jueves, 23 de septiembre de 2010

Reflexiones para el bicentenario cruceño

Este domingo, leí en El Deber un interesante artículo de Pablo Ruiz: “Bicentenario. Santa Cruz no cumplió sus metas sociales”, reproducido por mi amiga y gran periodista Maggy Talavera en Facebook.



En el artículo, Ruiz analizaba el cumplimiento de las metas de la Agenda –para la Felicidad– que el Comité Pro Santa Cruz propuso el 24 de septiembre de 1997 y que ha sido la Agenda regional del Bicentenario. En el mismo, Ruiz comparó los crecimientos demográfico y económico cruceños hace 13 años y ahora, cuando el económico anual bajó de 14% entonces a 3% actualmente, que el mismo autor reconoce como menor al del promedio de Bolivia y al demográfico de la región cruceña.


Comparto con Ruiz –apoyándose en declaraciones sobre la agenda nacional de Luis Núñez, actual presidente del Comité Pro Santa Cruz– que las decisiones de los últimos años fueron más políticas que económicas. Lo que no comparto –con Núñez, porque Ruiz no lo continúa– es la implicación victimizada para Santa Cruz que puede tener esta aseveración.


Santa Cruz, después de ser una región muy poco desarrollada en Bolivia hasta 1950 –sólo aportaba 3% al PIB–, logró un despegue inusitado para el país, después del triunfo de las regalías petroleras bajo el liderazgo de Melchor Pinto Parada, un líder que desde su región comprendió la importancia que su desarrollo local tenía para el nacional. Crecimiento cruceño que, en lo positivo, convirtió la región en el motor económico nacional y en receptor de emigrantes de todo el país –lo que, en la práctica, la convirtió en crisol homogenizador nacional, reflejado en el reciente documental “Historias de Migrantes Bolivianos exitosos en la Agricultura Cruceña” del IBCE y PNUD–, y que, en lo negativo, hizo pensar a algunos dirigentes locales que la región debía diferenciarse, cada vez más, del resto del país; visión localista y, por ende, reduccionista y autárquica que en el último período intentó copar la agenda de la región.


De los objetivos de la Agenda Cruceña del Bicentenario, en los últimos años la región fue exitosa impulsora nacional de la autonomía, pero los objetivos sociales quedaron disminuidos desde 2006 por los enfrentamientos permanentes con el nuevo Poder Central –cuya relación con Santa Cruz, en esta época, fue también de confrontación–, unido al intento de articular las autoridades departamentales elegidas de diciembre de 2005 opositoras al Gobierno Central, con Santa Cruz como referente –y catapulta política después– nacional.


Lamentablemente, esta oposición de los departamentos –por errores propios, por incoherencias de la oposición parlamentaria (con la que no estaban vinculados) y por acciones del Gobierno Central– fracasó y el liderazgo cruceño quedó reducido, y disminuido, a la región.


Ahora, Santa Cruz –a través de sus organizaciones productivas: CAO y CAINCO, junto con su Gobierno departamental– se ha abocado nuevamente a priorizar su Agenda económica y social, en una relación menos enfrentada con el Poder Central.


En este nuevo contexto, Santa Cruz necesita proyectar este liderazgo económico en una más profunda visión de país, continuando la permanente vocación integradora del cruceño y afianzando nuevos liderazgos.


Porque cruceños, somos todos.

martes, 24 de agosto de 2010

De la virtud pública, del humanismo cristiano y de los hombres

De la virtud pública y de los hombres. La entrega anterior la dediqué a la virtud pública, reflexionando sobre cómo el ejercicio de los valores éticos por la clase política es una condición ineludible para construir un país fraterno, justo y solidario. En esa reflexión sobre el servicio a la sociedad del servidor público y no en su beneficio individual, mencionaba que su ejercicio generalizará la recuperación de la confianza social para ser más libres.



La corrupción perfora el estamento público y devora los recursos pero, sobre todo, destruye la credibilidad de los gobernados en las instituciones que los gobiernan. América Latina ha sufrido, en todos sus países y en diferentes épocas, ejemplos fehacientes de autoridades enriquecidas a costa de recursos que debieran –porque de derecho lo son– ser de beneficio público.


La semana pasada se cerró con la noticia de la detención en Lima de Luis Alberto Valle Ureña, quien gobernó el departamento de La Paz entre 1997 y 1999 amparado en el “mérito” de ser yerno del entonces presidente Bánzer.


