domingo, 17 de marzo de 2013

Elección Urbi et orbis (notas)



 [1]        Aunque físicamente han sido 264 (descontando los 42 antipapas que la Iglesia Católica reconoce desde San Hipólito [217-235] hasta la convocatoria del Concilio Vaticano II [1962-1965]) porque Benedicto IX —el Obispo de Roma más joven, con 14 años y pariente de otros 5 Papas: Juan XI, Juan XII, Juan XIII, Juan XIX y Benedicto VIII— lo fue en 3 ocasiones distintas en el siglo xi.
[2]        De acuerdo con lo establecido en la Constitución Apostólica "Universi Dominici Gregis" del Papa Juan Pablo II [1996] que regula los Cónclaves y en la reciente Carta Apostólica “muto proprio” de Benedicto XVI, que la modifica y amplía.
[3]        En total, tiene 113 cardenales porque 52 no son electores por ser mayores de 80 años, aunque pueden participar en las deliberaciones previas —las Congregaciones Generales— y ser elegidos.
[4]        Latinoamérica: 19 electores (11 no votantes); Norteamérica: 14 votan y 8 no; Asia: 11 eligen y 9 no tienen derecho; África: 11 electores (más 7 octogenarios), y Oceanía sólo tiene un cardenal elector mientras otros 3 no son ya aptos para votar.
[5]        La Constitución jerárquica de la Iglesia —el Código de Derecho Canónico—, en su segunda parte, sección primera, capítulo primero, canon 323, apartado dos, señala: “Si el romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.”
[6]        Beato, gobernó entre 1848 y 1878 y convocó al Concilio Vaticano I [1869-1870] que, entre otras decisiones, aprobó como dogma de fe la doctrina de la infalibilidad del Papa.
[7]        Entre ellas, revocar la excomunión impuesta al arzobispo francés Marcel Lefebvre —oponente militante de las decisiones del Vaticano II y a quien antes el mismo Ratzinger había combatido— y al obispo inglés Richard Williamson —seguidor de Lefebvre y que ha negado el Holocausto nazi— junto con otros 3 obispos lefrebvianos, y obstaculizar el diálogo de las iglesias cristianas entre sí y con otras religiones, abierto por su antecesor Juan Pablo II; además, se ha opuesto frontalmente a la Teología de la Liberación y a posiciones reformistas dentro de la Iglesia, prohibiendo actividades de teólogos renovadores con Leonardo Boff y Hans Küng, antiguos colegas suyos.
[8]            Durante el denominado Cisma de Occidente, la Iglesia Católica se dividió en 3 obediencias, denominadas según su sede: romana, aviñonense y pisana, cada una con su jerarquía encabezada por un Papa: Gregorio XII en Roma, Benedicto XIII en Avignon y el antipapa Juan XXIII en Pisa. Tras el Concilio de Constanza para acabar con el Cisma, Juan XXIII fue obligado a abdicar, Benedicto XIII fue depuesto porque se negó a abdicar y Gregorio XII abdico voluntariamente y reconoció la validez del Concilio, convirtiéndose en el última Papa en renunciar. Sin embargo, el último Papa que había renunciado sin presiones fue Celestino V [1294]. Los otros Papas “dimisionarios” en la historia de la Iglesia Católica —sin contar antipapas— fueron: Clemente I (88-97, arrestado y condenado al exilio), Ponciano (230-235, exiliado), Silverio (536-537, obligado a renunciar) y Benedicto IX (1045, obligado a abdicar).
[9]        Escrito junto con Peter Seewald, mencionaba si “el papa ya no sea física, psicológica y espiritualmente capaz [...] entonces tiene el derecho, y bajo ciertas circunstancias la obligación, de renunciar”.
[10]      Considerando, además, que su predecesor Juan Pablo II siempre defendió que renunciar al papado era como abandonar la cruz, afirmando “como grave obligación de conciencia el deber de continuar desarrollando la tarea a la que Cristo mismo me ha llamado”. Juan Pablo II falleció en 2005 tras una larga agonía, permanente y mediáticamente visible para todos.
[11]      En esos días, el cardenal alemán Walter Kasper adelantó a la prensa que: “Los cardenales casi no nos conocemos. No hay prisa”, además de adelantar que las discusiones en la Congregaciones Generales, además del asunto Vatileaks, iban por la renovación de la curia vaticana: “Es una reforma prioritaria, porque falta diálogo interno, los dicasterios [ministerios] no se hablan, no hay comunicación”. También el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, en rueda de prensa mencionó que discutió sobre diálogo interreligioso, bioética, la justicia del mundo, la colegialidad en el gobierno de la Iglesia y del papel de la mujer.
[12]       Que al inicio de estas Congregaciones Generales ofrecía conferencias de prensa diarias sobre sus posiciones —un hecho de naturalidad inusual frente a la rigidez y secretismo de la curia italiana— hasta que fueron vetados de seguirlas realizando. Junto con el cardenal francés Philippe Barbarin llegando en bicicleta al Vaticano y el ugandés Emmanuel Wamala (86 años) marchándose de las reuniones en autobuses púbicos atestados de gente, eran las novedades en el Vaticano después de la renuncia papal hasta el inicio del Cónclave.
[13]       Elaborado durante 2012, a pedido del Papa, por cardenales octogenarios —por lo tanto, no electores—: el eslovaco Jozef Tomko, el italiano Salvatore De Giorgi y el español Julián Herranz y que presuntamente se refiere a situaciones de corrupción moral y económica dentro de la Curia romana.
