jueves, 24 de agosto de 2017

¡Kristina se impuso con el 73%!


Sí, un triunfo arrollador pero que no le hizo ninguna gracia a la Jefa y ni si quiera lo celebró —los que bien piensan rumoran que «ella pidió que nadie de su séquito lo mencionara». Porque el único lugar que le dio tantos votos fue las cárceles de la Provincia de Buenos Aires, quizás porque los 2.993 votantes recluidos que la eligieron en las PASO la consideraban un ejemplo y esperan tenerla de compañía pronto.

¿Elecciones primarias o plebiscito?

Estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias —las PASO, creadas en 2009 por la entonces presidente Cristina Fernández Wilhelm de Kirchner— fueron posicionadas mediáticamente y por la oposición actual como la medición de cuán descontento estaba el electorado argentino con la política social y económica —en realidad un liberalismo bastante light y poco ortodoxo más allá de lo imprescindible como corrección de la crisis que dejó el final del kirchnerismo— del presidente centroderechista Mauricio Macri Blanco, suponiendo que las medidas antipopulistas del gobierno habían socavado la (aparentemente) frágil musculatura electoral que le dio la victoria el 22 de noviembre de 2015 y que los 602.507 escasos votos que aseguraron el cambio de época eran ya descarte del olvido.

En ese cometido y desde esa evaluación, la multiencausada CFK —en junio pasado, tenía tres procesamientos, incluido un juicio oral (procesada por el delito de "defraudación contra la administración pública"), y dos pedidos de indagatoria pendientes, además de su patrimonio bajo medidas cautelares pero su situación podría complicarse más en la investigación de la denuncia del asesinado fiscal Alberto Nisman Garfunkel de complicidad oficial en el encubrimiento de la trama iraní en el caso AMIA, la más complicada de las 298 denuncias judiciales que tiene (su  círculo cercano cohabitan en 745)— debía aprovechar esa presunta oleada de descontento sumándola a la —también presunta— solidaridad que despertaba la —como quería que fuera vista— “persecución y acoso judiciales” del gobierno macrista contra ella, confiando —hipotéticamente— que una parte importante de ese electorado que votó por Macri Blanco en 2015 regresara solidariamente a ella —obviando que al gobierno le conviene una CFK fuera de la cárcel porque no sería victimizada y en el embate judicial se seguiría desgastando políticamente, lección aprendida tras Milagro Sala Leitón. (En ese análisis cristinista había, además del supuesto anterior, otro presupuesto y una miopía: el primero, que los sectores del electorado argentino que habían sido afectados por su populismo estuvieran arrepentidos de haber sacado al kirchnerismo del poder y, segundo, que la mala memoria social fuera un mal endémico argentino.)

También hicieron su parte las encuestadoras —de cuya memoria querían olvidar sus proyecciones bastante desacertadas en 2015. Sobre todo para las senadurías que iban a renovarse para la provincia de Buenos Aires, las encuestas ayudaron al clima de expectación: con CFK retornando a la vida política y postulándose en esa provincia como abanderada de un nuevo movimiento Unidad Ciudadana —que incluía a su desgastado Frente para la Victoria (FpV)— donde competía, principalmente, con Esteban Bullrich Ocampo por la coalición gubernamental Cambiemos, el excandidato presidencial (peronista reformador y circunstancialmente aliado del gobierno) Sergio Massa Cherti por la coalición 1País y el resto del justicialismo venido a menos encabezado por el también exministro cristinista Florencio Randazzo Campagnon, ahora desvinculado de su anterior Jefa; allí el arco de resultados pronosticados fue desde los empates técnicos en primer lugar de la expresidente con el oficialista y un lejano —una vez más— Massa Cherti —que fue lo que sucedió— hasta victorias arrolladoras de CFK (de 11% sobre Cambiemos para la última de Analogías y 7% para Query) con Massa Cherti de segundo. En fin, con honrosas excepciones de moderadas variaciones —Elypsis, Synopsis, Taquion, Axonier y UAI (junto con la Universidad Abierta Interamericana), sobre todo Opinaia y Opina Argentina, ninguna de ellas de las más tradicionales—: un carnaval de yerros.

¿Comienza la “Edad de Oro” del macrismo?