Valle fue el más conocido –aunque, lamentablemente, no el único– ejemplo de la antivirtud en la gestión pública de la última década del siglo 20 en Bolivia. Cabeza visible de sonados escándalos que lo han llevado a estar incoado en cerca de 16 juicios inconclusos por diversos delitos, su relación familiar le permitió gozar de impunidad durante muchos años; cuando ya no le pudo proteger su parentesco, apeló a cuanto recurso jurídico le pudo beneficiar; en abril de 2009, sin poder utilizar más subterfugios legales, escapó a Perú, país que le negó asilo político basado en que las acusaciones que pesaban en su contra no eran de persecución ideológica sino por delitos comunes.


Y lo aprehendió la Interpol –que mencionó que la fisonomía de la ex autoridad está notoriamente cambiada– este viernes 20, paseando por el limeño distrito de Surco, y ahora las autoridades bolivianas aceleran los trámites para su deportación.


Valle Ureña –como en fecha más cercana el expresidente de YPFB y del Senado Santos Ramírez Valverde– deberá asumir sus responsabilidades legales respecto las acusaciones de corrupción y la justicia cumplir sus deberes, para sentar precedente –como, en otra dimensión, fue la condena a Luis García Meza– contra actuaciones delictuosas similares –pasadas, presentes y, quisiera que no, futuras.


Para cerrar esta reflexión, retomo la idea de que la escuela debe tener –y de hecho, por obligación moral, la tiene– la responsabilidad de inculcar la virtud pública en los educandos, sin sectarismos y tendencias.


Del humanismo cristiano y de los hombres. Me faltó comentar –que no es olvidar– un hecho que me llena de orgullo: Fui invitado, días atrás, como docente a la primera sesión de la Academia de Comunicación Política, en Ciudad de Guatemala.


Y si muy interesante fue el encuentro con expertos de primer nivel y con comunicadores de muchas partes de nuestro continente –México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Brasil, Venezuela, Perú, Chile, Argentina (espero no olvidar ninguno) y Bolivia en mi persona–, más lo fue el espíritu doctrinal que lo animaba: el Humanismo Cristiano, concepción del mundo cuyos valores se basan en la solidaridad social en pos del bien común y la responsabilidad recíproca entre individuo y comunidad, reafirmando –contra el liberalismo económico– la responsabilidad del Estado y la sociedad con los grupos sociales más desprotegidos, como parte todos de una misma comunidad.

domingo, 22 de agosto de 2010

Un país fraterno, justo y solidario

Este domingo oí la misa en una parroquia en Lima, Perú.

La homilía estaba dedicada a un tema que nos atinge a todos: construir un país fraterno, justo y solidario. Como Perú está en un período electoral, la importancia de reflexionar sobre cómo la clase política, la corrupción y los valores éticos son aspectos fundamentales tras el fin de conseguirlo se convertía en una necesidad perentoria e ineludible.

Pero la reflexión era tan cercana a cualquier latinoamericano que podíamos haberla oído –y seguro ya la hemos escuchado y leído muchísimas veces– en La Paz, en Buenos Aires, en México o en cualesquiera de nuestros países: la vocación de servicio a la comunidad, para muchos políticos que aspiran a ocupar –u ocupan– cargos electivos, como valor ético está reemplazada por la búsqueda del beneficio personal o sectario. Los valores que constituyen la virtud –como fuerza de las acciones– de un servidor público están lamentablemente tergiversados cuando lo que ese político busca es que la comunidad sea la que le sirva, degenerando su responsabilidad ante la sociedad que lo eligió por el mal uso público del poder en pro de beneficios obtenidos mediante la corrupción.

Y la corrupción –que es el hecho de pasar del ser al dejar de ser– es, como lo define entre siete precisas acepciones el Diccionario de la Real Academia Española, la pudrición –la perversión– de algo vivo y su viciar. Porque eso es lo que la corrupción conlleva al ser público que la practica: la destrucción de los valores que motivaron su elección y el enviciamiento de su vida pública, dejando de ser un ser social –de servicio a la sociedad– para convertirse en un enemigo de esa misma sociedad.

Pero esta reflexión va aparejada con otra, también importante: ¿Dónde le enseñamos al que será ese hombre público –cuando aún es un proyecto de ser social: un niño, un preadolescente– esos valores que son la virtud de su vida social? La respuesta debería ser en la escuela, que es el lugar de formación de la personalidad y la consciencia social de todos nosotros. Pero el común de nuestra escuela latinoamericana, no importa la latitud y a pesar de sus honrosas excepciones –que para eso son las excepciones: para demostrar por comparación–, es cada vez más donde prima la información sobre la formación.

