lunes, 24 de julio de 2017

Argentina y Chile: lo que se juegan


Argentina en octubre y Chile en noviembre tendrán elecciones muy importantes: Chile elegirá presidente, congresistas —23 de 38 senadores y 155 diputados (aumento sobre 120 actuales)— y 278 Consejeros Regionales, mientras Argentina renovará en medio ciclo su Congreso: 24 de 72 senadores y 127 de 257 diputados.

¿Qué se juega en Argentina? El futuro del programa gubernamental de Cambiemos, que hoy tiene 17 senadores —frente a 36 del kirchnerista Frente para la Victoria (FpV) y 19 de otras fuerzas— y 87 diputados —versus 72 del FpV y 98 de otras—; el reto para el oficialismo es mejorar su representación mientras que para el kirchnerismo es no perder espacios y elegir a la expresidente CFK como senadora por Buenos Aires —empatada con el oficialista Esteban Bullrich Ocampo— para dotarla de fuero frente a sus múltiples juicios. Aunque hasta las PASO de agosto no se sabrán quiénes competirán, Cambiemos tiene 4 senadores y 39 diputados en renovación mientras que para el kirchnerismo son 15 senadores y 31 diputados —para los demás peronistas serán 5 senadores y 22 diputados.

Para Chile podrá significar un cambio de ritmo. La gubernamental Nueva Mayoría va fragmentada entre la Democracia Cristiana y el resto de los partidos —y su candidato, el independiente Alejandro Guillier Álvarez, hasta la fecha no ha podido oficializar su candidatura por falta de registro de adhesiones— frente a la izquierda más radical del Frente Amplio —que clarificó liderazgos en su primaria— y a un expresidente Sebastián Piñera Echenique que ganó ampliamente la primaria de la centroderechista-derechista Chile Vamos —y casi el 50% de los votos de ambas primarias y 40% de las intenciones para octubre, según la encuesta de Plaza Pública CADEM del 17 de julio. 

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martes, 18 de julio de 2017

Las curiosas paradojas entre Moro y Lula


«Não importa o quão alto você esteja, a lei ainda está acima de você» [«No importa cuán alto este usted, la ley está por encima de usted.» Juez Sérgio Moro]

La condena del juez federal Sérgio Moro al expresidente  Luiz Inácio "Lula" da Silva —“el político más popular del planeta” para su Partido dos Trabalhadores— para nueve años y medio de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero —por aceptar sobornos por USD 1,1 millones de la constructora OAS, implicada en el escándalo de Petrobras, incluido un apartamento de tres pisos de lujo en la localidad costera de Guarujá, inmueble registrado como propiedad de OAS y del que Lula niega ser propietario pero aparece en fotos recibiendo las llaves de su amigo y delator Leo Pinheiro, ex presidente de la constructora. Pinheiro, también condenado por la trama de corrupción Lava Jato, en delación premiada testificó que Lula en 2009 le pidió destruir las pruebas del pago de coimas de OAS para las campañas electorales del PT, lo que además puede arrastrar a la depuesta presidente Dilma Rousseff.

Inmediatamente tras la condena, sectores de izquierda en Brasil y la región empezaron a defender la presunta “inocencia” de Lula y a atacar lo que sus abogados llamaron “uma investigação politicamente motivada”. Pero esa defensa tiene varias complicadas paradojas.
La primera es que, si el Juez Moro fuera manipulable, todo el proceso Lava Jato —que remece todas las estructuras de poder en Brasil— tendría la sospecha de ser falso porque él ha sido su abanderado y ejecutor. Segunda paradoja es que quien lo acusa es un amigo personal, Pinheiro, que presidía, no políticos. Tercera, que la presunta persecución sería extensible a todo el espectro político y empresarial porque a ellos persigue y condena.

