” —otra  veleidad del imaginario progre que fracasó cuando desde las inmediaciones al Poder descubrieron los beneficios de la corrupción y del capitalismo feroz— y, a la postre, el clientelismo, sobre todo con la burocracia urbana.

También fracasó el modelo económico, preconizado como “milagroso”. Desde la falsedad de las denominadas “nacionalizaciones” —que en verdad fueron recompras de acciones o propiedad— hasta el promocionado “mercado interno” como fuente de expansión económica y pasando por la apropiación discursiva engañosa de los súper precios del boom de los commodities —“éxito” publicitado machaconamente—, todos los presuntos “éxitos” de gestión fueron verdaderos fracasos: Hoy Bolivia tiene una deuda consolidada mayor que la que tuvo en los períodos anteriores —tanto interna como externa, ésta a niveles superiores a 2005—, las RIN están al nivel más bajo desde 2009 y, en contraparte, la burocracia se multiplicó exponencialmente… algo de lo que el actual ministro de Economía José Luís Parada Rivero ha sido permanente denunciador desde 2006. Tópicos y situaciones que recuerdan Venezuela, Ecuador, Argentina, Nicaragua…, incluyendo el retorno (débil aún comparativamente con Venezuela y Nicaragua y con el Brasil del final de Rousseff) de los pobres recuperados —clase media baja emergente— nuevamente migrando a pobres y míseros.

 Ése es el panorama socioeconómico con el que empieza 2016 y que hace crisis a fines de 2019.

Prolegómenos del final anunciado… y el Día de la Mentira

El 21 de febrero de 2016 el oficialismo —con 69% en Senado y 68% en Diputados, aunque los porcentajes a hoy deben haber variado por las renuncias masistas en ambas Cámaras— convocó confiado a la ciudadanía a un referéndum constitucional para modificar el límite de una reelección consecutiva que establecía el artículo 168 de la Constitución, aunque debemos recordar que en 2014 ya se había violado con la repostulación de Morales que hizo interpretar al Tribunal Constitucional Plurinacional que “la repostulación de 2009 no contaba como reelección” porque la elección de 2005 correspondía a otra Constitución —la de 2004— mientras que la de 2009 era “originaria”.

El 51,3% de los ciudadanos que asistieron al referéndum votaron por NO cambiar la Constitución, lo cual fue un durísimo mazazo en las pretensiones del entonces oficialismo y, sobre todo, en el imaginario mesiánico de Morales, construido como versión altiplánica del Bien Amado.

Sin posibilidad inmediata de recular de sus promesas de respetar el referéndum, Morales dijo aceptar y retirarse en 2020 pero sus acólitos empezaron a crear justificaciones y tergiversaciones mediáticas de la voluntad popular que culminaron en la Sentencia Constitucional Plurinacional 0084/2017 del Tribunal Constitucional Plurinacional emitida el 28/11/2017 que, al “interpretar” la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José de Costa Rica) y establecer que la repostulación indefinida era un derecho “humano” dejó abierta la posibilidad de que el Tribunal Supremo Electoral habilitara la candidatura de Morales, violando el artículo 410 constitucional vigente que establecía la jerarquía de la Constitución sobre los tratados internacionales.

Lo que siguió fue una nueva Ley de Organizaciones Políticas, la N° 1096/2018 del 01/09/2018 que monopolizaba la participación política nacional en los partidos —un retroceso en posibilidades de participación respecto a la derogada Ley N° 1983/1999 de Partidos Políticos— e instituía apresuradas elecciones primarias cerradas presidenciales que sólo tenían el objetivo de justificar el registro del binomio oficialista negado por el referéndum de 2016. Las primarias cerradas —casi diez meses antes de las  generales y que analicé en “‘Primarias’ al cohete” (E-lecciones.net, 15/02/2019, lamentablemente borrado con otros en el hackeo del sitio)— no sólo fueron inútiles —dentro de cada sigla sólo había una candidatura— sino contraproducentes para el oficialismo: En la mañana el vicepresidente afirmó que «si vota menos del 50% de nuestros militantes [MAS] nos preocuparíamos», en realidad votó el 35% y más del 10% de éstos votaron nulo o blanco.

En definitiva, quedaron habilitados nueve partidos: el oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS) y ocho opositores: la Alianza Bolivia Dice NO, Comunidad Ciudadana, Movimiento Tercer Sistema (MTS), Partido Demócrata Cristiano (PDC), Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Partido Acción Nacional Boliviano (PAN-BOL), Unidad Cívica Solidaridad (UCS) y el Frente para la Victoria (FpV).

El largo período electoral —empezó el 19 de octubre de 2018 con la convocatoria a elecciones primarias presidenciales, y como ese año no fue bisiesto y las elecciones truchas fueron el 20 de octubre de 2019 el período electoral fue de 366 días— empezó (octubre-noviembre 2018) con las negociaciones de reeditar una versión ampliada de Unidad Demócrata (UD) —la alianza electoral existente desde 2014 entre los partidos DEMÓCRATAS (antes Movimiento Demócrata Social, el segundo mayor del país luego del MAS) y el Frente de Unidad Nacional (UN, el tercero) con la incorporación del expresidente Carlos de Mesa Gisbert (2003-2005) y sectores que le apoyaban (los que después constituirían Comunidad Ciudadana); la pretendida alianza con De Mesa fracasó y después también se retiró UN, aunque su salida fue ya finalizado el período para romper alianzas y reinscribirse, quedando UN fuera de las elecciones presidencial y legislativas, mientras que DEMÓCRATAS se organizó en la Alianza Bolivia Dice NO con movimientos sociales y llevó de candidato al senador Óscar Ortiz Antelo, Presidente de la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA) y Vicepresidente de la Unión Internacional Demócrata (IDU).

