lunes, 2 de abril de 2012

Pasión de Jesús, ¿y de nosotros?

“Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo.” Evangelio según San Mateo, 15: 37-38.

Benedicto XVI, Pontifix Maximus de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, concluyó esta semana su segunda visita pastoral a Latinoamérica en la proximidad del inicio de la Semana Santa.

El Continente de la Esperanza para Juan Pablo II, su antecesor, esperaba hace tiempo esta visita del líder de los católicos, un Papa poco viajero –marcando una de sus diferencias con el papa Wojtyła. Después de esta larga espera, el papa Ratzinger visitó México y Cuba. En ambos países, centró su visita en la demanda de mayor libertad religiosa: En México, reclamó una apertura en su ejercicio –regulado y restringido después de la Guerra Cristera contra la Revolución Mexicana (1926-1929)–, aprovechando el Gobierno de un partido declaradamente creyente. En su segunda etapa, Cuba, también pidió aumentar la presencia de la Iglesia Católica en la vida del país –ateo constitucionalmente hasta 1991 y hoy laico–, incluyendo la educación y los feriados religiosos (tras su partida, se decretó el feriado del Viernes Santo).
Pero la situación es bien distinta en ambos países. México tiene la segunda mayor población católica de Latinoamérica y en Cuba la población es, con mucho consecuencia de los años de restricción religiosa, poco practicante o, con más justeza, sincrética en sus creencias. Y aun otras dos diferencias: Para Cuba, la Iglesia Católica es la Institución más importante fuera del Poder gubernamental y su única interlocutora válida, mientras que en México es un actor importante pero muy lejos de la preeminencia que tiene hoy en Cuba –gracias con mucho a Juan Pablo II–; para sus Gobiernos, al del PAN de México esta visita le puede ayudar en tomar decisiones sobre libertad religiosa –no comparto que le ayude en las elecciones, quizás marginalmente–, mientras que para el de Castro era una bocanada de aire fresco en un momento de aislamiento y tensión.

Enmarcada la etapa cubana en el 400 aniversario de la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, el periplo se enmarcó en la estricta equidistancia entre Gobierno y oposición –con mensajes pastorales y no políticos– y sus resultados ya salen a la luz con la declaración de feriado –por ahora “excepcional”– del Viernes Santo, uno de los pedidos de Benedicto XVI más fáciles de satisfacer. Aunque no dejó contenta a la oposición cubana y de significación distinta a la de 1998 de Juan Pablo II, con un mensaje inclusivo de conciliación ésta refuerza sin dudas la posición de la Iglesia cubana cuyo camino abrió su antecesor.

Conciliación muy lejos de lo que se proclama en estas nuestras tierras: Confrontación, división, negación y denigración del contrario –y aun del propio. Este momento de la celebración de la Pascua de Resurrección sería el ideal para la reflexión profunda, el desarme de las tensiones y el inicio de una conciliación verdadera.

Pero esto quedará en el propósito porque hemos vivido muchas Pasiones con muchos Iscariotes y ningún Jesús.


Referencias:

domingo, 1 de abril de 2012

El Clavo en la Cruz

Cuando el lunes pasado llegó a tierra cubana el Papa Benedicto XVI, junto con él en toda su visita lo acompañó –y lo opacó muchas veces– Juan Pablo II.
Y lo hizo porque aún hoy el carismático Papa Wojtyla es un referente político para Cuba –como para muchos países– frente al actual Papa, con mucho menos carisma. Y esto –que no desmerece al actual Pontífice sino lo ubica en su diferencia– se manifestó en los objetivos de la visita de Benedicto XVI a Cuba: consolidar el poder temporal y espiritual de la Iglesia en Cuba a través de fomentar la apertura religiosa, incluida la educación.
Los mensajes también fueron distintos en forma: En el trayecto aéreo hacia México, el Papa Ratzinger criticó frontalmente el comunismo –lo cual fue respondido por el canciller cubano, diplomáticamente y como señal de lo que se diría durante la estadía, de que “respetamos todas las opiniones”– mientras que, ya en Cuba, pidió respetar al individuo frente a los dogmas y –sin mencionar a EE.UU.– criticó el embargo económico. Quizás el mensaje más fuerte fue el que resonó en la Plaza habanera de la Revolución frente a alrededor de 300.000 asistentes a la misa masiva cuando, por coincidencia del calendario litúrgico, en la lectura del Evangelio se repitieran las palabras que Jesús dijera hace más de 2.000 años y que el Apóstol Juan rescató: "La verdad los hará libres."
Los encuentros del Papa con el Presidente Castro –Raúl, poco carismático y pragmático como su visitante– y con su hermano Fidel –quien, curiosamente, llevó su familia– fueron cordiales y con la misma politesse de todas las declaraciones papales y de las gubernamentales cubanas en estos días.
Si para la oposición dentro de Cuba la visita papal tuvo algún resultado fue el de convencerla que la Iglesia está trabajando por la conciliación y sin inclinación, reafirmada como el único interlocutor ante el Gobierno. La negativa papal de recibir a los disidentes y la solicitud del Arzobispado habanero para que la policía desalojara (días previos a la llegada) a huelguistas alojados en un templo, clarificaron esta posición.
Coincidiendo con el 400 aniversario de la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba –país constitucionalmente ateo hasta 1991 y hoy laico–, la visita fue muy importante para la Iglesia cubana –reafirmando su creciente poder– y, también, para el Gobierno, dándole espacios de apertura internacional.
Juan Pablo II fue un Pontífice que se encargó de guiar al mundo; tras él, Benedicto XVI se ha encargado de ordenar la casa: la Iglesia. Eso mismo fue lo que sucedió en las dos visitas papales, a 14 años de distancia.

Referencias:

miércoles, 28 de marzo de 2012

Del Cielo y la Tierra

Cuando Juan Pablo II fue a Cuba en 1998, su visita tenía 2 propósitos manifiestos: uno terrenal: posicionar a la Iglesia Católica de Cuba como factor a considerar (recuperando el estatus que le habían arrebatado), y otro espiritual: recuperar su participación en la religiosidad del pueblo cubano, muy reducida (al menos aparentemente). Ambos objetivos se cumplieron con creces: La fuerza moral de Juan Pablo como factor fundamental en la caída del comunismo y su carisma fundamental de movilización mundial por la paz lo convertían en interlocutor ideal de Fidel Castro –liderazgos disímiles pero paralelos–; a la vez, movilizó a sectores cubanos distanciados (por muchas razones) de la religión y motivó masivamente a una juventud desorientada tras el fracaso de los paradigmas ideológicos y económicos del socialismo soviético. 
Ahora, 14 años después y en otro contexto, Benedicto XVI vuelve a Cuba, significativamente el tercer país latinoamericano que visita en todo su pontificado. La Iglesia cubana es, hoy, el árbitro principal Gobierno-oposición (aproximándose más a arbitrar Partido Comunista-pueblo), con una significación referencial muy fuerte interna; también hay otro Castro en el poder visible, sin el carisma de Fidel (como tampoco lo tiene Benedicto).
Su visita será beneficiosa al Gobierno, porque es una visita conciliadora, y servirá a la Iglesia para reforzar su posición. Es hoy aún muy pronto para evaluar la significación trascendente.