Sin embargo, éste no es el único proceso que Lula enfrenta. Tiene otro con su Instituto Lula dentro de Lava Jato por corrupción pasiva y lavado de dinero por recibir de la Organização Odebrecht un terreno valuado en US$ 3,7 millones para su Institutoy un departamento junto al del ex presidente, que utilizó su familia sin pagar alquiler. Un tercero es por obstrucción de la Justicia, denunciado por un ex senador del PT de que Lula le instruyó comprar el silencio de uno de los delatores de Petrobras. El cuarto es por tráfico de influencia, asociación ilícita, lavado de dinero y corrupción pasiva, acusándosele de usar su influencia para asegurar préstamos y contratos de obra para Odebrecht en Angola, principalmente, recibiendo USD US$ 9,4 millones a través del pago de conferencias de Lula y contratos sin prestación de servicios con una empresa de su familia. La quinta es dentro de la Operação Zelotes —red de empresas que sobornaban a Hacienda para no pagar impuestos y que amenaza sobrepasar a Lava Jato— por tráfico de influencia, lavado de dinero y asociación ilícita con su hijo Luís Cláudio da Silva, que ofrecía los servicios de lobby de su padre ante el gobierno de Rousseff para conseguir incentivos fiscales; la consultora de Luís Cláudio cobró USD 800 mil. (Si la “carrera” de Luís Cláudio fue vertiginosa de auxiliar de preparador físico de fútbol en 2006 hasta empresario deportivo en 2011, la de su hermano Fábio Luís también: de cuidador del Zoo de São Paulo pasó a vivir en un departamento de USD 1,5 millón —que no pagaba— y recibir más de medio millón proveniente de Lava Jato.)

Hasta ahora, Lula se libraba de culpas —recordemos el mensalão— y pretende postular a la Presidencia en 2018, pero si pierde la apelación estará inhabilitado por 19 años.

"Prueben que soy corrupto e iré caminando a la cárcel", había dicho.


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El contundente campanazo de un pueblo


Comenzó la Hora Cero: el conflicto social y político en Venezuela deslegitima al madurismo

A pesar de las apresuradas “denuncias de fraude” que inmediatamente arguyó el Comando Zamora —el madurista para la Constituyente—, a ningún venezolano ni a alguien en el mundo le quedó dudas de la asistencia a la consulta popular promovida por la Asamblea Nacional.

Sin recursos más que los del voluntariado popular, con todos los demás Poderes del Estado en contra, la consulta —que, a pesar de no ser vinculante, atemorizó al madurismo con la esperada contundencia del rechazo que la votación le significaba— fue un éxito triple: éxito por convocarla, por hacerla y aun más por la respuesta de los venezolanos.

Los más de siete millones de ciudadanos que votaron contra los proyectos hegemónicos y continuistas desafiaron un estado de incertidumbre que ha dado un centenar de muertes violentas en los últimos tres meses —y que el domingo cobró otra víctima mortal y varios heridos— y dieron razón al gobierno en su empecinada decisión de evitar cualquier referéndum revocatorio o elección popular ante la certeza del creciente repudio que el madurismo atrae. La estrategia de hacer la consulta el mismo día del ensayo de votación oficialista tuvo un gran mensaje: masiva concurrencia a pesar de no tener recursos frente al derroche —propaganda y logística— del madurista.

Freddy Guevara Cortez, vicepresidente de la Asamblea, ayer lunes anunció los pasos inmediatos tras la nueva legitimación popular: elegir a los miembros del Tribunal Supremo de Justicia —defenestrando los ilegales actuales—, profundizar las protestas y paro cívico nacional.

El domingo fue la Hora Cero. La pulseta final empezó.


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miércoles, 12 de julio de 2017

Una concesión muy interesada


Cuando este fin de semana Leopoldo López pasó a régimen de prisión domiciliaria —por gestiones atribuidas a Rodríguez Zapatero y aduciendo el gobierno presuntos “motivos de salud”—, por cierto bastante relajada porque el líder opositor pudo subir al muro de su casa portando una bandera venezolana para saludar a los allí congregados y exhortarlos a continuar protestando, a muchísimos no nos quedó dudas que los cien días de manifestaciones opositoras —cada vez más de todos los venezolanos no maduristas, alrededor de 94% de la población—, el casi centenar de muertos, la alta inflación, la abrumadora carestía de alimentos y medicinas y con obligaciones de deuda asfixiantes estaban llevando al colapso final del gobierno, al que le urgía una negociación firme que permitiera a la cúpula madurista salir al exilio con mínimas garantías—algo de lo que se hablaba sotto voce que participaban gobiernos de la región y de la que Rodríguez Zapatero era partícipe.