[14]       Instituto para las Obras de Religión (IOR).
[15]       Los escándalos del IOR vienen desde décadas atrás: A inicios de los 80 quebró el italiano Banco Ambrosiano —del que el IOR era el principal accionista— cuando se descubrió un agujero fiscal de USD 1.400M, lo que llevó a que numerosos acreedores exigieran al Vaticano que les devolviera el dinero perdido mientars la justicia italiana intentaba juzgar al entonces Presidente del IOR, el arzobispo estadounidense Paul Marcinkus (había sido nombrado por Paulo VI a pesar de no tener ninguna experiencia financiera); al final, el Vaticano pagó USD 406M a los acreedores por "contribución voluntaria" y “responsabilidad moral”. Estas no han sido las úncias acusaciones contra el IOR, siempre negadas por el Vaticano: en 1998 se divulgó un informe del Departamento de Estado de EE.UU. que denunciaba que el gobierno pronazi de Croacia transfirió durante la Segunda Guerra Mundial 350 millones de francos suizos fuera del país a través de la banca vaticana. Tambien se le ha acusado por medios que a través del IOR se blanqueaban USD  55MM  de la mafia italiana anualmente y que tendría grandes inversiones en negocios que contrarios a la enseñanza de la Iglesia, como producción de armamento entre otros. Todas estas denuncias no han podido ser verificadas pero tampoco rebatidas definitivamente. Recientemente había tenido muchas observaciones del fisco italiano, que llevaron a medidas internas y al cambio inmediato de su Presidente, el banquero italiano Ettore Gotti Tedeschi —amigo de Benedicto (quien lo había nombrado para reformarlo) y relacionado con el Opus Dei y el Banco Santander—, sustituyéndolo por otro escogido por agencias internacionales especilizadas en selección de personal, el abogado y empresario alemán Erns von Freyberg, miembro de la Orden de Malta.
[16]       Gobernador nombrado por el emperador Valentiniano de la provincia Aemilia-Liguria, cuya sede estaba en Milán —entonces también la residencia imperial—, cuando la sede episcopal quedó vacante el pueblo clamó Ambrosius episcopus! para que fuera ordenado obispo de la ciudad, aunque aún sólo era catecúmeno; en una semana recibió los sacramentos del bautismo y fue ordenado diáconosacerdote y Obispo. [340-397]
[17]     Roberto de Ginebra (tomó el nombre de Clemente VII), antipapa de la línea Aviñón que reinó entre 1378 y 1394; Pedro de Luna (Benedicto XIII), antipapa de la línea Aviñón [1394-1423]; Pietro Filargi (Alexandro V), antipapa de la línea Pisa [1409-1410]; Baldassare Cossa (Juan XXIII), antipapa de la línea Pisa [1410-1415]; Gil Sánchez Muñoz (Clemente VIII), antipapa de la línea Aviñón [1423-1429]; Bernardo Garnier (el primer Benedicto XIV), antipapa de la línea Aviñón [1425-1429]; Jean Carrier (el segundo Benedicto XIV), antipapa de la línea Aviñón [1430-1437], y el Duque Amadeos VIII de Savoya (Félix V) [1439- 1449].
[18]       Benedicto IX lo fue, por primera vez, a los 12 años.
[19]       La "Universi Dominici Gregis" también eliminó la figura del veto hasta entonces vigente, por la cual podía excluirse de la votación algún candidato.
[20]       Esta regla de mayoría cualificada —excluyendo la unanimidad— fue copiada por la Iglesia de algunas elecciones de gobernantes de varias ciudades italianas, como el Dux de la República de Venecia.
[21]       La regla de los dos tercios —o “mayoría absoluta”— fue adoptada para las elecciones de obispos por los sacerdotes de las diócesis hasta principios del siglo xx, y de los abades y abadesas por sus compañeros, todavía en vigor.
[22]       Sin recordar los medievales, con interregnos de hasta 3 años —antes de la regla del Cónclave, cuando la elección de Gregorio X duró entre 1268 y 1271—, desde el siglo xx el más largo fue el que eligió a Benedicto XV (más de un mes, en 1914) y el más corto (un solo día) a Pío XII (1939).
[23]       El Cónclave (del latín conclāve, que significa “lo que se cierra con llave”). Este procedimiento también fue copiado de otros similares empleados en varias ciudades-Estado italianas y de la Orden de los dominicos.
[24]       A partir del noveno día de deliberación, estaban a dieta de pan, agua y vino.
[25]       Fundado en 1928 en España por el sacerdote san Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás.
[26]     Desvinculados desde 2010 de su fundador, el ex sacerdote mexicano Marcial Maciel Degollado [1920-2008], acusado formalmente de cometer abusos sexuales en miembros de la congregación y estudiantes de sus establecimientos y obligado a retirarse por el Papa Benedicto XVI en 2006; también se ha descubierto que Maciel Degollado era padre de una joven española y era corrupto. Fue fundado en México en 1941.
[27]       Fundado en 1964 en España por los españoles Francisco José Gómez Argüello Wirtz —más conocido como Kiko Argüello— y María Carmen Hernández Barrera y el sacerdote italiano Mario Pezzi.
[28]       Fundado en Italia en 1954 por el sacerdote Luigi Giussani con el nombre original de Movimiento «Gioventù Studentesca».

