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sábado, 13 de abril de 2024

Las Bolivias después del Bicentenario (y va el # dos)

 

«El decurso de los acontecimientos hace preguntarse a muchos qué está pasando en este país, en el que la polarización política ha pervertido y contagiado a los medios de comunicación y muestra ya preocupantes evidencias en el comportamiento de la calle. La respuesta [es:] la clase política es la peor que hemos tenido desde hace casi medio siglo. […] La clase política en general, la de las democracias en particular, es manifiestamente mejorable y lo que está fracasando es el sistema de representación».

Una visión panorámica que describe a cabalidad más de cuarenta años de crisis latentes y de crisis reales —con “momentos” (no más que eso) entre ellas de fuertes medidas rectificativas, a veces dolorosas pero imprescindibles, a veces vilipendiadas pero efectivas— para nuestra Bolivia.

«Las clases dirigentes no pueden alegar inocencia ante la crispación creciente de la sociedad, animada y promovida por los medios de comunicación, financiados unos, amenazados otros, o financiados y amenazados a un tiempo, por el poder».

Agregaré silenciados —de muchas formas: algunas “legales” las impositivas y las financieras pero tan deleznables como las mafiosas y violentas de las dictaduras— los medios que intentaron resistir las amenazas, como en recientes fechas lo fueron Página Siete y Los Tiempos y un poco antes El Diario y lo fue también el único medio escrito verdaderamente nacional: Presencia.

«[…] La falta de diálogo entre los diferentes es el origen fundamental del deterioro de la política, convertida en espectáculo de pésima calidad, cuando no en prácticas mafiosas como  los  casos de corrupción demuestran. Estos tienen que ver de ordinario con el insaciable apetito de financiación [y aun] con la liberalidad interesada de los gobiernos, dispuestos a  fomentar subvenciones de todo tipo, a personas e instituciones, con el pretexto de combatir desigualdades sociales».

Bonos y sinecuras, clientelismo sin meritocracia; bonos y ayudas que fomentan la dependencia clientelar pero que para los que realmente es su única forma de subsistir —los únicos para los que sí es justicia social— les hace olvidar el fracaso de la Política en crear un sociedad de hombres y mujeres libres e independientes gracias a su trabajo digno y a sus salarios justos, fracaso consecuencia de modelos siempre fracasados vendidos como panacea pero que sólo producen pobreza y, poco luego, miseria.

Los textos resaltados no se refieren a Bolivia ni los escribió un boliviano pero bien la reflejan y cualquiera que escriba con independencia de criterio pudo suscribirlo. Son de Juan Luis Cebrián, exdirector de El País (1976-1988) y expresidente del Grupo Prisa (2012-2018) en España (“Bambi y la polarización”, The Objective El País se lo censuró—, 09/04/2024) y se refieren al actual momento de España (“momento” del que Cebrián puede hablar con mucho conocimiento, porque siempre fue conmilitón del Poder), con el socialismo prostituido a conciencia  por una rosca abyecta decidida a enquistarse en el Poder por cualquier modo—en loor de algunos amigos honrados que, a pesar de todo, aún apuestan por el socialismo diré que tiene que haber, por ellos, uno de personas forradas de ilusiones sinceras. ¿Acaso las frases no reflejan nuestra Bolivia ahora y el cainismo que nos espera camino del Bicentenario —y podría agregar las incompetencias egoístas de la que debe ser su “acera de enfrente”?   

El artículo de la semana pasada lo escribí pensando en dos queridas amigas de quienes entonces no quise hablar para no ofender sus modestias pero rectificaré porque un amigo me recordó que honrar honra, como dijera Martí: lo concebí pensando en Susana Seleme Antelo y Paula Peña Hasbún, orgullo ambas para Bolivia y, en particular, para Santa Cruz.

Éste de hoy lo pienso en dos amigos españoles, amantes fieles de Bolivia y siempre activos colaboradores y hermanadores de nuestros pueblos: Ramón Emilio Mandado —quien me proveyó el artículo de marras— y el P. Juan Manuel Díaz, profesores universitarios también en Bolivia y de los que he aprendido trabajando con ellos.