Al margen de los cambios de candidatos que fueron sucediendo —“conflicto” agrandado por la subjetividad de muchísimas opiniones— acabadas las primarias, e incluso antes, quedó claro que había dos agrupaciones políticas con más posibilidades —MAS y Comunidad Ciudadana—, una tercera con posibilidades crecientes de ocupar espacios —Bolivia Dice NO— y el resto estaban en plano residual —quizás MTS podía ocupar algún espacio terciario en uno o dos departamentos— y luchando por no bajar del baremo del 3% de los votos válidos para no perder su personería.

Como en toda elección latinoamericana de las últimas décadas que “se precie”, las encuestas fueron un verdadero cachumbambé aunque, es justo reconocerlo, manteniendo los puestos 1-2-3 y pronosticando segunda vuelta —excepto las muy tendenciosas como las del CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), heredero directo de la desparecida Fundación CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales, origen del partido chavista español PODEMOS, que junto con CELAG después han sido los think thanks de los gobiernos del Foro de São Paulo) y en cuyo Directorio aparecen aún figuras del gobierno Morales; justo al final, el candidato sustituto a la presidencia por el PDC Chi Hyun Chung —líder de la Iglesia Presbiteriana en Bolivia— consiguió movilizar el voto confesional más conservador, rebajando adherentes a casi todas las candidaturas y ocupando un efímero tercer lugar nacional —efecto golondrina— en los resultados cuestionados de las elecciones.
Las campañas electorales estuvieron signadas por dos elementos: la permanente y excesiva presencia mediática del binomio ilegal de Morales-García con el pretexto de “informar gestión” —algo que siempre fue criticado pero que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) que dirigió esas últimas elecciones fue aun más complaciente— de un lado, y del otro la incapacidad de lograr unidad opositora, por las razones explicadas antes y sustentadas en protagonismo personales.

Las dos campañas principales de la oposición —Comunidad Ciudadana y Bolivia Dice NO, porque la del PDC pasó de inexistente a definitivamente confesional y hasta intolerante, más allá de lo político en lo que fue poco significativa— deambularon desde la crítica al MAS y su modelo —más significativa en Bolivia Dice NO por la experiencia opositora de su abanderado Ortiz que en De Mesa por su cohabitación parcial en el fracasado proceso de Bolivia contra Chile en La Haya— hasta un casi permanente enfrentamiento entre ellos. A la campaña de De Mesa la perjudicaron varios elementos, amén de su poco protagonismo opositor durante el catorceno anterior: la falta de estructura partidaria —el concepto de “comunidad ciudadana” repitió la errada posición de De Mesa entre 2003-2005 de apartarse de siglas partidarias y “gobernar para todos los ciudadanos”, lo que le llevó en 2005 a sus consecutivas renuncias hasta salir de la Presidencia—; judicializar muchas de las críticas y cuestionamientos recibidos, donde el protagonismo estratégico fue consolidado en sus asesores legales más que —supongo— en sus estrategas electorales y devino en acusaciones fracasadas o inconclusas, a lo que se unió la continuada negativa a responder acusaciones —a diferencia de su vicepresidente— bajo el sambenito de “guerra sucia”, además de su poco contacto con electores durante buena parte de la campaña; parte de estos señalamientos mencionados se revierten en la recta final del período precomicial cuando la estrategia de su campaña electoral difundió profusamente el eslogan y exitoso concepto de “voto útil” —entendiendo que los adherentes de los demás opositores querían sacar del Poder al MAS y al que se sumó el apoyo de UN aunque su líder admitió que no estaba de acuerdo con De Mesa ni con su visión de país, «estoy apoyando al que tiene más posibilidades de ganar la elección en la primera o segunda vuelta»— y De Mesa participó en actos convocados masivamente en diferentes lugares del país.

Por su parte, la campaña de Ortiz se basó en el contacto ciudadano por todo el país               —esencial para hacerse conocer—, en continuar sus denuncias de la corrupción gubernamental —actividad fiscalizadora que desarrolló permanente y eficazmente como senador— y en diferenciarse de De Mesa muchas veces confrontacionalmente—, lo que generó un eslogan que lo identificó desde muy pronto: Manos Limpias.

El resto de las campañas pasaron sin muchos sucesos significativos, excepto la de Chi con posiciones confesionales muy conservadoras.

La noche tras los comicios

Tras los comicios del 20 de octubre, los sondeos a boca de urna daban un primer lugar a la candidatura del presidente Morales y un segundo a De Mesa con una diferencia menor del 10% necesario para que el mayoritario —si obtenía 40% o más— se declarara ganador. En esa misma dirección, el conteo rápido del Órgano Electoral Plurinacional —el Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP)— a las 19:40 con más del 83% de avance, otorgaba a Morales el 45,3% y a Mesa el 38,2%, una diferencia por debajo del baremo para ganar el MAS en primera. Y es en ese momento que no se realizaron más actualizaciones a los resultados preliminares y a las 21:25 Morales —sin sustento de datos oficiales ni de avance— se declaró el ganador de las elecciones. Al día siguiente, a las 19:30 —casi a las 24 horas de suspendido— se reanudó el conteo rápido del TREP que, con el 95,3% de los votos verificados, el MAS de Morales obtuvo el 46,86% de los votos sobre el 36,72% de Comunidad Ciudadana de De Mesa, “superando” los 10 puntos porcentuales necesarios para evitar un segunda vuelta y anunciando un cuarto mandato de Morales. En definitiva, el conteo oficial reafirmó al 100% esa “victoria”.

Lo siguiente es harto conocido. El mismo 20 la Misión de Observación Electoral (MOE) de la OEA denuncia el parón y en su Informe Preliminar reconoce irregularidades y recomienda que, más allá de que “oficialmente” se superara el baremo del 10%, se realizara una segunda vuelta electoral entre Morales y De Mesa.

Lo que sigue es conocido: La avalancha de denuncias sustentadas de irregularidades —sólo negadas por las entidades afines al Foro de Sao Paulo como CELAG y sus apoyos en la izquierda norteamericana como el Center for Economic and Policy Research (CEPR)—; el pedido —desesperado— del oficialismo a la OEA de una auditoría técnica de resultados (22/10), aceptado a la brevedad; el inicio de cabildos y, casi inmediato, paros y bloqueos ciudadanos en todo el país (23/10); el paso del pedido ciudadano de segunda vuelta al de anulación de las elecciones —sin el binomio ilegal y, en algunos pedidos, sin De Mesa— y su repetición con un nuevo TSE confiable (27/10), que de ahí pasó al pedido de renuncia de Morales (31/10); la aceptación de Morales de nuevas elecciones (10/11); la desafección de la Policía y la sugerencia —no imposición— de renuncia de Morales por el Alto Mando de las FFAA  y su casi inmediata renuncia el mismo 10/11—acompañado con un aluvión de otras autoridades masistas—, su atrincheramiento en el Chapare (09/11, antes de renunciar) y casi inmediato asilo en México (11-12/11, denegado su paso por varios países vecinos), y la asunción de la Presidencia (14/10) por Jeanine Añez Chávez, vicepresidente segunda del Senado y la autoridad correspondiente en prelación constitucional de jerarquía.

Dos escasas semanas después, la crisis de gobernabilidad promovida por sectores continuistas del MAS y aliados venezolanos, cubanos y de las FARC colombianas como el argentino Facundo Molares Schoenfeld (“Camilo”) —incluida la posición de algunos sectores sensacionalistas de la prensa argentina como Mariano García (periodista de TELEFE) y también Rolando Graña (América Noticias) denunciados por la población boliviana como armadores de falsas noticias de violencia, al contrario de la posición de principales líderes mediáticos de opinión como Jorge Lanata y Andrés Oppenheimer— se desinfló, la campaña antiboliviana de Morales quedó demostrada, la capacidad de diálogo de la nueva Administración Añez se reforzaba y la Asamblea Legislativa Plurinacional, con los votos opositores y de los legisladores masistas que no renunciaron —aún mayoría—, consensuaban nuevas elecciones con nuevo Órgano Electoral.

Bolivia retornaba a la normalidad democrática. Sin Evo.

Epílogo positivo para una batalla por la democracia

El epílogo de toda esta historia de fraude y terror —que hubiera sido catastrófica con miles de muertos si las hordas que Morales incitaba desde México tomaban e incendiaban la planta de combustibles de Senkata en El Alto (donde ya habían dinamitado un muro y quemado oficinas y vehículos) como anunciaban que harían— tiene dos vertientes de análisis: dentro de Bolivia y fuera de ella.

Epílogo para Bolivia

«Queridos compatriotas: nadie se rinde, nadie se cansa; estoy muy orgullosa de esta ley […] Bendito sea Dios por este día». [Presidente Jeanine Áñez junto con la Presidente del Senado Mónica Eva Copa en la promulgación de la Ley que viabiliza nuevas Elecciones Generales de 2020.]

La convocatoria a nuevos comicios a través de la recién promulgada Ley de Régimen Excepcional y Transitorio para la Realización de Elecciones Generales —que anula los resultados de las fraudulentas del pasado 20 de octubre volviendo a fojas cero, inhabilita al binomio ilegal (reestableciendo el precedente constitucional de sólo dos períodos consecutivos) e inicia el proceso de selección de nuevas autoridades nacionales y departamentales del Órgano Electoral, iniciado ya con la designación del expresidente del TSE entre 2004-2008 (desplazado por Morales) Salvador Romero Ballivian como vocal designado por la Presidencia— conlleva la pacificación del país como proceso paralelo que el Ejecutivo y los actores sociales han estado negociando exitosamente y, en consecuencia, alarga el mandato de los elegidos en 2014 que no renunciaron y posterga aún sin fecha las elecciones subnacionales —y, por ende, el mandato de las autoridades subnacionales vigentes.

Entre otras consecuencias de esta ley estará la selección y elección por las Asambleas Legislativas correspondientes de personas notables como nuevas autoridades electorales a nivel nacional —seis titulares, uno de ellos nombrado directamente por la Presidente del Estado— y departamentales —45 titulares, al menos uno de ellos proveniente de una nación o pueblo indígena y dos (como mínimo) mujeres; además, uno de los vocales será designado de forma directa por la Presidente Añez—, a los que corresponderá agendar el cronograma electoral.

Por último e igual de fundamental, regulará quiénes participarán en las elecciones nacionales, tanto como binomios presidenciales —sin el binomio ilegal como candidatos a legisladores bajo todas las condiciones de transparencia e igualdad de oportunidades. En esta nueva elección, el argumento electoral del “voto útil” perderá validez, adicionándose a esto la posibilidad de que participen los nuevos actores políticos surgidos en la confrontación que llevó a la renuncia de Morales y su grupo. Muy importante es el recambio entre los actores principales del MAS: generacional, desligados de la antigua dirigencia prebendalista y corrupta, con intereses distintos, consensuadores y desligados del sindicalismo cocalero. Todos estos nuevos actores se podrán conocer y analizar a partir de que el nuevo TSE convoque a la inscripción de candidaturas.