[29]     Arzobispo de São Paulo, la mayor Diócesis del mundo. Perteneció a la Congregación para los Obispos y era uno de los candidatos más mencionado.

[30]       Arzobispo de Tegucigalpa y Presidente de Cáritas Internacional, mencionado como candidato desde el anterior Cónclave.

[31]       Patriarca copto de Alejandría.

[32]       Uno de los favoritos más mencionados.

[33]       El cardenal más joven.

[34]       Patriarca de Antioquía y Metropolitano de la Iglesia Católica Maronita.

[35]       El segundo cardenal más joven y otro de los favoritos.

[36]       Juan XXIII —conocido como “el Papa Bueno”— luego de Pío XII (que gobernó casi 20 años) y Benedicto XVI tras Juan Pablo II (más de 26 años, el tercer Pontificado más largo). Juan XXIII, a pesar de haber sido elegido como “de transición” y con un pontificado muy corto (menos de 5 años) fue el más grande renovador de la Iglesia en los últimos tiempos, a través del Conciclio Vaticano II, que no vio concluir.
[37]       Mencionado como papable tras la muerte de Juan Pablo II.
[38]       Agnelo, Alencherry, Carlos Amigo Vallejo (España, 78), Audrys Juozas Bačkis (Lituania, 76), Bagnasco, Barbarin, Bergoglio, Betori, Bozanić, Seán Baptist Brady (Irlanda, 73), Carlo Caffarra (Italia, 74), Cipriani Thorne, Collins, Damasceno Assis, Godfried Danneels (Bélgica, 79), Darmaatmadja, DiNardo, Dolan, Duka, Stanisław Dziwisz (Polonia, 73), Eijk, Erdő, Errázuriz Ossa, Francis Eugene George (EEUU, 76), Gracias, Karl Lehmann (Alemania, 76), López Rodríguez, Roger Michael Mahony (EEUU, 77), Lluis Martínez Sistach (España, 77), Marx, Joachim Meisner (Alemania, 79), Monsengwo Pasinya, Naguib, Napier, Njue, Nycz, Okogie, O’Malley, Onaiyekan, Ortega y Alamino, Patabendige Don, Pell, Pengo, Pham Minh Mân, Severino Poletto (Italia, 79), José da Cruz Policarpo (Portugal, 77), Puljic, Raï, Jean-Pierre Bernard Ricard (Francia, 68), Justin Francis Rigali (EEUU, 77), Rivera Carrera, Robles Ortega, Rodríguez Maradiaga, Paolo Romeo (Italia, 75), Antonio María Rouco Varela (España, 76), Salazar Gómez, Sandoval Íñiguez, Sarr, Scherer, Schönborn, Scola, Sepe, Tagle, Terrazas Sandoval, Dionigi Tettamanzi (Italia, 78), Thottunkal, Tong Hon, Toppo, Juan-Claude Turcotte (Canadá, 76), Turkson, Urosa Savino, Agostino Vallini (Italia, 72), Vela Chiriboga, Vingt-Trois, Woelki, Wuerl y Zubeir Wako.
[39]     Bertone, Abril y Castelló, Agnelo, Amigo Vallejo, Bačkis, Bagnasco, Bergoglio, Bozanić, Cipriani Thorne, Damasceno Assis, Darmaatmadja, Dias, Dolan, Duka, Eijk, Erdö, Errázuriz Ossa, George, Gracias, Lehmann, Naguib, Napier, Ortega y Alamino, Policarpo, Puljic, Raï, Re, Ricard, Rigali, Rodriguez Maradiaga, Rouco Varela, Sandri, Scherer, Schonborn, Scola, Tauran, Terrazas Sandoval, Tettamanzi, Toppo, Turcotte, Urosa Savino, Vegliò y Versaldi.
[40]     Santos Abril y Castelló (España, 77), Agnelo, Angelo Amato (Italia, 74), Ennio Antonelli (Italia, 76), Bačkis, Bertello, Bertone, Bráz de Aviz, Burke, Domenico Calcagno (Italia, 70), Cañizares Llovera, Francesco Coccopalmerio (Italia, 75), Comastri, Paul Josef Cordes (Alemania, 78), Velasio De Paolis (Italia, 77), Dias, Raffaele Farina (Italia, 79), Filoni, Zenon Grocholewski (Polonia, 73), Harvey, Hummes, Walter Kasper (Alemania, 80), Koch, Giovanni Lajolo (Italia, 78), William Joseph Levada (EEUU, 76), Manuel Monteiro de Castro (Portugal, 74), Francesco Monterisi (Italia, 78), Attilio Nicora (Italia, 75), Edwin Frederick O’Brien (EEUU, 73), Ouellet, Piacenza, Ravasi, Giovanni Battista Re (Italia, 79), Franc Rodé (Eslovenia, 78), Ryłko, Sandri, Sarah, Paolo Sardi (Italia, 78), Tauran, Turkson, Antonio Maria Vegliò (Italia, 75) y Versaldi.
[41]       El más firme candidato de los italianos y presuntamente apoyado por los cardenales norteamericanos para el pasado Cónclave.
[42]       Secretario de Estado. Aparece en casi todas las predicciones.
[43]       Según esas mismas apostadoras, los nombres más posibles que se asumirían por el nuevo Papa serían Pedro (como Pedro II, porque sólo ha habido uno: San Pedro; tampoco de los antipapas), Pío (XIII) y Juan Pablo (III).
[44]       Obligado por la Iglesia a retirarse de toda actividad, grupos de víctimas protestaron de su participación en el Cónclave.
[45]     Como anécdota, dos días horas antes de la elección —el 11— las redes sociales divulgaron la foto de un indigente en la Plaza de San Pedro con una pancarta que decía "Francesco I. Papa". Oficialmente, el nombre es Franciscus PP —o Papa Francisco— sin ordinal.
