Acaba de
terminar el acto (que debió ser) solemne por el Bicentésimo primer
Aniversario de la Declaración de Independencia de las antiguas Provincias del
Alto Perú: Cochabamba, Potosí, La Paz, Santa Cruz y Charcas (Oruro, Beni y
Pando se desprenderían de Potosí y de Santa Cruz posteriormente y Tarija no
estaba incorporada aún al nuevo país), en el mismo lugar —hasta entonces Aula
Magna de la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier
de Chuquisaca y después, hasta 1898, sede del Congreso de la República— que ese
día de 1825 firmaron la Independencia del Estado del Alto Perú siete
representantes de Charcas, catorce de Potosí, doce de La Paz, trece de
Cochabamba y dos de Santa Cruz (aunque uno llegaría a la ciudad ese día después
del acto y el otro representante recién podría firmarla a su arribo el 9 de
agosto), que días después (13 de agosto) y en el mismo salón se oficializaría
como República de Bolivia.
He
afirmado que esa sesión de la Asamblea Legislativa (heredera del Congreso que
existió desde 1815 hasta 2010) debió ser solemne pero tuvo, como muchas
cosas en la vida, de lo feo, de lo malo y, por qué no, de lo
bueno. Empezaré por lo feo.
Fracasada
su incursión de tiktokero pertinaz y criticado entonces su acercamiento y visita solidaria con los
bloqueadores (aunque después hiciera un llamado paralelo al de la Presidencia
para el diálogo con todos ellos del que la Iglesia Católica salvó su
conducción), Edmand Lara Montaño —en su condición de Presidente Nato de la
Asamblea— dio las primeras palabras de la sesión y en ellas aprovechó (en lo
que debió ser un digno preámbulo al Informe a la Nación con el que le
continuaría el Presidente Constitucional) para expresar su diferenciación del
Gobierno y sus fuertes críticas a la situación del país y al rumbo —que definió
errado— del Gobierno nacional: crisis económica, desabastecimiento de
combustibles, corrupción, avance del narcotráfico, inseguridad ciudadana y
carencia de responsabilidad del Estado, a la vez que, con ello, se atribuía el
patriótico empeño de pedir de las autoridades soluciones para tales
dificultades que vive Bolivia, acusando al Gobierno de palabras vacías, de que el crimen
avanza porque el Estado está fallando, de que no se puede gobernar mintiendo, no se puede
prometer y luego no cumplir, gobernando de espaldas del pueblo.
(Como endshow,
Lara reservó una muestra de su descortesía protocolar con el Presidente: al
regresar éste a la mesa de las autoridades, Lara no se levantó de su poltrona
para recibirlo al despedirse como sí hicieron los presidentes del Senado y
Diputados. Sin natura y sin Salamanca…).
El
discurso del presidente Paz Pereira estuvo centrado en lo bueno
—recuento de lo hecho, anuncios y, además, promesas— mientras nos dejó a los
que lo seguimos el entender lo malo: lo que no dijo.
En 120
minutos, Rodrigo Paz Pereira —que cumplía 269 días de gobernar— destacó lo que
considera principal de sus nueve meses en el Poder y presentó cinco decisiones
asumidas para reorientar la Administración del país: devolver
la confianza al país a través de restituir los dólares a los
ahorristas, estabilizar el tipo de cambio (que como la eliminación parcial de
las subvenciones llegaba directamente al bolsillo ciudadano y al proceso
transmisor de la economía), recuperar el acceso a los mercados internacionales
y lograr volver a ser sujeto de crédito internacional (como se ha informado, el acuerdo recién negociado a
concretar con el FMI, tras su concreción facilitará el acceso boliviano a
financiamientos adicionales del Banco Mundial, el Banco Interamericano de
Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento y otros organismos multilaterales); impulsar
reformas postergadas y modernizar el Estado, como el Plan Tranca Cero, el
levantamiento gradual de la subvención a los hidrocarburos, la aprobación del
PGE reformulado, reducción del déficit fiscal y el reciente acuerdo con los
gobernadores para cumplir (gradualmente) la propuesta 50/50: el Pacto Fiscal,
del que se habló desde los 90 pero que, tras la constitución de 2009 y la Ley 031/2010 Marco De Autonomías Y
Descentralización “Andrés Ibáñez”, debió empezar a aplicarse desde 2014 y nunca
se avanzó en ello por la reticencia del masismo; aplicar
medidas sociales para "proteger a las familias"
durante el período de transformación: bonos y acciones en salud, educación y tecnología,
entre otras; “abrir
Bolivia al mundo”, al restablecer relaciones con otros países y fortalecer la confianza
internacional; por
último, construir una nueva gobernabilidad para "consolidar la
reconstrucción de la patria", con una lucha creciente contra el
narcotráfico y la narcoeconomía.