Lo principal es que en Bolivia se cierra un período que va más allá del catorceno concluido y que se inició, principalmente, durante el mandato constitucional de Hugo Bánzer Suárez y en el que la presión de conflictividad tuvo precisamente a Morales como actor fundamental desde su base en el Chapare, lugar donde se refugió después de su renuncia para “hacer arder al país” pero que, acobardado luego de años de vida fácil —sobre todo después de que entre 2008 y 2009 aplastara la oposición de la Media Luna— se refugió en México y, con la complicidad —pasiva, supuestamente— del gobierno mexicano, intentó continuar sus propósitos terroristas.

Como en muchas ocasiones desde esos años —pero ahora sin sus chupatetillas en derredor, como él mismo los describió—, Morales no entendió lo que pasaba en Bolivia. Como dijo la Presidente Añez, «llega el tiempo de la reconciliación»pero sin él.

Epílogo para la Región

El miércoles 13 participé en Venezuela —mediante videoconferencia— como uno de los ponentes en el Foro “Elecciones y Lecciones de Bolivia”, invitado por su organizador, mi buen amigo Walter Márquez Rondón, exdiputado a la Asamblea Nacional, historiador y defensor de los DDHH y la democracia.

En el Foro, una de las preguntas principales fue: ¿qué diferencia hay entre la lucha contra el madurismo y la lucha contra el Masismo? Mi respuesta fue por dos elementos diferenciadores: permanencia de la población en las protestas y actitud de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Venezuela —he sido y soy un firme defensor del derecho del pueblo venezolano a salir de su dictadura— ha dado muestras de un gran sacrificio con sus protestas con muchísimas víctimas y detenidos; en el caso de Bolivia, el escándalo inocultable del fraude conllevó un paro indefinido en la inmensa mayoría del país —y la pérdida de ingresos para el gobierno, primero, y de gobernabilidad después— que llegó a 21 días —se le identificó como 21 días de Fe en el triunfo, un nuevo 21F—, ampliado horizontalmente a amplios sectores con demandas crecientes que confluyeron en un solo objetivo: acabar con la dictadura prorroguista. El segundo aspecto, la actitud de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, marca una diferencia estructural con Venezuela: en Bolivia, la Policía Nacional, desde el viernes 8 de noviembre se fue sumando paulatinamente a las protestas de los sectores sociales y el mismo 10 —horas antes de la renuncia de Morales— un comunicado del Alto Mando le sugirió que renunciara, una diferencia —hasta el momento— sustancial con la actitud de la cúpula militar venezolana.

Diosdado Cabello Rondón, presidente de la espuria Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela y sindicado de ser cabecilla del Cártel de los Soles —narcotráfico vinculado con la cúpula del régimen—, confirmó las duras acusaciones sobre “la mano roja del chavismo en la ola de desestabilización regional” en ese momento en Ecuador —y posiblemente Perú— y que continuaría en Chile y Colombia cuando afirmó: «La brisa bolivariana que recorre la región se convertirá en huracán». Es cierto que temas pendientes en estos países                 —corrupción en Perú; fuerte déficit en Ecuador heredado de Correa; éxito macroeconómico en Chile sin ajustes sociales; las consecuencias de décadas de guerra no declarada y la ambigüedad de los acuerdos de paz en Colombia, además de la necesidad reconocida de reformas sociales— han suscitado protestas que ha sido convertidas en violentas confrontaciones —de quienes las provocaban y, no pocas veces, de quienes las reprimían— que pareciera que iban contra sus democracias; sin embargo, sus clases medias —cada vez más importantes numéricamente— están contribuyendo a reconducir las soluciones; el regreso del kirchnerismo —“maquillado”— en Argentina confirma, por excepción, que los fracasos económicos y ambivalencias políticas del macrismo terminaron de socavar sus mismos apoyos —aunque se entienda por muchos que ese retorno es un salto a completar el desastre que dejó la anterior gestión kirchnerista, entendible por la fascinación morbosa que provoca el populismo corrupto y permanentemente fracasado en un país que fuera altamente instruido (y que hace tiempo que dejó de serlo).

Después de 13 años, 9 meses y 19 días de creciente parodia de democracia, una Bolivia sin Evo ni lo que de negativo que el Masismo representó a la postre es un viento mucho más fresco que el promueve Cabello. Como destacó la joven Presidente del Senado Copa: «No podemos ir atrás, hay que armarse de fuerzas e ir adelante».


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martes, 19 de noviembre de 2019

O por democracia o por otra “Queimada”


«¿Golpe de Estado en #Bolivia? Sí. En el momento que pretendieron robarse las elecciones del 20 de octubre y perpetuar a @evoespueblo en el poder.» [Luis Almagro]

En 1969, el famoso director italiano Gillo Pontecorvo estrenó “Queimada” (“Quemada”), otra de sus grandes películas políticas que describe cómo quienes querían dominar esa “rica isla” la incendiaban cada ciclo de dominación hasta destruirla y volver a empezar, primero portugueses y entonces británicos. Hoy, Bolivia está en el momento ancilar de avanzar a la democracia o que, como Queimada, sea incendiada hasta su destrucción.

No voy a entrar en la descripción de la caída y huida de Morales y acólitos; entre otros, “¿Por qué se fue Evo?” de Lupe Cajías es exhaustivo en ello. Yo hoy prefiero escribir desde los dos únicos escenarios que podremos tener (democracia o destrucción) y analizar desprejuiciadamente qué fuerzas centrífugas y cuáles centrípetas confluyen en provocarlo.