[46]       Como explicara Philip Tartaglia arzobispo de Glasgow y presidente de la Conferencia Episcopal de Escocia, Francisco de Asís era "un hombre sencillo que era un pobre sirviente de Jesús y a quien se le encomendó la misión de 'reconstruir la Iglesia.” La adopción del nombre es un símbolo que los nuevos Vicarios dan de cuál será el propósito de su Pontificado: con ello, Bergoglio da un mensaje de su propósito de austeridad y una advertencia de transformaciones al interior de la Iglesia.
[47]       Aunque este dato es relativo porque Joseph Ratzinger llegó al Cónclave de 2005 como claro favorito y heredero de Juan Pablo II.
[48]       Continuo visitantes de las abundantes Villas Miseria de su diócesis, donde iba a cocinar en las Navidades para los más necesitados.
[49]       Cuando era Presidente, Néstor Kirchner lo llamó el “verdadero representante de la oposición” y que la Iglesia encabezada por Bergoglio —quien era Presidente de la Conferencia Episcopal argentina— nunca le reconoció lo que hizo para sacar al país de una de las peores crisis de su historia; sin embargo, a la muerte del ex Presidente, Bergoglio reaccionó rápidamente y a las pocas horas ofició una misa por el eterno descanso de Kichner en la Catedral Metropolitana, en cuya homilía dijo: “El pueblo tiene que claudicar de todo tipo de posición antagónica frente a la muerte de un hombre ungido por el pueblo para conducirlo y todo el país debe rezar por él.” Con Fernandez de Kirchner la relación ha sido menos tensa por períodos, aunque poco cordial.
[50]     Como arzobispo, Bergoglio practicó la sencillez: Vivía en un apartamento pequeño en vez del Palacio Episcopal, siempre utilizaba el transporte público y cocinaba su propia comida; se comenta que sigue utilizando el impermeable de su antecesor y que, para este viaje a Roma, sus obispos le regalaron unos nuevos zapatos porque su único par estaba muy deteriorado. Sus primeros días en el Vaticano dan fe de ello: La noche de su elección, antes de dar la bendición Urbi et orbi desde el balcón vaticano, pidió al pueblo asistente que hicieran una oración por él y, luego, regresó a la Casa de Santa María en el mismo microbús en que iban otros cardenales; al día siguiente tampoco usó la limosina papal sino un auto Volkswagen de su gendarmería; al día siguiente fue a donde se alojó los primeros días y personalmente recogió su valija y pagó lo que adeudaba... También, ahora ha pedido a los obispos, sacerdotes, religiosos y "todo el pueblo argentino" que, en lugar de viajar a Roma para acompañarle en su asunción, dediquen ese dinero a los más necesitados.
[51]       Pérez Esquivel mencionó que “hubo obispos que fueron cómplices de la dictadura, pero Jorge Mario Bergoglio no”. "A Bergoglio se le cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisión a dos sacerdotes, siendo él el superior de la congregación de los Jesuitas. Pero yo sé personalmente que muchos obispos pedían a la junta militar la liberación de prisioneros y sacerdotes y no se les concedía." 
[52]       Y defectos, porque desde su posición diocesana ha sido muy poco favorable al desempeño de la mujer en la política, caracterizando a las gobernantes argentinas Isabel Martínez de Perón y Cristina Fernández de Krichner.
[53]       Por ese apoyo de la Curia, se comentó que Scherer no contó con el apoyo de todos sus compatriotas electores. Por lo contrario —su oposición a la Curia— el otro gran favorito, Scola, desde la primera votación del Cónclave no contó con muchos de sus connacionales cercanos a ese grupo que era encabezado por Bertone y Sodano.
[54]       En este aspecto, la actitud de Francisco se avizora inflexible: Durante la visita que el segundo día de Pontificado hizo el nuevo Papa a la Basílica de Santa María la Mayor en Roma para encomendarse a la Virgen, se encontró de repente con el cardenal estadounidense Bernard Law, que reside en ella (fue  nombrado su arcipreste por Juan Pablo II después que tuvo que dimitir como arzobispo de Boston en 2002 por el escándalo de haber encubierto a unos 250 curas pederastas durante su administración y no haber hecho nada para evitar más de 5.000 casos de abusos; se considera que este nombramiento fue una acción del Vaticano para  evitar que fuera a juicio). Los medios indican que, al ver al cardenal Law, a Francisco se le desencajó la cara y se alejó inmediatamente de él, indicando que no quería que Law siga frecuentando la Basílica", lo que a obligará a Law a cumplir con el retiro espiritual que se anunció que llevaría a cabo cuando fue llevado a Roma y entrar en un convento de clausura.



Elección Urbi et orbis


El Siervo de los siervos de Dios espera ser elegido


Veni, Creator Spiritus
Ven Espíritu creador;
mentes tuorum visita
visita las almas de tus fieles.
Imple superna gratia quae
Llena de la divina gracia los corazones
tu creasti pectora.
que Tú mismo has creado.