Referencias:

domingo, 25 de marzo de 2012

Habemus Papa en México

La tan demorada visita del líder de la Iglesia Católica Benedicto XVI a México empezó anteayer viernes y concluirá el lunes cuando parta a su segunda y última escala: Cuba.
Este viaje es significativo por varias razones importantes: Primero, porque es sólo la segunda vez que visita Latinoamérica, el continente con más fieles católicos (“el Continente de la Esperanza”); segundo, porque México (a diferencia de su antecesor Juan Pablo II) ha estado olvidada en su agenda; tercero, porque ejemplifica su muy deteriorado estado de salud (no viaja a Ciudad de México para evadir la altura: 2.260 metros sobre el nivel del mar en el Centro Histórico, y sólo visita 2 ciudades: León y Guanajuato, del mismo Estado, y con largos descansos intermedios); cuarto, por el gran debate nacional sobre su visita.
México, menos que Brasil, pierde fieles católicos que migran hacia denominaciones evangélicas y el ateísmo. Por eso, su visita es muy importante para la Iglesia local.
La polémica sobre la visita tiene varios componentes, a veces más emocionales que fundamentados: Uno, las denuncias de pederastia contra sacerdotes católicos (el más conocido: Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo ya fallecido, del que el entonces cardenal Ratzinger fue el gestor de su destitución), y la acusación de poca reacción eclesial en estos casos. La otra, de que la visita beneficia electoralmente al PAN, partido católico en el poder (México es constitucionalmente laico libre); de esta versión, los demás candidatos se han desentendido y los más importantes analistas la han excluido.
¿Lo más positivo del viaje?: Su crítica al narcotráfico, denunciando a los que, diciéndose creyentes y fieles, ejercen la violencia.


Referencias:

martes, 20 de marzo de 2012

La felicidad del burro

“No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación.” Confucio (551 a.C.-478 a.C.), filósofo chino.

Nunca es más feliz el burro que cuando el elefante pierde su rumbo y corre con varios sobre su lomo. 
Porque el burro —símbolo del Partido Demócrata estadounidense— tiene que estar muy feliz de la incertidumbre actual del elefante —el de los Republicanos.
Y no es para menos. Después de las elecciones de 2010, cuando el Tea Party Movement el más conservador dentro del Partido Republicano, con  su simple mensaje de recuperar la República y sin líder definido —Sarah Palin fue totalmente fugaz—, le propinó una fuerte derrota electoral a los Demócratas, estas primarias republicanas le están devolviendo la esperanza al partido del asno de mantener la Presidencia.
Cuando en 2011 los republicanos empezaron con sus precandidaturas, parecía que el fuerte impulso conservador y el aún bajo desempeño de la economía norteamericana iban a sacar  a los Demócratas del poder.
Luego de la salida de la contienda de Herman Cain —conservador afronorteamericano con las mayores posibilidades que fue acusado de acoso sexual—, Tim Pawlenty, Gary Johnson—éstos antes de las primarias—, Michele Bachmann, Jon Huntsman y Rick Perry—los tres por sus paupérrimos resultados—, quedaron Mitt Romney —exgobernador exitoso, mormón y considerado liberal entre los Republicanos—, Rick Santorum —exsenador, católico fundamentalista, el más conservador de los 4—, Newt Gingrich —presidió a los Representantes cuando Reagan y el neoconservadurismo— y Ron Paul —actual representante y firme libertario.
En enero de este año, Romney parecía el candidato seguro, ganando las primeras elecciones y asambleas  republicanas: Iowa —compartido con Santorum—, Nuevo Hampshire, Florida y Nevada y sólo perdió Carolina del Sur con Gingrich. Pero sus mayores recursos y mejor organización de campaña no le sirvieron cuando las primarias entraron en los estados conservadores y agrícolas del Centro y Sur, bastiones del fundamentalismo evangélico y del Tea Party; Santorum empezó a ganar (seguidos Colorado, Misuri y Minnesota) y Romney a girar su discurso a la derecha, aunque sin conquistar las adhesiones conservadoras.
Hasta el viernes 16 pasado, 30 estados y territorios habían celebrado sus elecciones internas —caucus y primarias— y Mitt Romney había ganado 17 —este domingo con seguridad ganó Puerto Rico más— con 496 delegados a la Convención, mientras Rick Santorum venció en 11 y tiene 234 votos —faltarían los de los caucus de Misuri del sábado.
En la Convención Nacional Republicana en agosto, es casi seguro que ninguno tendrá los 1.144 votos necesarios y habrán intensas negociaciones —donde los delegados de Gingrich pesarán, a cambio de la postulación vicepresidencial—, con todas las heridas y concesiones que se necesiten hacer y dividiendo al Partido. 
Y eso hará más feliz al pollino demócrata, porque ese candidato será más débil contrincante en una economía que mejora.
Nota: Si algún  lector pensó que el título se refería a alguna “celebridad” reciente, lamento haberlo decepcionado.