Glosando a Carlos Pagni en su editorial "Empezó la edad de oro del gobierno de Macri" para La Nación, no me quedan dudas de la consolidación del proyecto de centro-centroderecha de Cambiemos y su proyección a futuro, sobre todo el inmediato de octubre, cuando el 22 de ese mes se elijan los 24 senadores y 127 diputados que ocuparan sus cargos hasta 2023 y 2021, respectivamente, reconformando el poder en ambas Cámaras; de estos cargos renovables, al oficialismo de Cambiemos corresponde renovar 4 senadores (de los 17 actuales) y 39 diputados (de 88) y al kirchnerismo 15 (de 36) y 31 (de 72), respectivamente —y sumadas todas las corrientes del peronismo los renovados serán 20 y 53. Como comprobaremos más adelante, si las PASO expresaron un respaldo a las políticas macristas y considerando que Cambiemos ganó en distritos provinciales que tienen alrededor del 70% del electorado argentino (incluido las privincias mayores aportantes de votos), es posible que sea el bloque oficialista dé un real sorpasso en octubre.

Los resultados electorales —algunos aún provisorios porque no termina el conteo oficial, sobre todo el de la provincia de Buenos Aires del que volveremos a hablar— confirman que la clase media argentina —históricamente junto con las de México y Brasil (y otrora las cubana y venezolana) las más amplias proporcionalmente de su población—, a pesar de que pudo sufrir las medidas de rectificación del desastre económico heredado —y a pesar de las aparatosas manifestaciones opositoras de sectores donde el kirchnerismo estaba enquistado— no acusó mella del desgaste que el kirchnerismo le se suponía respecto al macrismo.

En ese sentido, el oficialismo y sus alianzas obtuvieron importantes resultados (son datos finales para 12 de las 22 provincias: Entre Ríos, Jujuy, Santa Cruz, Neuquén, Catamarca, Tucumán, San Juan, Chaco, Río Negro, Chubut, Santiago del Estero y Misiones; el resto son tomados de los datos provisionales) en la ciudad de Buenos Aires: 49,55% para diputados (más del doble del kirchnerismo que sólo alcanzó 20,73%); mucho más magro en Buenos Aires provincia para senadores: 34,19% de Bullrich Ocampo contra 34,11% de CFK —0,08% de diferencia en votos (6.915) cuya verificación final están alargando la conclusión de la elección— mientras que para diputados la diferencia era mayor: 34,58% para Cambiemos contra 32,37% para la kirchnerista Unidad Ciudadana —de 33.193.686 de electores en el país, ambos distritos de Bs.As. (provincia y ciudad) representan 44,6% de todos ellos—; Córdoba: 44,51% para diputados (los kirchneristas fueron terceros con 9,89) y el Senado no se renovaba para la provincia; Corrientes: 45,41% para diputados (el kirchnerismo sacó 0,66), no había renovación para el Senado; Entre Ríos: 47,69% para diputados (no compitió el kirchnerismo y tampoco se renovaban senadores); Jujuy: 36,36% y 35,82% (el kirchnerismo sacó 2,74% y 2,72%); La Pampa: 49,21%, sólo diputados (no postularon kirchneristas); Mendoza: 41,10% para diputados (el kichnerismo obtuvo 1,96%) y no se renovaban senadores; Neuquén: 24,56% para diputados (el frente kirchnerista quedó en tercer lugar con 17,63%) y no se elegían senadores; San Luis: 57,48% para senadores y 54,82% para diputados (seguido de la alianza kirchnerista con 38,37% y 37,25%, respectivamente; la importancia fue arrebatarle la preeminencia a la familia Rodríguez Saá que dominó la provincia por 32 años); Santa Cruz: en el feudo histórico de los Kirchner, Cambiemos venció con 45,38% para senadores y 45,79% para diputados (los kirchneristas obtuvieron 29,16% y 29,10%). Asimismo, quedó segundo en Catamarca: 36,40% para diputados y no se elegían senadores (fueron ganadas por el justicialismo con 46,70%; los kirchneristas sólo llegaron al 4,02%); Chaco: 37,08% para diputados y no se elegían senadores (quedó tras el justicialismo con 43,93% y el kirchnerismo obtuvo 7,18%); Formosa: 35,60% para senadores y 35,28% para diputados (ganó el justicialismo que venció con 56,47% y 56,57%, respectivamente, mientras el kirchnerismo no alcanzó más que 0,86% y 0,85%); La Rioja: 36,08% para senadores y 32,41% para diputados (en esta provincia ganó con 44,63% y 43,51% la corriente del justicialismo del expresidente Menem, aún pendiente de habilitación por el Tribunal Supremo; el kirchnerismo no compitió); Misiones: 28,58% para senadores y 28,75% para diputados (detrás del justicialismo que logró 41,10% y 40,61%; el kirchnerismo llegó a 11,46% y 11,20%); Río Negro: 19,30% para diputados (segundo tras el kirchnerismo) y no había renovación senatorial; Salta: 24,22% para diputados (no se renovaban senadores; ganó el justicialismo con 37,96% y el kirchnerismo quedó en tercer lugar con 17,38%); San Juan: 30,02% para senadores y 29,76% para diputados, siguiendo al justicialismo con 48,73% y 48,27%; no se presentó el kirchnerismo); Santa Fe: 27,13% para diputados, a 0,74% del kirchnerismo ganador aunque en empate de distritos ganados en la provincia (no había renovación de senadores); Santiago del Estero: 16,13% para diputados (ganó un movimiento local con 66,19%; no compitió el kirchnerismo), no hubo renovación de senadores; Tucumán: 31,05% para diputados (no se renovaban senadores y ganó el justicialismo con 52,16%; el kirchnerismo no se presentó), y Tierra del Fuego: 19,46%, sólo diputados (ganó el kirchnerismo). En Chubut quedó en tercer lugar (25,65%) sólo para diputados.