Para todos, hay dos macroactores involucrados: el MAS como nueva oposición y el nuevo oficialismo. Pero esa clasificación maniquea nos puede llevar a errores: ninguno es monolítico. Dentro del MAS cohabitan los que tuvieron el poder y los que no lo tuvieron y quieren alcanzarlo (para éstos Evo es un incordio); también los que incendiarían el país y otros pragmáticos. También dentro del nuevo oficialismo no hay monolitismo: están los que quieren dar ya el paso electoral, otros más lentos y los que quieren venganza, hacia adentro y hacia afuera. Sólo iré por quienes aspiran a una verdadera democracia.

La salida democrática va por un nuevo Órgano Electoral y nuevas elecciones transparentes y supervisadas internacionalmente. Desde hoy 19 y hasta el 21 de enero cuando finaliza el período presidencial y legislativo, la presidente Jeanine Áñez Chávez y los legisladores tienen nueve escasas semanas para hacerlo (un aplazamiento de la asunción de un nuevo gobierno elegido democráticamente hasta el 6 de agosto pudiera ser la explosión de conflictos irreversibles); coadyuvan para el éxito de la convocatoria electoral la voluntad de muchos legisladores, la esperanza de grandes sectores del país y la mediación y apoyo de la Conferencia Episcopal, la Unión Europea, la OEA y Naciones Unidas.

Lleguemos a la convocatoria de elecciones: ¿quiénes participarán? El MAS no podría incluir al binomio ilegal (aunque el partido fue cómplice corporativo del fraude, es preferible que presentaran nuevos candidatos y se castigara a los sujetos identificados como actores del fraude); supongo que Carlos de Mesa participará, cada vez más deslucido candidato y ya sin el factor del “voto útil”. Prefiero no hablar del fariseo Chi Hyun Chung mientras que Óscar Ortiz debe aún confirmar; el resto de los partidos residuales (salvados de la pérdida de registro por la anulación comicial) seguirán en el mismo limbo. Quedan los nuevos actores: los líderes cívicos; ¿intervendrán en estos comicios o serán vigilantes de la probidad (y esperarán a futuros mediatos cuando tengan estructuras y programas)?

Diálogo, acuerdo, ¡nuevas elecciones! Ésa es la autopista para la redemocratización boliviana y la prevención de la escalada de los conflictos, y el gobierno de Áñez Chávez está dando muestras ciertas de esforzarse en ello, en un proceso contrarreloj (algunos desaciertos pudieran entenderse por la rápida transición de estar en barricadas opositoras a ejercer el poder).

«El diálogo no es fácil. […] hay que superar muchas dificultades y a veces parece que nosotros nos empecinamos en hacer las cosas más difíciles todavía. […] El diálogo es para el bien común y el bien común se busca desde nuestras diferencias.» [Papa Francisco]

 

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martes, 5 de noviembre de 2019

Apocalypse Now?



Estos días, Bolivia ha entrado en una espiral muy peligrosa de definiciones. Está haciéndose por la OEA una auditoría técnica al proceso electoral y emitirá su informe específico; paralelamente, su Misión de Observadores Electorales (MOE) que estuvo en el país dará su Informe Definitivo. Lo paradójico es que el Informe Preliminar de la MOE revelando irregularidades en el proceso y proponiendo soluciones de necesario consenso («concluido el cómputo, [aunque] el margen de diferencia sea superior al 10% […] continuaría siendo una mejor opción convocar a una segunda vuelta») fue de común aprobación opositora e internacional y el Gobierno del MAS, presionado en ese momento sobre todo por el impacto exterior, solicitó la auditoría técnica, de la que Comunidad Ciudadana, la agrupación opositora mayoritariamente votada, no participa de la auditoría porque, argumenta, no se respetaron sus observaciones.

El miércoles 23 de octubre comenzó el paro cívico nacional. El día anterior, se había consolidado la Coordinadora en Defensa de la Democracia, que agrupaba a Comunidad Ciudadana, la Alianza Bolivia Dice NO, el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) y Comités Cívicos, entre otros; en ese momento, la consigna común era ballotage siguiendo el Informe Preliminar del MOE. Poco después, la unidad alrededor de la segunda vuelta se fracturó, unos a favor de nuevas elecciones y otros (CONADE y líderes de los Comités Cívicos) con la consigna “Ni Evo ni Mesa” y un ultimátum de 48 horas para la salida del actual gobierno (anoche venció); también hubo algunos pedidos opositores de intervención de las FFAA, lo que “justificaría” a sectores afiebrados del gobierno.

Mientras, desde “la otra acera”, la del oficialismo, el MAS llama a sus movimientos sociales a defenderlo (no olvidemos que cerca de la mitad de los sufragantes le votó). Paralelo, circulan miles de falsedades y alarmas, que sólo han enturbiado a la población, no exentos de racismo y xenofobia.

Coincido con Henry Oporto (“¿A dónde conduce la radicalización en la protesta ciudadana?”, Brújula Digital) que sólo un gran acuerdo nacional puede evitar el enfrentamiento fratricida; es la misma posición editorial de El Deber (“El peligro de las posiciones extremas”) y la de Juan Cristóbal Soruco (“Entre democracia y mi democracia”, Los Tiempos).

