sábado, 14 de febrero de 2026

Una yunta… pero disyunta

 Monseñor Cristóbal Bialasik, obispo de la Diócesis de Oruro, pidió —como voz de muchos en Bolivia— al Presidente Paz y a su vice Lara: «Sean como hermanos, como una buena yunta de nuestros campos» junto con la bendición solemne acompañada con la imagen de la Virgen del Socavón durante el Te Deum por el 245avo aniversario del Grito de Independencia de Oruro de 1781. Un pedido que, en palabras del mismo prelado, «no fue un acto planificado»: fue un momento guiado por la Virgen que «reafirma el llamado de la Iglesia a la unidad entre las autoridades y al diálogo, siempre [la Iglesia] dispuesta para ayudar a resolver los problemas del país».

Falta urgente hacía decirlo, tanto como desear se cumpliera. El distanciamiento entre Lara y Paz —con Lara como continuado agente disruptor— se inició la misma noche del 17 de agosto pasado, cuando el expolicía (a pesar de su uso de uniforme en la toma de posesión no encontré ninguna referencia a sobreseimiento de su expulsión de las fuerzas policiales) empezó a venderse como el causante (facilitador) de los resultados electorales para Paz y PDC en esa primera vuelta y, desde entonces Lara —con algunas “bajadas de tono” y muchas “subidas”—, ha sido constante en mensajes (tiktoks eminentemente) contra el Presidente y contra diversos miembros de su gabinete, oficio de tiktokero que, si bien le ha permitido intentar encubrir sus incapacidades e inestabilidades emocionales, también le ha hecho perder progresivamente el ejercer cabalmente las funciones de su cargo electo y “ganar” el descrédito de muchos con sus dislates. Si hoy sobrevive como noticias es gracias a la generosa contribución de algunos medios.

En mi columna “Una de cal y una de arena”, reconocí triunfos significativos de la Gestión Paz y, acompañándolos, algunos de sus yerros también: baja comunicación institucional de propia generación (entendida quizás como anoticiar más que posicionar estratégicamente); incierta coordinación comunicacional intragubernamental en lo horizontal (ministros que se desdicen); manejo descuidado de la imagen gubernamental (“rendición” televisada cuál supuso la derogación del 5503 y la “indicación” de “nuevos” puntos por la COB para Lupo); el mantener a antiguas autoridades masistas (como Margot Ayala) o —aun peor— incorporar incluso hoy otras abiertamente coludidas con el masismo; promesas de campaña ya no aplicadas ni recordadas (liberación de exportaciones, reducción impositiva)…

De éxitos sobre todo destacaré el eliminar sin violencias el subsidio a la mayoría de los hidrocarburos (mayor éxito aun si lo comparamos con la urgentísima abrogación —en dos días— de la anterior eliminación decretada el 26 de diciembre de 2010 por el vicepresidente Linera en un momento que, a diferencia del actual, fue en plena Jauja de los ingresos extraordinarios por gas); la reapertura del país en el mundo; la cada vez mayor inserción en una América no-marxista; iniciar el cambio en la educación; hablar de Federalismo y Pacto Fiscal 50/50… Realmente serían muchos más pero su aplauso y número no hace ocioso recapitular lo necesarios de corregir.

(Para otra entrega me quedarán pendientes coalición de gobierno, necesidad de un sistema de partidos; mayor y más eficiente trabajo parlamentario; autonomización verdadera del país: federalización (eso me recuerda las críticas —algunas pacatas, otras bienintencionadas previendo despertares de fantasmas— cuando yo hablaba de Las Bolivias); reconocimiento de un País Diverso sin discriminación positiva ni negativa; Constitución… Pero eso será luego de las subnacionales y el mosaico en el panorama que salga)

Por ahora, católicos y no católicos deberíamos llevar nuestros corazones y mentes blindados con Fe y Empeño, sin culipandeos, con Bolivia como escapularios.

Dios así lo quiera.

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