Invocando la iluminación del Espíritu Santo para que su decisión fuera sabia y gracias a su intercesión, 115 Príncipes de la Iglesia Católica entraron la tarde del martes 12 de este abril cantando el Veni Creator Spiritus en procesión al encierro eleccionario en la Capilla Sixtina para seleccionar al 266vo. Sumo Pontífice Romano a partir del Apóstol Pedro.[1] Aunque los Cardenales habilitados al voto son 117 de los 207 que conforman el Colegio Cardenalicio por no haber cumplido 80 años,[2] dos de ellos no participaron: por enfermedad el indonesio Julius Riyadi Darmaatmadja, arzobispo Emérito de Jakarta, y el británico —escocés— Keith O'Brien, exarzobispo de St. Andrews y Edimburgo, quien renunció recientemente a pedido del anterior Papa por acusaciones de "comportamiento inapropiado".
Este Cónclave fue muy inusual para la Iglesia Católica: en primer lugar, por la renuncia de Benedicto XVI; en segundo, por los escándalos que han ensombrecido las últimas décadas y, en tercero, porque por primera vez los cardenales europeos y los del resto del mundo estaban casi equilibrados en los electores: 61 europeos[3] frente a 56 de otras regiones.[4]
El anuncio de la renuncia del Papa el pasado 11 de febrero —evento contemplado en el vigente Código de Derecho Canónico de 1983—[5] remeció las estructuras eclesiales y los sentimientos de los fieles. El Obispo de Roma menos mediático y político —ambas características indisolubles— desde Pío IX en el siglo xix,[6] Joseph Ratzinger es un intelectual que ha transcurrido desde la posiciones progresista del Vaticano II —en el que fue uno de sus más activos ideólogos— hasta llegar a adoptar durante su Papado algunas de las más conservadoras;[7] su renuncia fue la primera en 598 años de Papados después de la de Gregorio XII en 1415[8] y, aunque ya él había dejado abierta esa posibilidad desde su libro Luz del mundo: El papa, la Iglesia y los signos de los tiempos,[9] realmente creó una remezón en toda la Iglesia Católica y sus creyentes.[10]

Volviendo a la elección, previa a ésta se realizaron una decena de reuniones de los cardenales electores —Congregaciones Generales, a las que podían asistir los demás cardenales que por la edad ya no tenían derecho al voto— con el objetivo de hacer conocer las opiniones de los purpurados —además de conocerse— y unificar criterios, conocerse y poder debatir las posiciones sobre los temas más importantes al momento para la Iglesia;[11] asimismo, una fuerte tendencia —liderada por los teams de cardenales norteamericanos[12] y brasileros y secundada por un grupo importante de electores que no eran parte de la Curia— era la de no obedecer la disposición del Papa saliente de que los documentos del estudio sobre las denuncias de los Vatileaks[13] sólo sea conocido por el próximo Pontífice y que éstos fueran presentados a los electores para poder fijar sus posiciones, lo que fue al final realizado por el cardenal Herranz en forma discreta —sin mencionar nombres— a los cardenales que lo requirieron. También ha ocupado interés importante en las Congregaciones Generales el estado de las finanzas vaticanas y del Istituto per le Opere di Religione,[14] el conocido como Banco del Vaticano, varias veces acusado de manejos ilegales y denuncias sobre presuntos tráficos —“lavado”— de dinero “sucio”.[15]

Cómo los cardenales electores eligieron al nuevo Papa

La forma de elección como tal —el Cónclave— es reciente, si consideramos los 21 siglos de existencia de la Iglesia. Originalmente y durante muchos siglos, el Obispo de Roma era elegido como los obispos de las otras diócesis de la Iglesia: por aclamación de la Asamblea de los fieles de entre sus diáconos y clérigos —y alguna vez fue elegido Obispo un laico, como fue el caso de San Ambrosio,[16] que inmediatamente era ordenado sacerdote y obispo antes de actuar como tal. Este sistema —de democracia directa, actualmente tan de moda por los movimientos sociales antisistema— de los primeros siglos de la Iglesia aparejaba la posibilidad —bastante usual— de falta de acuerdo en la elección y provocó numerosos conflictos y cismas: Hasta el Gran Cisma de Occidente [1378-1429] —antes de la Reforma— hubo 42 antipapas, 8 de los cuales fueron en ese período;[17] esta debilidad de la Iglesia para elegir a su Pontífice permitió el arbitraje de los sucesivos emperadores romano-germánicos, por lo que en la Edad Media algunos Papas no fueron elegidos sino impuestos por quienes detentaban el poder político en Roma, incluso niños.[18] Con Nicolás II [1059-1061] nació la tradición de que sólo los cardenales podían elegir al Papa, y en 1378 fue elegido el último Sumo Pontífice no purpurado: Urbano VI; en esa época no todos los cardenales eran obispos, por lo que los elegidos que no lo eran tenían que ser ordenados como tales antes de ser coronados, lo que fue solucionado por Juan XXIII a mediados del siglo xx al imponer la norma de que todos los cardenales fueran obispos.

