Vivimos
en un país fascinante y contradictorio entre sí, Las Bolivias, en el que —más
que en el Macondo con aires caribeños y aromas bananeros—, en strictu sensu,
deberíamos identificarnos sin dudar como habitantes De lo Real Maravilloso.
Porque en Las Bolivias todo lo que sucede sólo parece que sucede y lo que no
pareciera que puede suceder, sucede. Me explicaré de adelante para atrás (ya
que estamos en este mundo de cabeza).
En 2006,
subió un gobierno (el del MAS-IPSP, que en 2002 Jorge Lazarte Rojas ya lo
describió no como un partido sino como un movimiento de organizaciones del
espectro político que se habían unido en pro de lograr el poder que nunca
alcanzaban, juntos por aquello de pesca en río confuso) que prometió una
Revolución Cultural y la reivindicación del indígena, para lo que daría al
traste con las reformas modernizadoras de inicios de los años 90 del siglo
pasado —una revolución más silenciosa pero tan profunda como la que hubo cuarenta
y un años antes— e, incluso, con todo el “sistema explotador vigente”…En
realidad, fue una narrativa que aprovechó los éxitos de las reformas anteriores
como de sus trofeos fueran y las reivindicaciones quedaron en narrativas y en
beneficios para sus conmilitones. Y, lo paradójico, a pesar de las verdades
posteriores, algunos se lo siguen creyendo y otros, peor, repitiendo.
En 2019
una mafia de tramposos quiso forzar la mano y (amén de desconocer la voluntad
popular de 2016) robarse las elecciones y la indignación del país hizo que la
picardía huyera para arroparse en sarapes y cobijas hermanas y el país —que
vadeó una guerra civil envenenada por el pícaro— creyó iniciar una
Transición hacia la democracia. Crasa ilusión: bombardeada desde afuera
y bombardeada de múltiples flancos desde adentro, esa Transición no salió de
repetir los mismos errores que, en general, hemos arrastrado desde el Mariscal
de Zepita agrandados por una inexperiencia mayúscula que aumentaba su propia
ineficiencia, amén de corrupciones descubiertas. Así fracasó la Transición y
abrió el camino para el regreso de Lo Pasado aunque no fuera el del Pícaro sino
el de un mendaz discípulo. (El que el No Tan Nuevo mordiera la mano de
su mentor se entiende porque entre pícaros siempre se dice que no hay honor).
Y
llegaron las campañas electorales bolivianas. No voy a recorrer todo el camino
desde que se empezaron a generar las precandidaturas, que pasaron por la
conformación de la Alianza UNIDAD —que terminó en desUnidad— y que, para fines
de mi conversación, iniciaré con la aplicada del 22 al 26 de mayo de 2025 y
difundida el primero de junio (mes y medio antes de la primera vuelta
electoral) cuando para IPSOS MORI (y UNITEL) el primer lugar nacional lo
ocupaba Doria Medina y UNIDAD, el segundo Quiroga y la Alianza LIBRE, el
tercero Rodríguez, el cuarto el voto nulo, el quinto la abstención, el sexto
Reyes Villa y Paz Pereira el séptimo. Recién en la última encuesta aprobada por
el OEP, la realizada por IPSOS MORI también para UNITEL del 2 al 6 de agosto y
difundida el 10 (una semana antes de la votación), Paz Pereira sube al tercer
lugar —el 8,3 %—, a menos de la mitad de las alícuotas de Doria Medina (el 39
%) y Quiroga (el 41,5 %), pero en realidad quinto si subimos nulos e indecisos.
Al final de esa primera votación obtuvo el 32,06 % en primera vuelta, mucho más
que los pronósticos, incluyendo de resultados el 19,87 % de nulos y el 2,5 % de
blancos (la abstención fue del 13,05 %); la suma de residuales emitidos fue del
22,37 %, el tercer lugar de los votos totales; en ballotage subió Paz al 54,96
% mientras la encuestas le daban poco menos promedio del 38 %.
Y aunque
cruzar encuestas con votos es bastante festinado en buena estadística, es de
admirar el crecimiento de Paz total del 22,9 % en la segunda vuelta desde la
primera, más que el trasvase de todos los votos del tercero. Y sin dudar en
ningún caso por la fiabilidad, el recorrido demuestra un asombroso crecimiento
(casi inusitado) en cortos 45 días.
Desde
entonces, en nuestra Realidad Maravillosa hemos tenido un vicepresidente
tenazmente opositor (Paz padre no llegó a tal extremo con Siles), una continuada
emisión de decretos (y hasta una ley) rápidamente derogados, un paro y bloqueos
de 53 días que atenazaron el país, cambios continuados de autoridades, el
escándalo de la gasolina contaminada, anuncios de leyes a enviar la Asamblea
que van goteando (las poquísimas que llegan), un país sin representación
exterior (al menos, la propia del nuevo gobierno)…
Y, yapa
al fin cual clímax de vaudeville, el affaire Cerimedo-Beller, con una
inusitada acción sicaria (vaya de mal realizada, con tres balazos casi frente a
frente a la víctima que casi no sangra y una moto inútil), un asesor
presidencial que parece personaje de comedia de enredos (con una biografía no
biografiada al fin), galán y victimario intelectual presunto, “granjas” de boots,
millones, detenciones casi en puerta de avión y una dama embarazada/no
embarazada (porque no permite comprobarlo) permanente tránsfuga que rechaza
revisión pericial policial, que a inmediatez del ataque da conferencias de
prensa (¿eso puede hacerse en una clínica con víctimas de supuestos
atentados?), peritajes tecnológicos en menos de una hora… y la permanente
inmovilidad del Poder (cada vez con menos Poder).
Hoy me
quedo en la acera del escepticismo, en espera de no-vedades. Que las habrá.
Información consultada
https://brujuladigital.net/opinion/el-riesgo-de-una-crisis-de-gobierno.
https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_generales_de_Bolivia_de_2025.
https://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Cerimedo.
https://es.wikipedia.org/wiki/La_Derecha_Diario.
https://larazon.bo/politico/2026/08/15/dos-velocidades-la-crisis-corre-el-gobierno-va-lento/.

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