La salida de López, como un líder principal opositor y sin el desgaste de ejercerlo día a día, podía para ser actor —junto con Julio Borges por la Asamblea Nacional y, quizás, la Fiscal Ortega por los chavistas “históricos”— de la transición.

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lunes, 10 de julio de 2017

Chile 2017, con certezas e ilusiones


«Piñera Tiempos Mejores»

Con eslogan en positivo y marcando diferencia con la Administración Bachelet hacia adelante pero también hacia atrás, Sebastián Piñera Echenique se impuso contundentemente en las primarias de Chile Vamos —coalición de los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI, derecha), Renovación Nacional (RN, centroderecha, en el que militó Piñera Echenique hasta asumir la Presidencia en 2010), Evolución Política (Evópoli, centroderecha) y Partido Regionalista Independiente (PRI, centro)— y marcó una gran diferencia con el otro movimiento político en primarias, el Frente Amplio.
Con 58.36%, Piñera Echenique superó ampliamente a sus dos contendores —senador independiente Manuel José Ossandón Irarrázabal (ex Renovación Nacional): 26.24%; diputado  Felipe Kast Sommerhoff (Evolución Política, Evópoli): 15.40%—, que juntos no le alcanzaron, y quedó claramente investido como el candidato de la centroderecha-derecha para las elecciones chilenas del próximo noviembre.

En la acera opuesta, los sectores más a la izquierda de la oficialista Nueva Mayoría agrupados en el Frente Amplio —integrado por los partidos Revolución Democrática (RD) y Humanista (PH), además de una larga decena de movimientos y partidos no registrados de izquierda y ecologistas— también dieron un claro candidato, aunque a mucha distancia de Piñera Echenique: la periodista Beatriz Sánchez Muñoz ganó con 67.56% de los votos emitidos en la primaria del Frente Amplio al sociólogo Alberto Mayol Miranda (32.44%). Lo relevante —al margen de denuncias, principalmente de personeros del Frente Amplio aunque también de Chile Vamos— de errores en las listas entregadas por el Servicio Electoral (Servel), lo relevante es que, previo a las primarias, se estimaba que votación de 500 mil simpatizantes sería un éxito y de 300 mil un fiasco; el resultado final fue de 327.613 votantes, lejos de los 1.417.637 que fueron a las de Chile Vamos —y que superaron la mejor expectativa de un millón, además de crecer en 600 mil sobre los convocados por la coalición de centroderecha-derecha Alianza (en general, conformada por los mismos partidos de Chile Vamos) para las primarias de 2013: 808.002— e incluso de los obtenidos por Piñera Echenique: 827.347.

Panorama hasta noviembre

Con estas primarias, las candidaturas presidenciales de los dos polos políticos quedan conformados claramente y sólo les faltaría definir sus legislativas —en el Frente Amplio hasta ahora monolítica tras Sánchez Muñoz y en Chile Vamos sólo Ossandón Irarrázabal aparentemente indeciso entre la coalición que lo llevó a primarias y la Democracia Cristiana, aunque no tiene que ser la decisión de sus votantes.

Y en el medio, la oficialista Nueva Mayoría, heredera de la coalición de centro-centroizquierda Concertación de Partidos por la Democracia —partidos Democracia Cristiana (DC, centro-centroizquierda), Socialista (PS, centroizquierda-izquierda), Radical Social Demócrata (PRSD, centro-centroizquierda) y Por la Democracia (PPD, centroizquierda)— que gobernó Chile desde el retorno a la democracia en 1990 hasta 2010 y que para 2014 se movió más hacia la izquierda-centroizquierda con la inclusión de los partidos Comunista (PCCh, marxista), Izquierda Ciudadana (IC, izquierda) y MAS Región (izquierda neomarxista), entre otros.