En su Carta Apostólica “muto proprio”, Benedicto XVI restableció el requisito de que la elección del nuevo Vicario debería ser con los votos de dos tercios de los cardenales presentes en el Cónclave —en este caso, la mayoría calificada es de 77 votos—, que Juan Pablo II había modificado a mayoría simple.[19] Pero para llegar a este sistema electoral “efectivo” —además de la inspiración del Espíritu Santo—, la Iglesia tuvo que realizar numerosas reformas: La primera reforma [siglo xi] eliminó los fieles y el bajo clero de la elección y la consolidó en los cardenales; pero como era aún concebida como la vía para conocer la voluntad de Dios, seguía decidiéndose por unanimidad. Para solucionar los frecuentes desacuerdos, posteriormente se priorizó el voto de los cardenales-obispos sobre el de los cardenales-sacerdotes y los cardenales-diáconos —el después conocido en las elecciones modernas laicas como “voto calificado”—, lo que no fue una solución definitiva, por lo que en 1179 el Papa Alejandro III estableció la regla de la “mayoría cualificada” —dos tercios de los votantes, aún vigente en la actualidad—,[20] que posibilita que el elegido no sea cuestionado por ningún rival creíble, lo que expresaría la voluntad divina;[21] pero como esta regla de los dos tercios requiere un acuerdo muy amplio entre los electores —los cardenales— que, en muchos casos, no habían tenido oportunidades de interactuar y conocerse adecuadamente, lo que provocaba muchas demoras y vacantes en el Papado[22] por lo que el Papa Celestino V, en el siglo xiii, ordenó el encierro de los cardenales hasta que tomaran una decisión,[23] durmiendo en camastros y restringiéndoseles gradualmente su alimentación[24] y paga para para obligarles a elegir rápidamente y poder salir; estas condiciones a veces llevaron a decisiones precipitadas y sorprendentes al observar los electores los resultados de cada ronda de votación y concentrarse en los candidatos con más posibilidades de ganar, aunque no los conocieran adecuadamente.

Este encierro terminó con la reforma de Juan Pablo II, cuando se construyó la vecina Casa de Santa Marta —Domus Sanctae Marthae— para que los cardenales no durmieran en la Capilla Sixtina y se mejoraran los intercambios de información y las negociaciones —lo que acerca cada vez más la elección papal a cualquier típica campaña electoral.

Papables

"Necesitamos un Papa capaz de hablar al mundo." [Cardenal George Pell]

Sobre los favoritos a suceder a Benedicto XVI se hicieron muchas cábalas: a veces por regiones —recordando que Latinoamérica es el continente que tiene la mayor proporción de fieles católicos, que en África el catolicismo se enfrenta al fundamentalismo musulmán y que Asia es donde la religión ha tenido más crecimiento; que un Pontífice de EE.UU. sería una identificación muy clara con el poder global —aunque se mencionó algunos de sus nombres—; por edad; por cercanía al Papa Emérito; por aptitudes —clasificando entre “teólogos”, “administradores” y “políticos”—; por ideología —“moderados” y “conservadores” (“progresistas” no se mencionaron pero sí “reformadores”)—; que no pertenecieran a un movimiento religioso de los denominados “neoconservadores” —los más poderosos son Opus Dei,[25] Regnum Christi (movimiento seglar de la Legión de Cristo),[26] Camino Neocatecumenal[27] y Comunión y Liberación—,[28] por los compromisos aparejados. En fin: mil y un augurios y opciones.
Cuando fue elegido Joseph Ratzinger como Santo Padre se le consideró “de transición” tras un largo Papado de Juan Pablo II —26 años, el tercero más dilatado—, uno de los más importantes política y mediáticamente. Y como tal lo auguraban su edad —78 al ser elegido, a diferencia de los 58 de Karol Wojtyla— y su carácter poco público, lo que se confirmó con su ejercicio y posterior renuncia.

Los papables de las nuevas regiones eran: por Latinoamérica 19, de ellos 5 de Brasil (Geraldo Majella Agnelo [79 años], João Bráz de Aviz [65], Raymundo Damasceno Assis [76], Claudio Hummes [78] y Odilio Pedro Scherer [63]),[29] 3 de México (Norberto Rivera Carrera [70], Francisco Robles Ortega [64] y Juan Sandoval Iñiguez [79]), 2 de Argentina (Jorge Mario Bergoglio [76] y Leonardo Sandri [69]) y 1 respectivamente de Colombia (Rubén Salazar Gómez [70]), Chile (Francisco Javier Errázuriz Ossa [79]), Venezuela (Jorge Liberato Urosa Savino [70]), República Dominicana (Nicolás de Jesús López Rodríguez [76]), Cuba (Jaime Lucas Ortega y Alamino [76]), Honduras (Andrés Rodríguez Maradiaga [70]),[30] Perú (Juan Luis Cipriani Thorne [69]), Bolivia (Julio Terrazas Sandoval [77]) y Ecuador (Raúl Eduardo Vela Chiriboga [79]). En África hay 11: 2 en Nigeria (Anthony Olubunmi Okogie [76] y John Olorunfemi Onaiyekan [69]) y 1 respectivamente en Egipto (Antonios Naguib [78]),[31] Senegal (Théodore-Adrien Sarr [76]), República Democrática del Congo (Laurent Monsengwo Pasinya [73]), Sudán (Gabriel Zubeir Wako [72]), Sudáfrica (Wilfrid Fox Napier [72]), Tanzania (Polycarp Pengo [68]), Kenia (John Njue [69]), Guinea (Robert Sarah [67]) y Ghana (Peter Kodwo Appiah Turkson [64]);[32] por su parte, en Asia hay también 11 electores: 5 en India (George Alencherry [67], Ivan Dias [76], Oswald Gracias [68], Baselios Cleemis Thottunkal [53][33] y Telesphore Placidus Toppo [73]) y 1 respectivamente en Indonesia (Julius Riyadi Darmaatmadja [78]), Vietnam (Jean-Baptiste Pham Minh Mân [79]), China (John Tong Hong [73]), Líbano (Béchara Boutros Raï [73]),[34] Sri Lanka (Albert Malcolm Ranjith Patabendige Don [65]) y Filipinas (Luis Antonio Tagle [55]).[35] Por último, de Oceanía hay 1, por Australia (George Pell [71]).