Si bien este comentario partió de una reflexión religiosa, para nada tiene que circunscribirse a este ámbito, aunque no deje de tener una gran relevancia, más allá de su denominación. Los valores practicados de nuestras sociedades deben ser el resultado del ejercicio de la virtud individual como antítesis del vicio social, y la incorporación de estos valores son responsabilidad de los actores de la formación de los niños y jóvenes: la familia, la escuela y la sociedad en su conjunto; sin embargo, la escuela debe tener –en su permanente función de formar al futuro individuo social– la obligación de inculcar la virtud pública en los educandos, pero descartando sectarismos y tendencias.

El ejercicio de esta virtud pública, la del servicio social y no del beneficio individual, no sólo hará transparentes las sociedades sino hará que se generalice la recuperación de la confianza social y, entonces, seremos más libres.

martes, 3 de agosto de 2010

Varias opiniones que no quiero dejar pasar

José de Mesa. Si Von Humboldt mereció que lo denominaran Segundo Descubridor de América, Don Pepe –con Doña Teresa– también ayudaron a descubrir Bolivia. Uno de los historiadores más importantes del país, una buena parte del conocimiento sobre el arte colonial altoperuano se debe a esta incasable pareja. Colega mío como docente en los primeros años de “Nuestra Señora de La Paz”, era estimulante ver cómo despertaba el interés de sus alumnos, que siempre le rodeaban fuera de clases. Escritor erudito, formó una sólida familia intelectual. Su obra de recuperación cultural de Bolivia sigue viva y será largamente perdurable.

Fútbol y política: todos somos expertos. Pero no hace falta serlo para darse cuenta que el fútbol boliviano –más allá de los amores que se tengan– castiga hoy, con mucho, la honrilla de todos. Lejos –verdaderamente muy lejos– están las Eliminatorias para el Mundial 2004, cuando un equipo de todos despertaba el orgullo de propios y extraños: Un gran equipo (¿recuerdan la primera derrota de un equipo brasilero en eliminatorias mundialistas? ¿El Prado paceño lleno hinchas bolivianos que esperaban ver llegar a los poderosos vencidos? Y después celebrar, merecidamente, a los triunfadores), un entrenador exitoso y comprometido (con sus bigotes hirsutos como banderolas) y una dirigencia unida. Después de los bochornos de los últimos años –a pesar de que siempre hay quienes se consuelan en probabilidades estadísticas que van desapareciendo con la ilusión–, hay un plan propuesto y una mencionada voluntad gubernamental; nos falta –al menos, hasta ahora– sumar la unidad dirigencial, desprovista de mezquindades y parcelamientos. Ojala resulte.

Leyes fundamentales. Ya la Asamblea Legislativa Plurinacional se estrenó aprobando las Leyes que eran imprescindibles para el funcionamiento de la Nueva Constitución Política del Estado de 2009. Criticadas por unos, celebradas por otros, es verdad que la oposición parlamentaria no aportó –o no pudo o no tuvo el tiempo de llegar a hacerlo– mucho a sus contenidos, pero lo que nadie duda es que completan el andamiaje constitucional que se inició en 2006. Ahora faltan sus Reglamentos, y es en esa práctica que se podrá conocer el valor y la efectividad de esas leyes y en esa fase operativa es donde se podrán enmendar divergencias, siempre que exista la voluntad común. Pero, como leyes promulgadas que son, aunque no se compartan por quienes la critican, son de estricto cumplimiento mientras otras no las sustituyan o enmienden.

Ideas y no insultos. Se le atribuye a Karl Marx la frase “cuando se acaban las ideas, buenos son los insultos”. No lo comparto y lamento que en los últimos años cada vez haya menos debate de ideas y más se discuten eslóganes reiterativos aderezados de insultos, con pocas excepciones. De toda la nueva clase política –porque la anterior a diciembre de 2005 desapareció–, la gubernamental y la opositora, la Opinión Pública espera mucho más en nuevas ideas. El país las necesita.

Espero –como todos los que me leen hoy– que mi próxima opinión sea menos quejumbrosa.

Dios lo quiera.

viernes, 16 de julio de 2010

Acaba el fútbol, recomienzan los mismos días

Acaba la Copa Mundial de Fútbol y con ella se van las alegrías y los sinsabores, los pronósticos perdidos (los peores míos: una predicción, pública además, que fracasó; una botella de tinto español que me ganó mi amiga Pilar, pero ya sabemos que con mujeres y abogados no se debe discutir), un pulpo Paul que pasó a estrella (y hubiera preferido que no fuera un pitoniso goloso), la pegajosa música de Shakira y el estrépito de las vuvuzelas.