El eje de la discordia fue el desconocimiento de los resultados vinculantes del referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016. A partir de ello, todo lo demás: la sentencia TCP 0084/2017, la LOP (1096/2018), las primarias cerradas (precipitadas un quinquenio sólo para justificar la inscripción del binomio inhabilitado), la imposibilidad de unidad opositora (al margen de responsables), una larguísima campaña electoral (desde la convocatoria a primarias: un año y un día), un permanente favoritismo del Órgano Electoral al oficialismo y, a la postre, su inesperado silencio de 23 horas en dar avances electorales, detonante final de la crisis. 

Hoy, más allá de oportunismos extremistas, la legalidad vigente da punteros a Morales y De Mesa. Y éste (favorecido al final de la campaña por una conminatoria estrategia de llamar al “voto útil”) apuesta por nuevas elecciones con renovado Poder Electoral.
Quizás cuando salga publicado este martes, una veintena de horas después de entregado, ya sea “papel mojado” pero es la hora de «llamar a la razón cuando la pasión está tomando cuenta de todos nuestros sentidos», como mencionó Maggy Talavera [“A ponerle razón a la pasión”, El Deber]. Como Soruco decía en su columna, es «el riesgo de que la realidad desmienta lo que se escribe 24 horas antes» pero lo peor es quedarse callado. Dios provea.


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martes, 22 de octubre de 2019

Bolivia votó


El domingo Bolivia votó, y nuevamente fue, sin ninguna duda, un voto por el 21F. Primero, coincido con Juan Cristóbal Soruco en que las elecciones fueron deslucidas y hasta anodinas, porque no hubo debates, algo fundamental para decidir el voto. Esto principalmente porque el candidato del binomio ilegal, favorito según las encuestas, jamás participó en un debate consciente de sus propias incapacidades; y porque el segundo siempre se ubicó en su propio Olimpo. Además, las propuestas se quedaron en general en las páginas no leídas de los programas de gobierno. Con lo cual, “faltó la alegría de la campaña”, en palabras de Carlos Valverde.

A no dudar que estas fueron las elecciones más sui géneris de toda nuestra democracia. Las más largas, con primarias inútiles (solo para justificar la ilegitimidad del binomio oficial), con candidatos que subían y bajaban de las postulaciones, con un Órgano Electoral que se contradecía todo el tiempo; y de yapa, con un candidato outsider que condujo a la Democracia Cristiana a su posición más conservadora (y evangélica) de su historia, pero que le permitió mantener su personería. Algo que no pasó con otros cinco partidos: el Movimiento Tercer Sistema, más radical que el MAS (del cual se desgajó y al que ahora podría volver); PAN-BOL; Frente Para la Victoria; UCS, lejos de Max Fernández y ahora desahuciando las esperanzas de que su hijo regrese a competir en política; y el MNR, un partido que otrora marcó la historia de Bolivia, pero que hace años avanzaba a una muerte agónica.

No voy a analizar los resultados preliminares (el conteo rápido del TREP fue interrumpido injustificadamente), voy a futuro. Concuerdo con Fernando Mayorga en que el próximo gobierno (ya sea dirigido por Mesa o Morales) será “inestable, precario y con un mandato inconsistente”. Con lo cual enfrentará potenciales crisis institucionales, porque ambos recibieron votos antagónicos. Mesa para que saque al MAS del poder (“cambio”), y Morales para que continúe con su proceso clientelar (“para que nada cambie”).

Independiente de cuál de los dos gane finalmente, será tan poco el spread de votos (sin fraude) que dará pie a una escasa gobernabilidad. Por ello, coincido con Valverde cuando afirma que “la elección se define ahora; el poder, en marzo”, según como lleguen entonces el MAS, Comunidad Ciudadana (CC) y los Demócratas.

La Asamblea estará conformada de una manera muy similar a la de 2005. Un Senado dividido sin mayoría y una Cámara Baja con una presunta mayoría mínima en favor del MAS. Si Mesa gana el balotaje, tendrá que abandonar el inútil prejuicio de creer ser “el presidente de los ciudadanos”. Algo que en 2005 fracasó, y ahora será incluso más complicado, porque el voto en segunda vuelta no sería por él, sino sobre todo contra Morales y el MAS. Si gana Morales, con los restos de la billetera puede cambiar la polaridad de ambas Cámaras, como antes hizo, más aun considerando que la bancada de Mesa estaría conformada por invitados, entre ellos exparlamentarios masistas.

Por último, como dijeron Iván Arias y Remy Ferreira, habrá parlamentarios cruceños del MAS y de Comunidad Ciudadana que responderán a los proyectos centralistas que combatieron el llamado de los cabildos autonomistas de 2004 y 2005. El “voto útil” cruceño (la más efectiva estrategia de CC, que sustituyó la inutilidad y contraproducencia de la judicialización y de los silencios y que estaría viabilizando una segunda vuelta) que, de carambola, fue un voto centralista.

La humildad, algo que es escaso en la política y que refulge cuando aparece, debe marcar tanto a Mesa como a Morales. Es importante que Mesa entienda que él no ganó los votos, sino que Evo los perdió. Ninguno fue ganador nato. Confío en que el pueblo boliviano sí lo sea.

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martes, 8 de octubre de 2019

La fuerza del pueblo es su fe en sí mismo


El viernes pasado, el departamento de Santa Cruz celebró su cuarto cabildo del siglo 21. Vale recordar que los cabildos están reconocidos en la Ley del Régimen Electoral que en su Artículo 35 define que «los Cabildos son mecanismos constitucionales de democracia directa y participativa por los cuales las ciudadanas y ciudadanos, mediante reuniones públicas, se pronuncian directamente sobre políticas y asuntos de interés colectivo» y en el mismo aclara que «sus decisiones no son de carácter vinculante, pero deberán ser consideradas por las autoridades y representantes». (Para quienes, suspicazmente, le resten validez porque no estuvo el Órgano Electoral, el Artículo 37 de la mencionada Ley aclara que éste «es competente para la observación y acompañamiento» pero sin obligatoriedad de ello.)