Considerando que el próximo Papa debía ser un hombre más joven que Benedicto — la promedio de los Papas elegidos en los últimos siglos fue hasta 65 años (Juan XXII con 76 y Benedicto XVI con 78 fueron las excepciones y por eso se consideraron “de transición” después de dos papados largos),[36] considerando sus posibles años de papado y su capacidad física—, se limitaba la lista de papables elegibles a 46: 2 de África (Turkson de Ghana y Sarah de Guinea), 9 de Latinoamérica (Scherer y Bráz de Aviz de Brasil, Cipriani Thorne de Perú, Salazar Gómez de Colombia, Rodríguez Maradiaga de Honduras, Leonardo Sandri de Argentina, Urosa Savino [69] de Venezuela y Robles Ortega y Rivera Carrera de México), 7 de América del Norte (Timothy Michael Dolan [63], James Michael Harvey [63], Daniel N. DiNardo [63], Thomas Christopher Collins [66], Sean Patrick O’Malley [68] y Raymond Leo Burke [64], todos de EE.UU. y Marc Ouellet [68] de Canadá), 3 de Asia (Alencherry de India, Tagle de Filipinas y Thottunkal de India) y 25 de Europa (Angelo Bagnasco [70], Giuseppe Bertello [70], Giuseppe Betori [66], Angelo Comastri [69], Giuseppe Versaldi [69], Gianfranco Ravasi [70], Crescenzio Sepe [69], Fernando Filoni [66], Mauro Piacenza [68] y Domenico Calcagno [70] de Italia, Christoph Schönborn[37] [67] de Austria, Antonio Cañizares Llovera [67] de España, Dominik Jaroslav Duka [69] de la República Checa, Josip Bozanić [63] de Croacia, Philippe Barbarin [62], André Armand Vingt-Trois [70] y Jean-Louis Pierre Tauran [69] de Francia, Rainer Maria Woelki [56] y Reinhard Marx [59] de Alemania, Vinko Puljic [67] de Bosnia y Herzegovina, Willem Jacobus Eijk [59] de Países Bajos, Kazimierz Nycz [63] y Stanisław Ryłko [67] de Polonia, Kurt Koch [62] de Suiza y Péter Erdő [60] de Hungría).

El que de ellos fuera por pastor —por ejercer o haber ejercido efectivamente una Diócesis importante —,[38] político —entendido en el sentido amplio de los que han tenido relevancia, por acción o representatividad, con decisiones de liderazgo y política, ya sea presidiendo Conferencias Episcopales, en servicios diplomáticos o en las Secretarías de Estado o de Asuntos Económicos del Vaticano—,[39] y administrador, —un conocedor del gobierno vaticano y sus interioridades —,[40] tenía opciones reconocidas para ser, en ese momento, el próximo Vicario de Cristo porque los 115 electores debían buscar un Papa espiritual y misionero, con vocación de líder y conocedor de los problemas sociales, buen organizador y con conocimiento del funcionamiento de la Iglesia, hábil negociador, convincente comunicador, accesible —en el sentido que fue Juan Pablo II—, moderado o conservador de amplio criterio y joven, aunque quizá no tanto en años —se esperaba que tuviera entre 60 y 70— como en espíritu positivo. Y agregaría más: de origen no europeo.

También los medios de prensa se habían encargado de pronosticar candidatos. Entre los más mencionados estaban: Braz de Avis, Dolan, Marx, Sandri, Rodríguez Maradiaga, Sarah, Turkson, Erdö, Barbarin, Pell, Scherer, Burke, Tagle, Ouellet, O’Malley, Ravasi, Piacenza, Schönborn, Ryłko, Bagnasco de los ya mencionados; además, aparecen Donald William Wuerl [72] de EEUU y de Italia Angelo Scola[41] [71] y Tarcisio Bertone [78].[42] 

Como dato curioso, las casas de apuesta daban como favoritos a Bertone, Scola y Turkson —éste con más probabilidades al inicio y Scola al final—; también había apuestas por Oullet.[43]

En estas clasificaciones anteriores, los que aparecían en varias ocasiones eran: Barbarin, Braz de Avis, Burke, Dolan, Erdö, Marx, Pell, Robles Ortega, Rodríguez Maradiaga, Sandri, Sarah, Scherer, Scola, Tagle, Thottunkal, y Turkson.