Asimismo —y a la
vez que reforzaba la crítica al dicenio perdido como punto de comparación—
anunció, entre otros temas, que
la próxima semana enviará a la ALP el proyecto de ley de inversiones, a los que
seguirán otros proyectos de ley estructurales (entre ellos los de Hidrocarburos
y Minería y de las alianzas
público-privadas) y la potenciación del sector energético; la implementación
este año de un nuevo modelo
para el sector de hidrocarburos, y el fortalecimiento de relaciones
internacionales amplias y “desideologizadas”, a la vez que, como Presidente, continuará
recorriendo “todos los rincones” del país para conocer a sus habitantes y sus
necesidades.
Lo malo
es que lo dicho no trasluce un golpe de timón, un cambio de rumbo. ¿A dónde se
quiere llegar? ¿Al capitalismo popular: “una Bolivia de propietarios, no de
proletarios”? como preconiza hace tiempo Jaime Dunn y de quien Paz tomó esa
idea para formalizar el sector informal y la economía sumergida e incorporarlos
a la economía del país, como De Soto, Gjersi y Ghibellini preconizaron en 1986
en El otro sendero: la respuesta económica al terrorismo, que fue parte
del motor de las transformaciones en el Perú que se mantienen exitosas hasta
hoy y que en EEUU encontramos experimentado con éxito (económico y político) desde los años 50 con Theodore
Repplier del Ad Council y el presidente Dwight D. Eisenhower.
Paz
Pereira no habló de acuerdos políticos con otros sectores democráticos, algo
fundamental para la aprobación de sus leyes fundamentales por una Asamblea
fraccionada (de UNIDAD se han desgajado algunos antes aliados, como CREEMOS, y
la bancada del PDC está dividida, al menos, en tres: rodriguistas, castristas
—que siguen al presidente de Diputados, apoyo tácito de Paz— y laristas) y para
potenciar el Equipo de Gobierno. No mencionó reformas parciales de la
Constitución (imprescindibles para captar inversiones extranjeras) ni revisión
de leyes, aunque debe entenderse como imprescindibles; tampoco resaltó (ni mencionó
en el discurso) la obligación antes que el Directorio del FMI (sólo ha pasado
la etapa de ´discusión con la comisión técnica) apruebe el crédito de USD1.500
millones (reducidos desde los USD5.000 millones originalmente solicitados), con
la obligación del Gobierno Paz de reducir el déficit fiscal este año a cerca
del 9 % del PIB (meta considerada ya en el FGE Reformulado aprobado por la
Asamblea), al 6 % en 2027 y al 3 % en 2028, lo que obliga a recortar en
alrededor del 67 % el actual desequilibrio de las cuentas públicas.
Malo también fue la ausencia de autocrítica
de la ambivalencia en las decisiones antes de la crisis que se inició el 1° de
mayo ni la falta de estrategias de prevención. Y no sólo eso es lo malo:
Lo es también el timorato y poco ponderado proceso de gestionar decretos y
leyes.
Pero, en
el plano político ciudadano, fue muy malo que faltara una reflexión
fundamentada sobre la vertiginosa caída de la aprobación de la gestión
presidencial, que en sus inicios (noviembre de 2025) estaba en el 65 % y que en
julio pasado cayó al 32 %: 33 puntos porcentuales menos, un spread negativo
desde la mitad de noviembre (paralelamente, la desaprobación subió del 18 % en
2025 al 55 % en julio).
En agosto
del 2025, que en nueve días hará un año, el 86,65 % de más de cinco millones de
electores bolivianos que ejercieron efectivamente su voto: más de cuatro
millones y medio de ciudadanos bolivianos, votaron por un cambio profundo que,
en progresión y con vaivenes, no ha cristalizado aún.
Atentos y
sin dudar en esa meta de renacer Bolivia, esperamos los resultados
Manos a
la obra. Pero de una vez ya y de verdad.
Información consultada
https://brujuladigital.net/opinion/el-acuerdo-con-el-fmi-y-las-reformas-pendientes.
https://brujuladigital.net/opinion/habra-golpe-de-timon.
https://eldeber.com.bo/opinion/us-1-900-millones-fmi-no-bastan-recuperar-valor-boliviano_1785970477.
https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Vicente_Seoane.
https://es.wikipedia.org/wiki/Asamblea_General_de_Diputados_de_las_Provincias_del_Alto_Perú.
https://es.wikipedia.org/wiki/Capitalismo_popular.
https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_la_Libertad.
https://es.wikipedia.org/wiki/Declaración_de_Independencia_de_Bolivia.
https://es.wikipedia.org/wiki/Edmand_Lara.
https://es.wikipedia.org/wiki/El_otro_sendero.
https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_generales_de_Bolivia_de_2025.
https://es.wikipedia.org/wiki/República_de_Bolivia.
https://populi.org.bo/monitor-fiscal/.
https://publico.bo/opinion/capitalismo-popular-buena-idea-y-abusos-retoricos/.
