Monseñor Cristóbal Bialasik, obispo de la Diócesis de Oruro, pidió —como voz de muchos en Bolivia— al Presidente Paz y a su vice Lara: «Sean como hermanos, como una buena yunta de nuestros campos» junto con la bendición solemne acompañada con la imagen de la Virgen del Socavón durante el Te Deum por el 245avo aniversario del Grito de Independencia de Oruro de 1781. Un pedido que, en palabras del mismo prelado, «no fue un acto planificado»: fue un momento guiado por la Virgen que «reafirma el llamado de la Iglesia a la unidad entre las autoridades y al diálogo, siempre [la Iglesia] dispuesta para ayudar a resolver los problemas del país».
Falta
urgente hacía decirlo, tanto como desear se cumpliera. El distanciamiento entre
Lara y Paz —con Lara como continuado agente disruptor— se inició la misma noche
del 17 de agosto pasado, cuando el expolicía (a pesar de su uso de uniforme en
la toma de posesión no encontré ninguna referencia a sobreseimiento de su
expulsión de las fuerzas policiales) empezó a venderse como el causante (facilitador)
de los resultados electorales para Paz y PDC en esa primera vuelta y, desde
entonces Lara —con algunas “bajadas de tono” y muchas “subidas”—, ha sido
constante en mensajes (tiktoks eminentemente) contra el Presidente y contra
diversos miembros de su gabinete, oficio de tiktokero que, si
bien le ha permitido intentar encubrir sus incapacidades e inestabilidades emocionales,
también le ha hecho perder progresivamente el ejercer cabalmente las funciones
de su cargo electo y “ganar” el descrédito de muchos con sus dislates. Si hoy
sobrevive como noticias es gracias a la generosa contribución de algunos
medios.
En mi
columna “Una de cal y una de arena”, reconocí triunfos significativos de la
Gestión Paz y, acompañándolos, algunos de sus yerros también: baja comunicación
institucional de propia generación (entendida quizás como anoticiar más
que posicionar estratégicamente); incierta coordinación comunicacional intragubernamental
en lo horizontal (ministros que se desdicen); manejo descuidado de la imagen gubernamental
(“rendición” televisada cuál supuso la derogación del 5503 y la “indicación” de
“nuevos” puntos por la COB para Lupo); el mantener a antiguas autoridades
masistas (como Margot Ayala) o —aun peor— incorporar incluso hoy otras
abiertamente coludidas con el masismo; promesas de campaña ya no aplicadas ni
recordadas (liberación de exportaciones, reducción impositiva)…
De
éxitos sobre todo destacaré el eliminar sin violencias el subsidio a la mayoría
de los hidrocarburos (mayor éxito aun si lo comparamos con la urgentísima
abrogación —en dos días— de la anterior eliminación decretada el 26 de diciembre
de 2010 por el vicepresidente Linera en un momento que, a diferencia del
actual, fue en plena Jauja de los ingresos extraordinarios por gas); la
reapertura del país en el mundo; la cada vez mayor inserción en una América
no-marxista; iniciar el cambio en la educación; hablar de Federalismo y Pacto
Fiscal 50/50… Realmente serían muchos más pero su aplauso y número no hace
ocioso recapitular lo necesarios de corregir.
(Para
otra entrega me quedarán pendientes coalición de gobierno, necesidad
de un sistema de partidos; mayor y más eficiente trabajo parlamentario;
autonomización verdadera del país: federalización (eso me recuerda las
críticas —algunas pacatas, otras bienintencionadas previendo despertares de
fantasmas— cuando yo hablaba de Las Bolivias); reconocimiento de un País
Diverso sin discriminación positiva ni negativa; Constitución… Pero
eso será luego de las subnacionales y el mosaico en el panorama que salga)
Por
ahora, católicos y no católicos deberíamos llevar nuestros corazones y mentes
blindados con Fe y Empeño, sin culipandeos, con Bolivia como escapularios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario