¿Qué es
mixear? Mixear es de esos anglicismos que, en “prurito” lingüístico, no
aceptamos reconocer (como la parienta que trabaja de cuidadora de ancianos en
Suiza para aportar al quincenario de la sobrina) pero que casi no podemos vivir
sin ella porque nos sirve para mezclar todo lo mezclable. Por eso hoy
voy a mezclar muchas cosas de las que quiero opinar, pero las voy dejando por
otras urgencias.
Mix 1:
TSJ vs Administración:
La amenaza del Presidente del TSJ de paro judicial (24 horas primero y luego
escalonado) si el Gobierno no atendía su necesidad presupuestal despertó
molestia, solidaridad, incertidumbre, crítica…de todo ello hubo pero lo malo
verdaderamente fue que opacó la ristra de asuntos que van pendientes en la
Asamblea y en la Administración Nacional: completamiento de miembros en
propiedad del TDE La Paz y del TCP ¡sin interinatos a dedo!; presupuesto
nacional y Pacto Fiscal (el 50/50 de marras); ¡combustibles! (volveré, digo yo,
no los combustibles)… Peliagudo asunto saliendo de tantos paros —incluyo los
del sector de la salud— pero, a pesar de la indignación “oficial” del Gobierno
(“oficial” por la Vocería) y el consabido «trabajen antes de pedir», lo
importante fue que hubo reunión de ministros y de magistrados —y hasta
invitación a la Asamblea—, “se discutió y se discutirá” y el ministro del ramo
anunció que el Presupuesto General del Estado en discusión (se puede entender
por los problemas del país, ¡pero es el de 2026 y estamos en julio sin
aprobarse aún!) tenía una significativa asignación (con lo que queda salvado
aquello de «¿a quién le quito para darles a ustedes?» pero ¿acaso no fue
mejor decirlo así desde el inicio sin levantar hojarasca?… porque del aumento lo
sabía ¿verdad?). Y que avance la Reforma Judicial, que es de urgente exigencia
de todos.
Hablando
de cosas demoradas, llego al Mix II: Pendientes y la Asamblea. Del
Gobierno, fue para su cosecha el final de la crisis y el apoyo internacional
pero el mérito lo tiene la ciudadanía (sobre todo los más humildes) que sufrió
con angustia y carestía los más de 50 días de paro y bloqueos y violencia.
Nadie dudará que el Gran Perdedor fue Morales, porque los movilizados —más allá
de todos los que cobraron por bloquear y agredir con dinero de la blanca—
lo que perdieron fue el apoyo de la gente común pero obtuvieron casi todas sus
demandas tras las casi ocho semanas de confrontación. Queda una pregunta para
todos: ¿por qué no se sentaron —hablo de todos— a discutir desde el inicio?
Al reconocido lamento boliviano debemos añadir la maldición boliviana…la
de puñete primero, discusión después (no sólo por la Escuela del Chapare
desde fines de los 80 pero sí por mucha cátedra desde ella) y lo consabido de deja
para mañana, que se soluciona solo…
Y así
llegamos al tercer Mix, el de los conflictivos Gasolina y Diesel.
La escasez de ambos no se originó ahora: viene desde el anterior desgobierno,
el de Arce, y fue consecuencia de la borrachera del despilfarro desde la época
de Morales: socialismo 21, la receta de la miseria. Pero el pecado ahora ha
sido no haberlo advertido a tiempo (contaminación, no provisión) ni solucionado
hasta hoy, dilatando con anuncios que ya no funcionan ni para quienes lo decían
(la sinceridad reciente de que no hay fecha ya segura de solución es el mejor
avance en el tema). De la contaminación, ésa fue consecuencia entre inocencia
—la que olvidó que los cambios no son sin oposición de los que perdieron
(¡y garrapateaban en todo el Estado!)— e imprevisión de nuevos, pero no
creo que alguien la entendiera aún en versión de Pedro y el lobo.
Y como
siempre hay cómo poder ver un poco de sol aún en el momento más nublado, nos
solazamos con el Cuarto Mix: el Mundial. Es la pausa que
reconforta (aclaro que no digo que refresca) incluso para los que descreen del
fútbol; no competimos (en memes nos burlamos con humor de nosotros mismos, lo
que pudiera ser una buena medicina) pero nos repartimos amores y adhesiones:
que si hinchamos para Argentina, que si hacia Brasil, que si con México (sin
olvidar Colombia o España o Ecuador) y también nos asombramos y solidarizamos
con Cabo Verde y nos ilusionamos además (porque nos decimos que si ellos, con
tan pocos habitantes y sin fútbol profesional, han llegado, ¡nosotros
volveremos a llegar!).
