En
noviembre lo elegimos, después que en agosto nos dio la sorpresa de haber
pasado sobre los dos —hasta entonces— punteros. Y en su toma de posesión nos
abrió un panorama del que todos esperábamos después del dicenio malgastado.
Tuvo su
bancada de primera mayoría, pero no suficiente para gobernar sin concertar ni
llegar a acuerdos. El gabinete, de estreno, juntos sus conocidos con otros de
un (supuesto) aliado que no se alió. El primer nubarrón se vio desde agosto
antes: el ego de un ególatra desubicado y contestatario cual “seguro sucesor”
(que se fue apagando en el silencio desde su gobierno); pero, en verdad, eso fue
más tormenta que crisis.
La
primera crisis fue tras la demorada paliación (no eliminación completa, de lo
que se entendió los porqués) de los subsidios a los hidrocarburos, y más que
por la medida —con la (primera) descoordinación en la comunicación del
Gobierno— fue por el rápido (primer) recule de medidas ya tomadas ante demandas
de sectores de la sociedad. A esos primeros dislates siguieron otros:
autoridades que desmentían (consciente o festinadamente) a otras autoridades,
con muestras de fallas de coordinación cuando más se necesitaban; otros recules
más en medidas de fondo (decretos que no pasaban para ser leyes) tras
conversar —medidas de fuerza por medio— con sectores (cuando lo lógico y de
buena política hubiera sido consensuar lo más posible antes de decretar y hacer
papelones); decretos que pudieron ser leyes, fallos éstos que podrían
entenderse por inseguridad con la Asamblea y su distribución: tres bancadas
principales (la gubernamental dividida entre oficialistas, contestarios
y ambivalentes sin ubicación) y otras tres minoritarias; mantención multinivel
de gran parte del aparato gubernamental anterior (con el pretexto que oí ya en 2019-2020
de “¿y acaso con quiénes se sustituirían?”) y hasta algunos nuevos
nombramientos con tufo de los viejos tiempos; y, permanentemente, el reclamo de
la Sociedad Civil de avanzar más. Es verdad que esperar lo que pasaría después
de las subnacionales ¿podría? justificar dejar en stand by medidas de
fondo, sumados los éxitos en rehacer la nueva internacionalización del país,
una renovada actitud en sectores de la Justicia (aún de profundidad muy primaria)
y, además, los golpes al narcotráfico (verdaderamente mejores que en los 20
años anteriores) ayudaban a paliar esas críticas. Pero, también, demorando la
construcción urgida de un nuevo sistema de representación política —partidos,
esa mala palabra para el masismo que los fundió—, las nuevas leyes de
hidrocarburos y de inversiones, un nuevo sistema económico, el resurgimiento de
la meritocracia, la reforma fiscal… y por ahí va la rima.
Y ya fueron
las subnacionales; entre tanto, cayó Marset (que nunca desde antes había
perdido la protección local) y varios escandaletes sonaron con pérdidas —u
“olvidos”— en sus propiedades y sus bóvedas fuertes; 34 maletas (no se sabe con
qué ni para qué) entraron a Bolivia en viaje privado (avisadas desde Brasil
para oídos sordos de responsables) y se “las fumaron”; un proyecto presupuestal
que no convence y con tan amplio déficit que, sin visión ni perspectiva
política, pareciera diseñado por la desesperación de un Arce; la falta de
hidrocarburos —gasolina pero, sobre todo, diésel— y, sobre todos estos, más pecatta
non tam minuta: el peloteo de responsabilidades (“allí fumé”) con
los combustibles contaminados-adulterados-corrompidos-mezclados-“terrorizados”
(siga usted la rima de epítetos que haya oído o leído sobre ellos) —sobre todo
diésel, de nuevo— que, más que despelote de gestión, es el entierro tan
advertido de YPFB; en realidad: el final de la Era de los Monopolios Estatales
y de los Grandes Elefantes Blancos. Requiescat in pace… si potest (si
aún puede).
Tras las
elecciones, la agrupación (no partido aún) oficialista (con el sonsonete del
Presidente) sólo ganó gobernaciones —con aliados— en dos de los nueve
departamentos: Beni y La Paz, y de las alcaldías de las principales ciudades
sólo ganó en Trinidad. (De dobletes gobernador/alcalde, PATRIA lo tuvo en Beni
y LIBRE en Pando). Es la puesta en realidad de la necesidad de gobernar ya, no
de esperar para gobernar.
Bolivia
está rozando el mismo camino de fracaso de la Transición. No es hora de desgastantes
resquemores ni de inútiles expectativas: Paz ganó porque la ciudadanía quería
romper el ciclo que venía desde el 2002 (incluso desde 1997) y con eso hay que
construir una Nueva Bolivia. Estos días, para más entender con vergüenza, el
Proyecto Bolivia360 del Harvard Growth Lab y Claure nos ha abofeteado con su
estudio “Giro económico para Bolivia” y su director Ricardo Hausmann, en un
aserto magistral, nos advirtió sobre lo importante: que la urgente pregunta que
debemos hacernos no es «¿cuál es el déficit?, sino ¿cuál es su fuente de
financiamiento?» para después sentenciar, como colofón del Estudio, que: «Bolivia
está mucho peor de lo que han estado los países que pidieron ayuda al FMI».
Regresando
a la apremiante necesidad de salvar Bolivia —lo que no es salvar un Gobierno o
un nombre—, retomo la idea que planteé hace meses y que muchos analistas
también han dicho: es perentoria la unidad —acuerdo de urgencias antes de peores
angustias—, la conciliación entre las cuatro fuerzas principales de la Asamblea
(PDC, LIBRE, UNIDAD e incluyo APB coincidiendo con Valverde), no una repartija
de espacios (como tantas veces han frustrado al país) sino un Proyecto para
Salvar la Bolivia de hoy y Crear la Nueva Bolivia.
La que
Todos esperamos.
Información consultada
https://computo2026-1v.oep.org.bo/.
https://eldeber.com.bo/opinion/bolivia-nacio-jodida_1776906576.
https://eldeber.com.bo/opinion/exitoso-estreno-rodrigo-paz-politica-exterior_1777081457.
https://growthlab.hks.harvard.edu/project/un-giro-economico-para-bolivia.
https://sirepre.oep.org.bo/national.
https://www.oep.org.bo/elecciones-subnacionales-2026/elecciones-subnacionales-2026-2v/.