El Cabildo hereda una historia de otros importantes: en 1561, fundando la ciudad; en 1568, eligiendo a su primer Gobernador; en 1621, decidiendo el traslado de la ciudad; en 1810, rebelándose contra la corona española, y en 1876, aprobando el “Acta del Pueblo” y eligiendo prefecto a Andrés Ibáñez. Saltando el siglo 20, en el 21, entre otros, el “Cabildo del Millón” reafirmó la autonomía.

El viernes fueron tres las principales decisiones tomadas: La primera sobre la Chiquitanía, con clara vocación medioambiental y en pro de recabar toda la ayuda internacional para terminar los incendios y recuperar los bosques, se aprobó una Declaratoria Ciudadana de Desastre Nacional (no contemplada jurídicamente pero que sustituye a la que el Gobierno se ha negado a declarar). La segunda decisión reclamó la abrogación de la Ley 741 y el Decreto Supremo 3973 que sustentaron los chaqueos y provocaron las quemas y reclamó al INRA para desalojar las dotaciones y asentamientos humanos en tierras fiscales y áreas protegidas que no cumplan los requisitos de ley.

La tercera decisión fue la más trascendente: trabajar por una propuesta federal real, solidaria y unificadora. Ya se han aventado fantasmas conocidos de “separatismo” (Brasil y México son federales hace décadas y no se fragmentaron), “racismo” (es el departamento con más inmigración integrada), “oligarca” (no pude encontrar a ninguno pero sí muchísimo pueblo)... Lo curioso es que no los leí del MAS, sino de Revilla y en redes, y entendí por qué rezumaban miedo.

Entre 1898 y 1899, el Poder político se desplazó desde Sucre (la oligarquía de la plata) a La Paz (del estaño y del comercio) porque el económico se había trasladado hacía años, tras la Guerra del Pacífico. Hoy, el Poder económico fue desplazado de La Paz a Santa Cruz; la participación de ambos departamentos en el PIB entre 2006-2018 fluctuó entre el 24% y casi el 28% (La Paz) y el 29% (Santa Cruz), con una diferencia fundamental: la alícuota paceña fue por contribución del desborde del estatismo masista (El Alto, como polo industrial y manufacturero colapsó tras el fin de la ATPDEA) y la cruceña por actividad productiva creadora de riqueza, mientras que en demografía La Paz decreció en el período del 27,6% al 24,4% (-3,2%) del país y Santa Cruz creció del 25,5% al 29,9% (4,4%).

La defensa de Revilla y entorno es muy plausible: suponen de la pérdida del Poder político colapsará los ingresos. Pero federalismo es retirar arbitrariedades del

Termino citando la homilía del Obispo Emérito de Santa Cruz, Mons. Braulio Sáez: «[el cabildo] ha hecho un acto de fe, sí, fe en la defensa de la vida, fe para salvar los valores de la democracia, fe que nos impulsa a la reafirmación de los valores humanos […] la solidaridad, la hospitalidad, la alegría y sobre todo la paz y la justicia».


Información consultada

https://www.reduno.com.bo/nota/cabildo-aprueba-trabajar-por-el-federalismo-y-control-de-tierras-201910416410

martes, 24 de septiembre de 2019

Dolorosas vergüenzas - éxodo y corrupción



El viernes pasado me crucé en una intersección del Cuarto Anillo, en Santa Cruz, con cuatro flacos jóvenes con un cartel que decía “Ayúdenos, somos venezolanos huyendo a Uruguay”. Después, frente casi a Cine Center, me aparecieron un hombre joven con dos niños de menos de cinco años y un cartel “Somos venezolanos, ayúdenos a seguir”; sentada en un banco, dando leche a un bebé, estaba su compañera. Más tarde, por la Manzana Cero, estaban entre los vehículos una humilde pareja joven con un chico en brazo y el mismo reclamo: “Somos venezolanos, ayúdenos”. Carteles y personas repetidos cada vez más en nuestras calles: algunos que quieren venderte algo, otros que hacen malabarismos y, muchos, que piden una ayuda (uno, cerca del IC Norte, pedía comida para su perrito viajero que sacaba su cabeza de la mochila, compañero de viaje que no dejaron atrás).

Quizás mi memoria de los carteles sea incompleta (seguro decían algo más) pero lo que sí era (y es) total es la vergüenza e indignación que sentí. Más de cuatro millones trescientos mil emigrados venezolanos contabilizaba la ONU a fines de agosto de la que es, numéricamente, la segunda mayor crisis migratoria mundial después de Siria (aunque la ACNUR no la considera entre las cinco peores del planeta porque no es una guerra ni hay persecución “oficialmente declarada”). Un pobre y fútil consuelo nacional es que no aparecemos en las listas de los 17 países en el mundo con más venezolanos refugiados ni en la de los 14 países latinoamericanos con más emigrantes venezolanos residenciados: sólo somos un país de tránsito…

¿Nos complaceremos con eso? ¿Acaso podemos ser indiferentes a la grave crisis? Con cerca de 33 millones de habitantes, la ONU calcula que en 2020 Venezuela tendrá ocho millones de migrantes y refugiados: más del 24% de la población. Lo que es la peor pesadilla migratoria en Latinoamérica desde las independencias (la diáspora cubana llegó alrededor de tres millones en un período muchísimo más largo y los desplazamientos por las dictaduras del Plan Cóndor en los setenta no se acercaron a esas cifras) sucede por cinco factores fundamentales: la represión a la disidencia; la escasez de alimentos y medicinas (que el gobierno madurista achaca a “factores ajenos” y que utiliza para cambiar escasas provisiones por fidelidad); la corrupción; la destrucción del aparato productivo por el régimen (que convierte como única opción la burocracia clientelar), y la caída del poder adquisitivo (la inflación interanual es el 2.295.981% y el FMI pronostica 10.000.000% para fines de año), provocando en 2018 que el 90% de la población estaba bajo el límite de la pobreza porque el salario mensual promedios es de USD 6 y el PIB (según el Banco Central de Venezuela totalmente dependiente del régimen) había caído el 50% desde 2013 aunque el FMI calcula un 60%, al menos.