Sin dudas, la elección que más debió dolerle a CFK y su agrupación fue la victoria macrista en Santa Cruz, la provincia de origen de los Kirchner, gobernada por la hermana del difunto Néstor Kirchner Ostoić y donde la lista del Frente para la Victoria quedó a poco más de la mitad de la ganadora. Por su parte, el kirchnerismo sólo ganó en cuatro provincias: Tierra del Fuego (21,23%), Chubut (32,94%), Río Negro (40,75%) y Santa Fe (27,87%), provincias de bajo electorado —exceptuando Santa Fe, ella casi el doble del resto— que sólo aportan 14,68% de los votos nacionales. En todas esas cuatro provincias sólo fueron primarias para diputados.

En el resumen de los datos nacionales, el oficialismo obtuvo 35,90% de los votos, el kirchnerismo y aliados 20,34% —15,56% por detrás de Cambiemos, casi la mitad, y 1,91% por detrás de la primera elección de Néstor en 2003—, los sectores nucleados alrededor de Massa Chierti —circunstancial aliado del oficialismo— lograron 7,38% y el resto del justicialismo no superó 17,09%; el restante 15,89% fue distribuido marginalmente entre movimientos provinciales y de izquierda —incluidos trotskistas y anarquistas. Con este resultado, como mencioné, el kirchnerismo de CFK se queda por detrás del 22,25% obtenido por el difunto Néstor Kirchner Ostoić en 2003.

Derrotas y victorias que hicieron historia

De ambas hubo.

Las derrotas más significativas fueron sorpresas que alegraron la noche de Cambiemos: en Neuquén, el Movimiento Popular Neuquino perdió por primera vez desde su constitución en 1962; en Santa Cruz, el feudo Kirchner se desmoronó electoralmente tras 33 años de hegemonía, lo mismo que le sucedió a los Rodríguez Saá —pero con un año menos de cacicazgo— en San Luis, mientras que Córdoba le dijo que no al justicialismo por vez primera desde 1998.

Pero para CFK también ha sido su peor elección en la provincia de Buenos Aires. Con independencia de cuál sea el resultado final del conteo de votos —aún en proceso, diez días después de realizadas las elecciones primarias— y sin posibilidades de una variación significativa que aumente más de 1% a su caudal provisorio del 34,11%, en el mejor de los casos —y eso aún en duda porque todos los votos en revisión (alrededor de 400 mil) del tercer distrito provincial, el mayor y más popular, deberían ser K—, aún quedaría lejos de los resultados que antes había obtenido: la elección de diputados de 2005, donde alcanzó como cabeza de lista el 43,04%; el 45,28% de las presidenciales de 2007 —su primer mandato presidencial—, ganadas en primera vuelta; el 50,24% de las primeras PASO en 2011 o, peor aún, si se comparan con los resultados que CFK obtuvo en esa elección presidencial: 54,11%. Incluso peor que su designado y vapuleado —por ella— binomio presidencial para 2015, cuando Daniel Scioli Méndez obtuvo 38,67% en las PASO de ese año y luego 37,08% en primera vuelta —sin contar el oficial 48,66% del segundo lugar en el ballotage; menos aun que su abanderado Aníbal Fernández como candidato —perdedor— para gobernador de esa provincia en 2015: 38,6%% en las PASO y 35,28% en la elección, derrotado por la macrista María Eugenia Vidal Cascallares (39,64%). Realmente, la noche del 13 de agosto, más allá de su algarabía a media madrugada de pretendida victoria sin confirmar —y su antidemocrático alegato de que “el gobierno estaba manipulando los votos”—, el mate de CFK debe haberle sabido muy amargo, con el sabor de su ocaso definitivo.