Fue una Copa de sorpresas: ganó España, que nunca había llegado a la final, a los 116 minutos de un partido donde punzós y naranjas se la batieron, y ganó como todos los partidos en que triunfó –había perdido uno con Suiza, en las eliminatorias–: con un único gol, pero éste fue el de oro, el de la Copa. Fue la Copa donde había más equipos latinoamericanos en octavos de final –6– y donde Uruguay volvió a llegar a cuartos después de varias décadas de esperarlo.

Pero, con mucho, fue la Copa que abrió las puertas de África a todos los fanáticos del fútbol en todas las latitudes y que, también, permitió que entráramos en la diversidad de un país multirracial y multicultural como es la República de Sudáfrica, un país con 11 idiomas oficiales, la mayor economía de todo el continente y una población que ha sabido –después de muchas décadas de conflictos raciales que eran el reflejo de desigualdades económicas– confluir armónicamente los diferentes habitantes originarios –bantúes, xhosas y zulúes, entre otros– con los sucesivos pueblos que migraron a ese territorio. Por eso su lema nacional: !KE E: /XARRA //KE, que en lengua khoisan quiere decir “Unidad en la diversidad”.

Al inicio de la Copa, rendí homenaje a Nelson Rolihlahla Mandela, el Padre de la nueva Sudáfrica, el hombre que supo, por arriba de los odios acumulados en generaciones, enseñar a todos los sudafricanos que la venganza sólo traería más odio y que un país grande se construye sobre la grandeza de espíritu de sus hombres. ¡Qué hermoso mensaje para todos!

Pero la Sudáfrica de Mandela también fue el lugar donde otro gran hombre empezó su lucha social y moral por la igualdad y el mejoramiento humano: Si Mandela cerró el siglo 20 con el triunfo de su lucha, Mohandas Karamchand Gandhi –Mahatma, el Alma Grande– lo inició cuando luchó en ese país por los derechos de sus compatriotas de origen indio, empleando desde ya el “arma” que le daría, años después y también impulsada por él, la independencia a la India: la resistencia no violenta.

Estos dos hombres: Gandhi y Mandela, en distintas épocas pero con la misma voluntad y convencidos que el hombre puede lograr sus metas sin violencia contra su prójimo pero con la firmeza de sus convicciones –la verdadera democracia–, hicieron de Sudáfrica un hito.

Desde este lunes, ya sin el ruido de las noticias de la Copa, todos volvemos a nuestras labores rodeados de las noticias diarias que un poco habían quedado opacadas por la algarabía del fútbol: las buenas y las malas.

Por eso no quiero que esta Copa pase sin recordar que no hubiera existido sin el ejemplo y las acciones de estos dos hombres muy grandes: Gandhi y Mandela.

A ellos, todo mi homenaje.

De football, fútbol y economía

De football y fútbol. La entrega anterior empecé a escribir una serie de comentarios sobre lo que más nos llena los medios –sin contar los avatares internos bolivianos–: la Copa Mundial de Fútbol.

La 19ª. Copa hizo historia por 2 records en sus Octavos de Final. Ha sido la más universal, pues Europa –por vez primera desde que estableció esta modalidad en México ´86– sólo tiene 38% de los equipos participantes, después que en las 6 Copas anteriores siempre tuvo 63% –excepto en la de 2002, que descendió levemente a 50%–; y ha sido la más “latinoamericanizada” por haber colocado en esta etapa, por primera vez, 6 equipos –con la novedad de tener la misma cantidad que Europa.

De football. Europa ha sido –sin contar África– la Federación que más equipos han tenido que abandonar la Copa en las Eliminatorias, con 7 delegaciones: Dinamarca, Eslovenia, Grecia, Serbia, Suiza,  Italia y Francia –con escándalo nacional.
Al momento de escribir estas líneas, Inglaterra y Eslovenia ya salieron de contienda.

De fútbol. De América Latina, sólo Honduras perdió su clasificación a la segunda etapa, sin haber ganado ningún partido. Por el contrario, los otros 6 países –Uruguay, Argentina, Brasil, Paraguay, México y Chile– pasaron a los Cuartos de Final con el entusiasmo de clasificarse a esta ronda.

Lamentablemente, 4 países nuestros, por avatares de la distribución, han tenido que eliminarse entre sí: México por Argentina y Chile por Brasil.

De economía. Todo esta fuerza de equipos de América Latina ¿ha sido resultado de que la experiencia internacional de nuestros jugadores –Messi, Kaká, entre muchos– en equipos de primer nivel, casualmente europeos? Por el contrario, ¿los europeos decrecen porque sus mayores equipos son formados en su mayoría por jugadores extranjeros –principalmente latinoamericanos (brasileros y argentinos, sobre todo) pero también muchos africanos?
Estas dos respuestas no me explican –al menos totalmente– este nuevo escenario. Y necesito una más “global”: la economía y la crisis.

