Cuarenta
y cuatro días de conflicto en nombre… «del pueblo». Pero ¿de qué «pueblo»?
Como
Carlos Toranzo días atrás (“¿Quién es el pueblo?”), yo me pregunto: ¿Acaso los
que sufren bloqueo; los que tienen hambre porque no llegan los alimentos a las
zonas urbanas y los pocos que llegan están con precios prohibitivos; los niños
que no toman leche porque no ésta llega a las ciudades; los que esperan oxígeno
en los hospitales para operarse o porque no hay medicinas; los que mueren
—niños, adultos— sin poder llegar a un centro de salud especializado, un
hospital; los niños y adolescentes y jóvenes que no pueden ir a estudiar porque
hay miedo a los manifestantes violentos o no pueden desplazarse en las zonas
urbanas por la escasez de combustible o, tampoco, en zonas apartadas por los
bloqueos; los agricultores y los ganaderos y los polleros que pierden sus
productos porque no pueden enviarlos a las poblaciones y los que ven morir sus
animales porque no les llega alimentos; los que pierden sus trabajos porque en
lo que trabajan (los micro y pequeños empresarios, los cuentapropistas) o en
donde trabajan (empresas medianas y grandes) no les llegan suministros; las
empresas que quiebran porque si aún producen algo no pueden venderlo (acá o
exportarlo) y también hacen perder puestos de trabajo y salarios y recursos
para jubilaciones; la salud y la educación que no recibirán ítems ni recursos y
las carreteras que no se harán y las viviendas asequibles que no se
construirán; los comerciantes que no pueden vender para ganar su sustento (y
que reciben insultos de quienes no pueden comprar); los transportistas
(urbanos, interurbanos, interdepartamentales e internacionales) que no pueden
trabajar y que no recibirán nada… Puede seguir la relación: Para donde miremos,
siempre habrá afectados, no uno sino muchos.
Es que
pareciera que no nos entendemos cuando decimos diálogo: Porque para que haya
diálogo se necesita, al menos, dos (personas, partes, grupos) y ambos
dispuestos de oír, analizar y contemporizar (acordar) con el otro. (Que no es el
otro que el masismo quiso imponer: el malo de Oriente, el capitalista, el
que no era marxista-indianista). Pero eso no ha pasado fundamentalmente en más
cuarenta días de conflicto.
Pero me
corrijo: Sí hubo diálogo con quienes quisieron hacerse oír y oír al otro. Pero
estaban los que marcharon y bloquearon y agredieron en nombre de demandas que
no les interesaba discutir porque tenían un trabajo pagado: derrocar al
Gobierno elegido democráticamente (a estas alturas que sea un gobierno
timorato, indeciso, lleno de supuestos compromisos y —no me queda duda alguna—
perplejo de alcanzar el gobernar no es importante: es el que Bolivia eligió en
mayoría) a cómo dé lugar, para que regrese el socio de los cárteles (al que ya
varias veces Bolivia dijo ¡No!) y el socialismo veintiunero y la droga oficial
(¡vaya que hizo esfuerzos el masismo por sacar la coca de las sustancias “drogas”! y menos mal que
no repitió el sonsonete de “Coca no es Cocaína”).
Lily
Peñaranda días atrás mapeó los bloqueos (“Vulnerabilidad educativo-lingüística
y bloqueos de caminos en Bolivia”) y nos descubrió algo que todos deberíamos
entender: Las zonas de mayor concentración de bloqueos, y de violencia por
ende, corresponden con las de más alta concentración de analfabetismo en
mayores de 15 años y con las zonas mayoritarias de personas que no habla
castellano. Es decir: Las zonas de mayor vulnerabilidad educativo-lingüística
corresponden con las zonas de más alta concentración de conflictos: bloqueos,
enfrentamientos. No curiosamente coincide con el análisis que de la estupidez
hizo el historiador económico italiano Carlo Maria Cipolla con sus Cinco
Leyes Básicas de la Estupidez Humana, de la que partiendo de su Tercera Ley
(«Una persona es estúpida si
causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ganancia personal
alguna o, incluso peor, perjudicándose a sí misma») lo condujo a su clasificación de estúpidos (a
los que “Antes que anochezca…” denominé como aquellos ignorantes más que faltos de inteligencia): perjudican a los demás y se
perjudican a sí mismos. Y ésos son los que ahora bloquean bloqueándose a sí
mismos.
En una
cruel parodia de los cuatro Jinetes del Apocalipsis, los cárteles y su
marioneta nos han aventado el caballo rojo (la guerra, la violencia) y el
caballo negro (el hambre) y no les ha importado que con ellos venga el caballo
amarillo (la enfermedad, la peste), movidos por un jinete ensoberbecido montado
en su caballo negro: Evo, enloquecido de retomar el poder que mal usó y perdió y
que, trágicamente para todos, no se da cuenta, en su ignorancia, que sólo es
una marioneta desechable de otros Poderes, los de la Droga.
A pesar
de todo lo anterior, no concuerdo con Einstein y aún confío que esa estupidez humana —hija de la ignorancia—
no sea infinita.
Información consultada
https://brujuladigital.net/opinion/el-mas-y-su-ideologia-trasnochada.
https://brujuladigital.net/opinion/quien-es-el-pueblo.
https://dopsi.es/carlo-cipolla-curiosa-teoria-personalidad/.
https://eldeber.com.bo/opinion/pais-empieza-nacer_1780915806.
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlo_Maria_Cipolla.
https://es.wikipedia.org/wiki/Jinetes_del_Apocalipsis.
https://publico.bo/opinion/santa-cruz-bajo-amenaza-silenciosa/.

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