¿Por qué? Cinco razones: la ideologización de la economía a partir de Hugo Chávez y su ministro Jorge Giordani; el síndrome holandés con sus ingresos; la imposición de fieles sin méritos en puestos claves; el mesianismo sin disensos del líder y, sobre todo, su intento para lograr con petrodólares lo que fue un sueño fracasado de su alter ego Castro el Mayor y una pesadilla para muchos países: “exportar la revolución”. Súmesele el narcotráfico, los cohechos en PDVSA y la Tesorería Nacional, el refino de oro, la importación de medicinas y alimentos, hoy todos negociados de allegados del Poder.

Ver a esos jóvenes venezolanos acá nos recuerda el fracaso absoluto del socialismo 21 y advertencia en tiempo electoral de a dónde llegaremos sin un golpe de timón.

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martes, 10 de septiembre de 2019

Es de a tres


«Nada decidido, no hay ganador.»
[Carlos Valverde, “Así decidimos 2019”, UNITEL 08/09/2019]

Sí, la elección será de a tres, no de dos ni de nueve. Más allá de los anhelos válidos de unos u otros, de las elucubraciones aritméticas —a las que somos tan afectos en fútbol— y de las encuestas divergentes, diferentes e, incluso, de las increíbles —como aquella de una empresa desconocida sin avales locales pero aprobada por el TSE sin cumplir los requisitos que el Órgano impuso, incluida “experiencia”—, se confirma que hay un pelotón de candidaturas que arrastra al 72% de las intenciones definidas de votos: MAS, Comunidad Ciudadana y la Alianza Bolivia Dice NO, repartiéndose el 7% restante entre las otras seis candidaturas: UCS y MTS (2% cada una), MNR, PAN-BOL y PDC (1%) y FpV (menos aún), lo que los convertiría en potenciales perdedores de personería al no rebasar el umbral del 3%.

Aunque la encuesta de CIES Mori difundida el domingo en UNITEL deja espacios vacíos (no aclara en cuántas localidades se aplicó) y tiene incongruencias numéricas (como que la suma total da ¡102,2%! y que Valverde, y también Ricardo Paz, demostró que el porcentaje de intenciones de votos obtenido por el MAS en poblaciones terciarias no aporta la diferencia necesaria para que, sumado a las de las ciudades principales y secundarias, el oficialismo tenga una ventaja del 11% sobre su siguiente), permite algunas observaciones necesarias. La primera es obvia: las intenciones para Morales y Mesa se redujeron en un punto porcentual respecto a la anterior similar del 22 de julio y Ortiz creció dos, aunque todos dentro del margen de error (2,07%). 

Una segunda observación es que entre seis partidos (UCS, MTS, MNR, PAN-BOL, PDC y FpV) suman ahora 7,2%, muy semejante del 7,6% de julio, lo que confirma sus resultados como marginales. La tercera —quizás la más importante porque es de donde se nutrirán los crecimientos de adhesiones— es sobre los que no se manifestaron, con resultados globales casi similares: 20,4% ahora, 20,8% en julio; descartando el porcentaje de los que mantuvieron su voto en secreto (1% ahora, 2% en julio) que, obviamente no van a ser oficialistas, hay más del 19% de intenciones para crecer. No coincido con Valverde que sería por prorrateo la redistribución de esos aún no confirmados beneficiando a todas las candidaturas, menos con la senadora Salvatierra de que favorecerían mayoritariamente al MAS dándole el añorado 40% de los votos válidos con el 10% de diferencia, por la misma razón del voto secreto, pues en ese supuesto hipotético ya hubieran decidido mayoritariamente por el MAS.

Leyendo históricamente, el MAS ahora ha caído 27 puntos porcentuales en intenciones desde el poco más del 63% en 2014: hoy pierde casi la mitad (43%) de lo obtenido ese año. Una consecuencia es que en ninguno de los departamentos que la encuesta le atribuye el primer lugar alcanzaría con seguridad los dos senadores: Oruro (39%), Potosí (34%), Cochabamba (48%, quizás el único que le dé dos senadores, aunque voto opositor en la capital valluna pareciera significativamente mayor que el rural proMAS), Beni (25%, un primer lugar dudoso), Pando (41%) y La Paz (43%). Según esto, al menos en número de senadores y diputados plurinominales, el MAS perdería la holgada mayoría actual, aunque amerita aplicar d’Hondt.

En resumen, el MAS presuntamente ganaría en cinco departamentos (Oruro, Potosí, Pando, Cochabamba y La Paz) y disputaría dos (Beni y Santa Cruz) con la Alianza Bolivia Dice NO mientras Comunidad Ciudadana ganaría dos (Chuquisaca y Tarija).  

Es hora de alianzas; la de retiros para uniones acabó el 28 de noviembre de 2018.