Desde 2008, el término “crisis global” ha entrado en nuestras diarias conversaciones. Cuando se inició con el descalabro de las hipotecas en EE.UU., los pronósticos fueron desde optimistas –una coyuntura delimitada y una rápida recuperación– hasta catastróficos –el fin de la economía mundial como la conocemos. Como siempre, ninguno de los extremos fue real.

El PIB mundial disminuyó en 2009, según el Banco Mundial, en 2,2% pero para este año pronostica aumento de 2,9% y 3,2% en 2011. Sin embargo, el mayor crecimiento corresponde para los países en desarrollo, con especial lugar para América Latina: 2009: 1,2%, 5.2% este año y  5,8% en 2011. La diferencia con los países desarrollados es significativa: 2009, -3,3%; 2010, 1,8%, y 2011, 2,3%.

Esta crisis económica repercutió sensiblemente en una crisis emocional y de autoestima en la población de los países más afectados. Entonces, no sería arriesgada la hipótesis de que los futbolistas de nuestra América Latina –por primera vez mejor preparada para afrontar una crisis que las grandes economías– estaban emocionalmente en buenas condiciones de afrontar sus retos.

Es mi criterio. ¿Y el suyo?

p.d.: Adelanto mi campeón (desde el corazón): Brasil. 

Del cautiverio al paraíso

Ésta es una historia con varios actores.

El primero, organizaciones bolivianas en defensa de los animales. Integradas por activistas voluntarios –la mayoría jóvenes–, muchas de estas organizaciones están comprometidas, sin ningún fin de lucro, en la protección y rescate de animales en cautiverio.

El segundo, la anterior Legislatura y el Gobierno Nacional, que en 2009 elaboraron y promulgaron la Ley 4040, pionera mundial, que prohíbe el empleo de animales de cualquier tipo para espectáculos de entretenimiento en Bolivia. Esta Ley surgió gracias al esfuerzo mancomunado de parlamentarios y varias organizaciones defensoras de los animales y hoy sirve para que otros países –como Perú– discutan leyes similares.

El tercero, el circo Abuhadba que, promulgada la Ley 4040, donó a ANIMALES SOS BOLIVIA 5 leones y un papión. En ese momento, esta organización –dirigida por Susana del Carpio, una decidida militante de esta causa– los traspasó a ANIMAL DEFENDERS INTERNATIONAL (ADI) –una Fundación británica dedicada a la protección y rescate de animales en cautiverio o experimentación médica y con una extensa trayectoria y experiencia internacional– para su posterior traslado a santuarios de la vida animal.

El cuarto, las autoridades de Cochabamba, que a fines de 2009 accedieron al pedido de ADI de alojar en predios municipales y permitir la construcción de edificaciones temporales destinadas a estos animales rescatados, en su tránsito hacia sus destinos definitivos.
El quinto, los medios de comunicación y la población cochabambina y las autoridades nacionales. Los medios de comunicación, porque colaboraron decididamente a difundir la verdad sobre el cuidado y recuperación que recibían estos animales en su refugio temporal, clarificando tergiversaciones. La población cochabambina –principalmente vecina al refugio transitorio, incluidos colegios–, porque después de habérseles explicado individualmente qué se estaba haciendo y cuál era el propósito, se convirtieron en decididos defensores de la protección animal. Las autoridades nacionales –sobre todo las de Medio Ambiente y las de Salud Animal– porque colaboraron en el proceso legal para el traslado al exterior.

Y la sexta, ADI y su presidente, Jan Creamer, una dama británica menuda pero con el entusiasmo de una multitud para defender los animales. Jan, con sus muchos colaboradores internacionales y locales y con especialistas en veterinaria, como el norteamericano Dr. Mel Richardson –autoridad mundial en grandes animales salvajes, que estuvo varias veces en Bolivia supervisando el estado y recuperación de estos animales–, asumió sobre sí y su organización el llevar estos animales a santuarios de la vida salvaje, los leones a PAWS, en EE.UU., y el papión a Monkey Sanctuary, en Inglaterra.

El jueves pasado, los leones fueron trasladados a California y el viernes ya estaban libres en PAWS y pueden ser vistos en http://adirescuediary.com/ mientras que el papión está aislado para continuar su rehabilitación emocional y viajar en próximos días.

Es un honor para Bolivia ser pionera en legislación de este nivel y también serlo a nivel regional en estos rescates. Todos tenemos un motivo más de orgullo.