Referencias:
Las mismas del artículo de E-lecciones.net.

lunes, 19 de marzo de 2012

Carnival Republican

“De santos amargados, líbranos, Señor.” [Santa Teresa de Jesús]

¿Qué está pasando en el Grand Old Party?
Es como si un enorme elefante hubiera perdido su rumbo y entrara en una cristalería ante el desconcierto de los presentes y corriera con varios mahaouts —sus guías o montadores— sobre el gran animal. 
Porque eso es lo que está pasando al Partido Republicano de los EE.UU. en su camino hacia su Convención: El elefante es el GOP, la cristalería sus partidarios y los mahaouts Romney y Santorum con Gingrich casi en la cola del animal —y aún aferrado a ella, Paul.
Un deambular a bandazos de caucus: Rick Santorum captando el descontento del votante republicano más conservador pero asustando al liberal; Mitt Romney, el liberal, aferrado a su escasa ventaja —insuficiente para la postulación, hasta ahora— y ya sin un rumbo político fijo, más allá del que le dictan las consignas de Santorum y el espejismo de los votos que éste obtiene; Newt Gingrich, conservador con la aureola de la Era Reagan aún, restándoles votos a Santorum, ahora más para ser factor de negociación que posible candidato, y Ron Paul recordando a todos que siempre ha existido una tercera vía: los libertario —inviable para ganar pero presente en el pensamiento norteamericano.
Y al margen de estos candidatos pero definiendo la campaña de Santorum —y la de Gingrich— y obligando a la de Romney a bandearse: El Tea Party Movement, el nuevo factótum del Partido Republicano, con  su simple mensaje de volver a los orígenes de la República y —como entonces— sin un líder único, cuya estrategia electoral ha sido la misma de Obama en 2008 —aunque les horrorice admitirlo—: captar a todos los inconformes apartados de la política —y hastiados de los partidos— y hacerlos votar para cambiar al país en medio de una crisis. La diferencia con los demócratas es sólo de orientación y de situación: Obama y los demócratas les dieron un mensaje de centro en el peor momento de la crisis económica y el Tea Party se los da de derecha cuando la recuperación no llega aún al país profundo con el éxito ansiado.
El largo camino hacia la confrontación
Para llegar con opciones a la semana del 27 de agosto de 2012 y salir postulado en la Convención Nacional Republicana en Tampa, Florida, aún les falta a Romney y a Santorum —y a Gingrich como su zapador, a la espera de que alguno de los 2 lo elija como su vicepresidente— un largo trecho por recorrer en gran parte del país para ganar adherentes y sus delegados.
Desde el 3 de enero de este año y hasta este domingo 18 de marzo, 32[1] estados y territorios habían celebrado sus caucus y primarias y el victorioso inicio de Romney se ha ido ralentizando. Romney ha ganado 18[2] y obtenido 519[3] delegados, mientras Santorum ha sido vencedor en 10[4] y tiene 234 votos —faltan los de Misuri. Por su parte, Gingrich ganó Carolina del Sur y Georgia —que representó en el Congreso— y está con 141 delegados y Paul las Islas Vírgenes y sus votos para la Convención son 65.[5] Pero aún faltan 24 elecciones, que aportarán 1.348 delegados, más que los actualmente obtenidos.
El camino hasta estas primarias ha sido bastante reñido y con abundantes “sacrificados”: Iniciado con preferencias por el candidato afroamericano Herman Cain —que abandonó la contienda con acusaciones, negadas, de acoso sexual y de adulterio—, el primero en salir de contienda fue Tim Pawlenty y luego Gary Johnson, todos en 2011. Ya en plenas primarias, se retiraron por sus malos resultados Michele Bachmann, Jon Huntsman y Rick Perry.
Un análisis territorial de las victorias de los principales precandidatos aún en contienda permite comprender mejor los réditos electorales: Romney ha ganado los estados más desarrollados del Este y del Oeste junto con Florida y Alaska, mientras Santorum —y, en menor escala, Gingrich— ha dominado en el Centro y Sur del país, no casualmente los estados agrícolas y los que menos han recibido los beneficios de la relativa recuperación de la economía estadounidense.
Y ésa es la verdadera apuesta: Willard Mitt Romney, el acaudalado empresario mormón moderado que gobernó exitosamente Massachusetts, no logra vencer la desconfianza política —ni económica— de los votantes de los estados más afectados por la crisis ni la religiosa de evangélicos fundamentalistas —casualmente relevantes en esos mismos estados— mientras Richard John Santorum, católico conservador[6] y exsenador por Pensilvania, se ha hecho abanderado de las posiciones más conservadoras[7] y eso lo ha hecho muy atractivo para los seguidores del Tea Party, de quienes Romney —a pesar de sus últimos y destacados intentos— no ha podido obtener apoyo.
Lo que faltará después
Cuando Romney y Santorum lleguen el 27 de agosto al Tampa Bay Times Forum por la postulación republicana, con gran posibilidad ninguno habrá obtenido los 1.144 votos necesarios y tendrán que ir a intensas negociaciones, donde los delegados de Gingrich tendrán un gran peso —a cambio de la postulación vicepresidencial. Con ello, se cumpliría el peor temor republicano, como advertía en CNN Juan Hernández, estratega hispano del GOP: Llegar a la Convención sin un candidato definido como ganador y tener que decidirlo allí mismo, con todas las heridas y concesiones que se necesiten hacer, repitiendo la brokered convention de 1976 entre Reagan y Gerald Ford. 
Para felicidad, algarazas y regocijo de Obama y los demócratas, porque un candidato sin consenso verdadero es un débil contrincante, porque divide su partido.
Si no lo cree, pregúntenselo a Madrazo y el PRI en México el 2006.


