Antes
que anochezca
fue una película de inicios de milenio donde el actor español Javier Bardem
representó la trágica vida del escritor, dramaturgo y poeta cubano Reinaldo Arenas,
disidente perseguido del régimen de los Castro.
Pero no voy a
hablar de Cuba ni de su “Revolución” ni de la disidencia del Movimiento San
Isidro ni de las acusaciones judiciales en EE.UU. contra Castro el Menor
(“menor” a pesar de sus 95 años); no es de esa Noche de la que me siento hoy a
escribir. Escribo de la que se nos avecina con pasos agigantados y pagados por
delinquir.
El 8 de
noviembre del pasado 2025, Rodrigo Paz Pereira fue investido Presidente de
Bolivia, ganador en segunda vuelta de elecciones democráticas, las primeras luego
del ciclo hegemónico que se iniciara en 2005 cuando Evo Morales Ayma ganara con
el Movimiento al Socialismo, la sigla comprada a una facción de la Falange
Socialista Boliviana para poder competir.
En los resultados de la primera vuelta electoral el 17 de
agosto de ese año, el panorama de adhesiones políticas de la ciudadanía estaba
claro: una Opción Democrática (con cinco organizaciones y alianzas: PDC, LIBRE,
UNIDAD, APB SÚMATE y LyD ADN) obtuvo en conjunto el 88,94 % de los sufragios en
esa primera vuelta, mientras otra —la del masismo y sus oportunistas: Alianza
Popular (androquinistas descartados por Morales), el MAS (sin Evo) y una muy
débil Fuerza del Pueblo— perdían con el 13,35 %; lejanos los tiempos del ciclo
MAS ganando Evo con casi el 54 % en 2005, más del 64 % en 2009 y más del 61 %
en 2014 y después con Arce en 2020 con casi el 59 %. La implosión del masismo y
su modelo político: el socialismo 21 populista e indianista, era manifiesto.
A la segunda vuelta de octubre pasaron Paz Pereira con el
PDC (en realidad un taxipartido que desde 1993 no había presentado candidatos propios,
pero siempre había competido) con el 22,90 % de votos y Quiroga Ramírez con
LIBRE con el 18,34 %, afirmando una opción de presunto
centro-centroderecha-centroizquierda con Paz Pereira y otra de
centroderecha-derecha con Quiroga Ramírez; el 19 ganó Paz Pereira con el 54,96
% de los votos (un crecimiento del más del 32 %), ya con la pugna —inédita— de
su candidato a vicepresidente por atribuirse el protagonismo de la victoria.
(Ese crecimiento del 32 %, que en su momento no se podría atribuir en propiedad
ni a Paz Pereira —intrascendente como senador en la anterior legislatura y con
memoria no exitosa como alcalde antes— ni a la memoria de su padre y del
desaparecido MIR y menos aún a la de su tío abuelo Paz Estenssoro, con
probabilidad fueron más votos urbanos —clasemedieros sobre todo— que votaban,
sin militancia pero por beneficio, por el MAS en los años del boom del
gas y el espejismo de la abundancia de recursos).
Volviendo al 8 de noviembre pasado, el nuevo arco
democrático se estrenaba con el 100 % del Senado (36) y el 92 % (119) de
Diputados pero, lo que conjunto parecía la seguridad de una fuerza
parlamentaria arrolladora, en realidad no lo era: Ninguna de las tres
principales bancadas (PDC, LIBRE y UNIDAD, menos aun SÚMATE) contaba con
legisladores para lograr una mayoría simple —ni decir absoluta—, lo que
obligaba, per se, a alianzas o pactos entre ellos para lograrlo (y a lo
que se sumaba que la bancada PDC estaba dividida tácitamente entre los de Paz,
los laristas y… otros). Lo que dio en discursos pero, hasta ahora al menos, no
en la efectividad.
Para arrancar, la nueva Administración armó su gabinete
con varios préstamos: familiares del Presidente; antiguos miristas o sus
descendientes; un buen número aportado por UNIDAD (“socio” tácito pero no
autoasumido); otros del sectores agropecuario del Oriente y, aun, algunos de la
Sociedad Civil. Esta “asociación” demostró problemas para coordinar (algunos
muy públicos como las diferentes posiciones públicas) pero, sobre todo, para
efectivizar las propuestas (casi dos meses para la urgente eliminación parcial
de subsidios a los hidrocarburos) y para solucionar crisis (“estrenadas” con la
gasolina sucia). Esta carencia de decisiones preventivas de las crisis
empezó tan pronto como enero siguiente a la asunción, dos escasos meses, con la
abrogación del D.S. 5503 por presiones de sectores sociales (COB entre ellos),
al que seguirían muchos (incluida la Ley 720) hasta hoy.
Puede hacerse larga la lista de falencias e inseguridades
del Gobierno Paz pero lo que queda si dudas alguna es que la opción, hoy al
menos, que pudiera desarrollarse tras el pedido de su renuncia es la de caos,
empujada por los sectores desplazados del Poder (Evo dixit) y los
pescadores en río revuelto, como el envanecido vicepresidente, todo ell,o en un
panorama donde el principal actor, silencioso, es el narcopoder, afectado
claramente con las medidas tomadas y enfrentados con la población que, muy
mayoritariamente, votó por el cambio de régimen y de época.
La opción —hoy única— para la ciudadanía que cree en la
democracia es defender al gobierno constitucionalmente elegido en las urnas y
—también única— para las organizaciones políticas democráticas es blindar a ese
gobierno y participar en el aseguramiento de la gobernabilidad.
Hoy, antes que anochezca.
Información consultada
https://brujuladigital.net/opinion/cerimedo.
https://cvc.cervantes.es/lengua/refranero/ficha.aspx?Par=59422&Lng=0.
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlo_Maria_Cipolla.
https://lapatria.bo/enfoque-nacional/cumbre-en-cochabamba-paz-apunta-a-20-anos-de-logica-equivocada/.
https://larazon.bo/nacional/2026/05/07/ley-1720-la-disputa-por-la-tierra-que-polariza-al-pais/.
https://opusdei.org/es-bo/article/la-confesion-una-guia-breve/.
https://www.es.catholic.net/op/vercapitulo/3704/proverbios-10.html.
https://www.facebook.com/reel/1019260623767252.
https://www.inep.org/images/2024/TXT/Cipolla-Estupidez.pdf.
https://www.lacapital.com.ar/edicion-impresa/conmigo-o-sinmigo-n716632.html.
