martes, 14 de junio de 2016

Mi homenaje a un Patriarca


Conocí a Don Pedro Rivero Mercado en los años 90 en la antigua sede del periódico en la Suárez Arana, una zona de gran dinámica y un centro económico importante cuando él se hizo cargo del matutino El Deber en 1965.

Hoy muchos lo recordarán como periodista durante 6 largas décadas, refundador de El Deber y participante como periodista y columnista de muchos otros, galardonado con los Premios Nacional de Periodismo en 1995 y Libertad en 2010. 

También se le mencionará como escritor —cuentista, poeta y novelista— que, como lo describió Pedro Shimose Kawamura, contribuyó a “rescatar y defender el habla cruceña y la tradición de la poesía romántica […] costumbrista y popular iniciada, en Santa Cruz, a comienzos del siglo XIX”, lo que le convirtió en miembro de la Academia Boliviana de la Lengua, así como se le destacará como un digno diplomático en Francia y la UNESCO y un meritorio ciudadano condecorado con el Cóndor de los Andes en 1996.

Pero yo quiero recordarlo en otra faceta, la de su bonhomía caballerosa, que no perdía su amable sonrisa ni en los momentos en que recibía injustas agresiones y que siempre ofrecía su palabra cordial aun a quien no fuera su amigo. Como el espíritu de sus personajes que vivían en el tiempo indefinido de una Santa Cruz que se adentraba en la modernidad sin querer perder la esencia campesina —más idealizada que real— de su pago.

Con Don Pedro, Bolivia pierde uno de sus últimos Patriarcas, emprendedores de futuro y forjadores de una prensa independiente.

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