Pero no será ésta la última entrega de “Las Bolivias después del Bicentenario”…

 

Información consultada

https://theobjective.com/elsubjetivo/opinion/2024-04-09/bambi-la-polarizacion/

sábado, 30 de marzo de 2024

Del “des-amor fraterno” y el quehacer de la política boliviana

Para los cristianos de cualquier denominación, la Semana Santa es la celebración del mensaje de Amor Fraterno con el que Cristo Jesús se ofrendó para redimir al Pueblo de Dios, entendido éste sin las barreras de Pueblo Elegido cuando el Éxodo y extendido irreversiblemente a todos los que acogiéramos Su Mensaje de Paz y Amor.

Sin embargo, muchas veces le cerramos —bloqueamos más bien— las puertas de nuestro corazón y buscamos en nuestro entendimiento justificaciones y subterfugios para evadirlo. Habría mucho que decir de cuánto lo obliteramos en nuestro diario comportamiento: en nuestros estudios, en nuestra familia, en nuestras amistades y relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra actuación cívica ciudadana —deberes y derechos… Me resumiré a opinar sobre esta última esfera.

Todos somos miembros de la comunidad ciudadana y ejercemos y expresamos nuestros derechos como sociedad civil. Salvaré el concepto de ciudadano más allá del griego original, porque somos miembros de esa sociedad civil todos los hombres y mujeres, propietarios o no, más allá de ser identificados como ciudadanos por el registro civil (me disculpo con los puristas conceptuales) porque vivimos en una gran polis —extrapolo el original de ciudad por el de donde vivimos— que identificamos como Santa Cruz, como Bolivia, como Nuestra América, como la denominó José Martí: más allá de las etiquetas de una Latinoamérica, de una Iberoamérica y de una Hispanoamérica. Pero me pregunto: ¿ejercemos esos derechos que tenemos como miembros de la sociedad civil y, por ende, ciudadanos de nuestra polis?

Entraré a comentar por dos vías: desde nosotros mismos y desde los que detentan la Política.

En nuestra sociedad civil —aunque la primera referencia que me viene a la mente es en Santa Cruz, en Bolivia pero vale para toda Nuestra América— ¿aceptamos “al otro”? (entendiendo “el otro” como alguien que no es mi calco: ni ideológico, ni social, ni educativo, ni de origen, ni de aspecto, ni de género…). Sobre todo: ¿oímos y respetamos “al otro” aunque no coincidamos? Definitiva, rotundamente: no. Si el cruceño, el boliviano como persona es fundamentalmente amable y, la mar de las veces, profundamente generoso —sin dudas ampliaré mi afirmación hasta la inmensa  mayoría de los latinoamericanos porque en todos los países de la Región donde he ido (para trabajar, para vivir o sólo para visitar) el trato ha sido similar de similar apertura—, ese individuo amable y generoso puede convertirse sordo cuando confronta otras ideas diferentes a las suyas, en ocasiones —muchas más de las esperadas— afincadas como dogmas inamovibles y sostenidas —también muchas más de las esperadas— con violencia bajo el argumento supuesto de “porque mi Verdad es la única Verdad”.

Y lo extrapolamos a lo que denominamos la Política en la que muchos de sus profesionales —o ansiosos de serlo—, más que ejercer la democracia, ejercen su único e individual pensamiento. Y no hablo de las dictaduras o de las dictablandas: con civiles y con militares, bajo las armas o con las urnas; llevamos doscientos años —como un continum— de no ejercer la democracia bajo la narración pública de estarla ejerciendo con muchos líderes —gobernantes o aspirantes a serlo, iluminados mesiánicos o actores fortuitos, convencidos o farisaicos, ilustrados o ignorantes— de los que me abstengo de totalizar.

¿Y qué hacemos para ejercer nuestros derechos? No conciliamos ni debatimos, confrontamos y muchas veces violentamos los derechos de otros —bloqueos, marchas, petardos e incendios, a veces también hasta vandalizamos— y protestamos iracundos pero volvemos a apostar —votar— por las mismas “cuentas de colores” o, como diría un profesor y amigo muchos años atrás, “por los mismos bueyes con guirnaldas”.

Quizás nos falten muchos Pablos y Bernabés (como en Hch 14:11-15) para entender el amor fraterno entre hermanos que describe Rom 12:10.

Tengan una muy feliz Pascua de Resurrección.