Sin embargo, muchos medios y organizaciones de víctimas de abusos sexuales de sacerdotes católicos habían formulado denuncias contra 12 cardenales electores por encubrir a sacerdotes pederastas o minimizar sus castigos: los norteamericanos Mahony,[44] Dolan, O’Malley, Rigali y Wuerl, el hondureño Rodríguez Madariaga, los italianos Bertone y Scola, el mexicano Rivera Carrera, el irlandés Brady, el belga Danneels, el australiano Pell, el checo Duka, el canadiense Ouellet, el argentino Sandri y el ghanés Turkson.

Y el Espíritu Santo ayudó a los hombres

"Nosotros podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no proclamamos a Jesucristo, la cosa no va. Nos convertiremos en un ONG piadosa, pero no en la Iglesia, la esposa del Señor. Cuando no se camina, se detiene todo" [Papa Francisco, primera homilía (espontánea) en la Capilla Sixtina ante los Cardenales, al día siguiente de su elección.]
Y los cardenales eligieron: al primer Pontífice Francisco[45] —por San Francisco, el Santo de Asís—,[46] primer jesuita en el Sillón de Pedro y primer latinoamericano Vicario de Cristo, Jorge Mario Cardenal Bergoglio  llega al Pontificado sin haber sido “papable” desde el inicio —como sí lo era Leonardo Sandri, el otro argentino—, a pesar de haber sido uno de los más votados en el Cónclave de 2005.[47]

Nacido dentro de una familia de la clase media trabajadora porteña de inmigrantes italianos —su padre Mario era trabajador ferroviario y su madre Regina María, ama de casa—, Bergoglio es hombre de fuertes contrastes y definidas posiciones que ya está llevando a su Papado: moderado —ni conservador ni progresista en la Iglesia: un pastor ortodoxo en dogmas pero flexible en otras áreas—, muy preocupado con la pobreza[48] y férreo crítico de la desigualdad en su país natal y de sus políticos —a cuyo histórico egoísmo, corrupción e insensibilidad siempre ha achacado las causas de esa desigualdad—, también ha sido contrario inflexible al matrimonio igualitario, los anticonceptivos y la inseminación artificial gratuitos y las adopciones de niños por homosexuales; ambas razones —corrupción e insensibilidad (la pobreza y la pelea con el campo fueron fuentes de fuertes críticas por Bergoglio), de un lado, y reformas en temas de sexo— lo enfrentaron con las dos Administración Kirchner.[49] Muy austero[50] y reacio a la prensa, directo en sus opiniones pero bromista, el hasta ahora Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina fue acusado de supuestamente colaborar con la dictadura militar y declaró como testigo en juicios sobre dos sacerdotes jesuitas detenidos —y torturados— junto con varios laicos luego desaparecidos y por el robo de bebés nacidos en cautiverio; en ninguno se demostró su responsabilidad y el Premio Nobel de la Paz y defensor de los DDHH durante la dictadura, Adolfo Pérez Esquivel, ha afirmado que el nuevo Papa Francisco no tuvo vínculos con los gobiernos militares argentinos.[51]

Con su trayectoria fundamentalmente diocesana, este Papa de 76 años y sin un pulmón desde muy joven —aunque no le limita y goza de buena salud—, a pesar de sus virtudes como pastor[52] y su compromiso social, tendrá que enfrentar la reforma de la Curia, la postura de la Iglesia ante la pederastia y la corrupción del “banco” vaticano. Su elección fue un éxito de las posiciones que querían renovación de la Curia vaticana frente a los escándalos Vatileaks y del IOR: el hondureño Rodríguez Madariaga ayudó a Bergoglio a obtener apoyos desde la primera votación en oposición del brasileño Scherer, apoyado por la Curia encabezada por Bertone.[53]

Los retos para el nuevo Pontífice romano

Cuando la fumata bianca escapó de la Capilla Sixtina y el protodiácono Tauran proclamó en el balcón papal el Habemus Papam!, debió agregar: Et labore multum!

Porque al nuevo Vicario de Cristo le esperan ingentes tareas para las que el renunciado Papa Emérito no se consideró apto para encarar.

El carisma del nuevo Santo Padre tendrá que ejercer todos su poder para combatir los problemas que los Vatileaks empezaron a desnudar; además, el Sucesor de Pedro deberá profundizar la labor iniciada por Benedicto XVI para romper el silencio —y complicidad por omisión— sobre los casos de pedofilia cometidos por eclesiásticos;[54] con ambas acciones, el Sumo Pontífice deberá recuperar la percepción comprometida de la Iglesia en el mundo para —en el Año de la Fe— frenar el drenaje de fieles hacia las denominaciones evangélicas y el ateísmo.

También el Obispo de Roma deberá mejorar las relaciones con los musulmanes —afectadas por su antecesor—, avanzar en el ecumenismo real potenciado por Juan Pablo II y recuperar el espíritu social de Vaticano II, sin excluir las discusiones sobre el celibato y la ordenación femenina —cada vez más urgentes de discutir— ni silenciar voces “disidentes”, democratizando la Iglesia en el sentido que abrió Vaticano II —rompiendo el absolutismo a través de sus Sínodos deliberantes. Cómo político, como propugna Küng, deberá propender una "ética de mínimos" que pueda regular las relaciones internacionales de un mundo globalizado.

Francisco parece tener el temple, falta aún el consenso, tarea muy difícil. Con todo ello y más, el Siervo de los siervos de Dios será, realmente, el Patriarca de la Iglesia Universal.

“Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra será atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en el Cielo.” [Biblia LatinoamericanaMateo 16:18-19]