De los derrotados, el binomio para 1País de Massa Cherti y Margarita Stolbizer Ramos —firme oponente siempre de CFK— sólo alcanzó un tercer lugar para senadores en Buenos Aires provincia con 15,53% —excluyéndolos de la contienda—, a pesar de que las encuestas le auguraban un promedio encuestal de 18,93% —con picos de 26,3% y segundo lugar después de CFK para Aragón y tercero en empate técnico con Cambiemos de 22,7% para MyF—, situación que para Diputados de la provincia repitió su también candidato Felipe Solá (14,78%). También lo fueron Alicia Kirchner Ostoić, la gobernadora de la provincia de Santa Cruz, cuyos candidatos perdieron por más del 16% frente a Cambiemos, y los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá —éste presidente de la Nación en 2001 por siete días—, derrotados por primera vez y por casi 20 puntos en su feudo político de la provincia de San Luis luego de un poder ininterrumpido por 34 años.

Por su parte, de los ganadores —además de Macri Blanco y Vidal Cascallares que no competían pero fueron los motores victoriosos de Cambiemos— Elisa Carrió Rodríguez logró para el oficialismo el 49,55% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires —el mayor porcentaje a nivel nacional—, revalidando su condición de diputada y logrando reafirmar con su victoria inédita que Buenos Aires ciudad es una plaza firmemente macrista; en número de votos, lo fue la candidata a diputada por Cambiemos en Buenos Aires provincia Graciela Ocaña —exministra de Salud en el primer gobierno de CFK— con 3.072.235 (34,58% de los sufragios válidos). Otro destacado resultado fue del expresidente Carlos Menem Akil quien ganó en su provincia La Rioja (47,10%) a pesar de sus 87 años y de la impugnación sobre su candidatura a senador, pendiente de definición por la Corte Suprema de Justicia. 

Octubre ya no será celeste ni blanco y celeste

El celeste del Frente para la Victoria y el celeste y blanco del reciclado kirchnerismo de Unidad Ciudadana ya no serán los colores que ondearán ganadores en octubre: La poca competición de los seguidores de CFK en provincias, la alta renovación dentro de los congresistas del kirchnerismo, la baja votación obtenida —a gran distancia de Cambiemos— y la aún menor cantidad de provincias donde fue victoriosa (cuatro) preludian un Congreso sustancialmente menos K.

Para Cambiemos —en la confianza de que la economía mantenga su rumbo—, octubre podrá reforzar sustancialmente su posicionamiento electoral —incluidos ambos distritos bonarenses, donde posiblemente votantes en las PASO para 1País migren a Cambiemos, al menos para senadores (en Argentina, la primera fuerza votada elige dos de los tres senadores por cada provincia y la segunda uno sólo) e incluso entre los justicialistas de Randazzo Campagnon. Lo que acompañará el oficialismo invirtiendo —económica y propagandísticamente— durante los meses que median a octubre en las provincias y distritos donde no ganó en las PASO.

Desde la victoria del radical Raúl Alfonsín Foulkes en 1983, no se daba una derrota electoral del justicialismo de tanta magnitud territorial. Eso, unido a la falta de un liderazgo cohesionador en el justicialismo —como sucedió a la caída de De la Rúa Bruno en 2001 y que dio cuatro presidentes interinos en diez días: Ramón Puerta Galarza (durante tres días), Adolfo Rodríguez Saá (siete), Eduardo Camaño (uno sólo) y Eduardo Duhalde Maldonado (hasta 2003) y que sólo se cerró con la llegada al poder del hasta entonces casi desconocido Kirchner Ostoić—, auguran una cada vez mayor debilidad de las corrientes del peronismo —incluido el kirchnerismo— y un cada vez más posible reforzamiento del macrismo.

Sopla fuerte el viento de cambio que empezó hace 2 años en la Patagonia

Hoy, el kirchnerismo —más allá de que CFK ocupe una banca en el Senado, ya sea sola como segunda fuerza en Buenos Aires provincia o acompañada si logra superar la diferencia con Cambiemos— va en franco declive y lo estará más en la medida de que la economía funcione y, por ende, la clase media —macrista— se reposicione y aumente el trabajo de calidad, disminuyendo los sectores ni ni —caudal clientelar del kirchnerismo.

Con estos resultados, Macri Blanco asegura la continuidad de su política, acercándose a un segundo mandato, ya sea por su relección o con otro candidato de su fiel círculo cercano.
A nivel regional latinoamericano, el reforzamiento del macrismo ahonda más la crisis del socialismo del siglo 21. Junto con la revaluación —moderadamente transformadora— de Moreno Garcés en Ecuador, la creciente crisis estructural en Venezuela —y lo que esto significa para el castrismo cubano— y la cantada victoria de Piñera Echenique en Chile, el socialismo del siglo 21 va yendo rápidamente de salida sin haber cumplido su mayoría de edad.


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