Referencias:


[1]     Misuri 2 veces.
[3]     A los 496 que tenía, le he sumado los 23 de Puerto Rico porque sus reglamentos partidarios locales hacen que un candidato con más de 50% de votos, se lleva todos los delegados, y Romney arrasó con cerca de 80% de los votos, una victoria que le ayuda antes del Illinois.
[4]        Iowa, Colorado, Minnesota, Misuri —aunque la primaria de febrero no era vinculante, como sí lo son los caucus del sábado pasado, que nuevamente ganó pero cuyos resultados recién se conocerán a final de la próxima semana—, Dakota del Norte, Oklahoma, Tennessee, Kansas, Alabama, Misisipi. Si nos atuviéramos a la cantidad de elecciones —y no de territorios— ganadas, Santorum tiene 11, porque en 2 ocasiones ha ganado Misuri.
[5]     El precandidato Jon Huntsman obtuvo 2 delegados en la primaria de Nuevo Hampshire el 10 de enero, antes de retirarse de la contienda.
[6]     Santorum se ha “ganado” el rechazo de los colectivos homosexuales —cuyas prácticas sexuales ha comparado con el abuso de menores, el incesto y la zoofilia, además de oponerse a los matrimonios del mismo género— y de las feministas —por su oposición al control de la natalidad. También ha manifestado públicamente su adhesión al “diseño inteligente” y propone incluirlo en el currículo de todas las escuelas.
[7]     Enemigo de los impuestos y del Estado regulador en la economía, partidario de la privatización del Seguro Social, entusiasta defensor de la invasión de Irak y constante reclamador de la amenaza del islamismo militante, Santorum se opuso a la reforma integral de la ley de inmigración —con lo que perdió apoyo hispano.