Mención
aparte los locutores, aquellos “que (siempre) hablan” dando fe a
su origen locūtor. En este Mundial han sido de derroches: de
ingeniosidad, de datos, de imaginación (como hijos de Jim McKay, el comentarista
policial y deportivo que asombraba a los del Norte…) y también de disparates,
porque si el locutar puede ser muy distinto oficio del de soplar y hacer
botellas, algunos no más soplan botellas ¡y sin aire!
Y una más
sobre la Copa: es la confirmación de que los hijos de África, cazados vilmente como
esclavos en siglos pasados, hoy como reivindicación no asumida han conquistado —literal
y definitivamente— el Nuevo y el Viejo Mundo: Basta ver cuántos suecos,
ingleses, belgas, austriacos, croatas, franceses, suizos (paro de contar) y
norteamericanos y canadienses hay orgullosos africanos de nacimiento,
naturalización o de descendencia (no comento de españoles, portugueses y
latinoamericanos por procedencia y unión), ¡si hasta Japón tan purista se
enorgullece de su Suzuki Zaion! (occidentalizado Zion). Ya en 2018, cuando
Francia ganó la Copa en Rusia con un equipo fundamentalmente de
francoafricanos, se dijo que África ganaba la Copa, ¡cuánto no vemos por ésta!
Quinto de los MIx son los Medios
en la Era de los Cambios. Sólo diré tres observaciones: las noticias, para
ser tales, deben ser completas (como botón, la nota repetida varias veces,
laudo muy merecido, sobre el restaurante Teko michelineado que jamás
aclara dónde está) y deben acordarse quienes las escriben (o las corrigen) que
no son polímatas ni cerca de ello; más “serias” de nacimiento, las columnas de
opinión son para eso, opinar, y no son para desbarrar, como olvidan algunos opinadores
(y los medios que las publican). Y una más: en Nuestra América hoy no hay
extrema derecha (que sí la hubo con las dictaduras del Plan Cóndor), esa
etiqueta que algunos dizques comunicadores —no sólo en estas tierras— reparten
muchas veces con ideologizada (o mimética) profusión, la misma prodigalidad con
la que olvidan que los que hacen terrorismo en nombre de una izquierda que
ellos mismos ni conocen son ultraizquierdistas, que los hay.
Me queda
cerrar estas disquisiciones entre partidos de fútbol —humano soy— con la
mención del cansancio ciudadano tras cincuenta y tantos días de bloqueos y
violencia y la esperanza —tantas veces frustrada— que aún nos anima a la
mayoría de nosotros («esa mayoría de bolivianos, mayoritariamente urbana y de todos
los estratos sociales, que ha sufrido las consecuencias de unos cercos
criminales», como mencionaba Ortiz en “Frustración y sacrificio ciudadano”),
a pesar de ello, para afrontar el cada día. La medicina para evitar esas
crisis, como demostró fehaciente y cartográficamente Peñaranda (“Vulnerabilidad
educativo-lingüística y bloqueos de caminos en Bolivia”) está en la terrible
carencia educativa de amplios sectores bolivianos que la autora caracteriza
como una ciudadanía analfabeta y falta de dominio del español como lingua
franca, cuyo único antídoto es el mismo motor del desarrollo: Educación
desideologizada y más educación, como postula Finot (“Educación: la clave para
que todos vivan bien”). Es de urgencia en un año en que Bolivia liderará el
decrecimiento del PIB en la América debajo del Río Bravo con el -3,2 %, después
de un 2025 en que lo sublideró con -1,06 % (y eso cuando 2024 fue su
consecutivo tercer año negativo)
¿Acaso es
tan difícil entenderlo?
Información consultada
https://brujuladigital.net/opinion/coca-no-es-cocaina.
https://brujuladigital.net/opinion/educacion-la-clave-para-que-todos-vivan-bien.
https://eldeber.com.bo/opinion/frustracion-sacrificio-ciudadano_1782777343.
https://en.wikipedia.org/wiki/Jim_McKay.

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