Para el oficialismo hay una situación inédita porque, a hoy, su panorama es con dos candidatos presidenciales y la incertidumbre de presentar una lista parlamentaria única. Incertidumbre que, con mucho, es el resultado de la ampliación, más ideológica que partidaria, de la Nueva Mayoría que, por un lado, creo crisis de pertenencia en algunos integrantes de la Concertación —sobre todo en la Democracia Cristiana— y mayor dificultad en mantener cohesionada la coalición y sus grupos parlamentarios, sobre todo en temas conflictivos de las reformas “estrella” de la Administración Bachelet Jeria. Las candidaturas presidenciales del senador sociólogo y periodista Alejandro Guillier Álvarez —apoyado por todo el bloque Nueva Mayoría excepto la DC— y la también senadora Carolina Goić Boroević, en solitario por la Democracia Cristiana.

El proceso tiene un detonante cercano: La bajada de candidatura para estas elecciones del expresidente Ricardo Lagos Escobar —representando al PPD— tras la decisión de la cúpula socialista de apoyar directamente al precandidato radical —aunque independiente— Guillier Álvarez, lo que truncaba una primaria equilibrada. Razón similar que incidió en la postulación directa de Goić Boroević, aunque también fuera motivada por la relación poco armónica dentro de la coalición desde su ampliación en 2013 y por la aducida pérdida de identidad propia de la DC dentro de la Nueva Mayoría

Lo que puede convertirse en crisis para la centroizquierda chilena —los partidos de la original Concertación— tiene un antecedente arrastrado desde 2013. La incorporación a la nueva colación de partidos de izquierda y marxistas —Comunista, Izquierda Ciudadana y MAS Región— y las posteriores posiciones más a la izquierda de socialistas y radicales fueron un factor importante de desavenencia para la DC —y, en menor grado hasta ahora, para el PPD—; otro que ha gravitado en toda la actual administración —cuya aprobación a junio pasado era de 18% y la desaprobación de 57% (CEP)— ha sido el de las reformas estructurales propuestas por la campaña de Bachelet Jeria: educativa —“educación pública, gratuita, de calidad”—, tributaria —aumentar la recaudación fiscal para financiar los cambios en el sistema educativo— y constitucional —para redactar una nueva Constitución que reemplace la vigente desde el gobierno militar. Otras tres reformas propuestas fueron las del sistema previsional, de la unión civil para homosexuales y el derecho al aborto.

La reforma tributaria fue aprobada al comienzo de su gobierno, aprovechando que necesitaba una mayoría simple. Por el contrario, la reforma educativa ha presentado permanentes tropiezos —ha avanzado parcialmente— y la reforma de la Constitución —necesitaba 3/5 de Congreso— quedó abandonada —aunque avanzó en reformas colaterales, como el fin del sistema binominal que daba espacios a la segunda fuerza en una elección (lo que beneficiará en aspiraciones legislativas al Frente Amplio pero, paradójicamente, podrá afectar sensiblemente al actual oficialismo si las tendencias hacia Chile Vamos se confirman) y la aprobación de la Ley de Partidos Políticos, así como la cuota de género en el legislativo. La reforma del sistema de pensiones está prácticamente estancada y de las otras dos no estructurales, la unión civil fue aprobada pero la despenalización del aborto sigue en discusión con objeciones de conciencia.

La ausencia de primarias en la Nueva Mayoría le restó la oportunidad perdida para aprovechar las opciones legales de campaña en la calle y la televisión en ese período, presentando sus propuestas a la ciudadanía y confrontando con los otros sectores; esta ausencia le favorecía más al Frente Amplio —destino de descontentos a la izquierda con el gobierno actual— que a Chile Vamos, que podría tener más afinidades con el electorado de la DC que con el del resto de la Nueva Mayoría. También la misma candidatura de Guillier Álvarez está en suspenso por la necesidad, aún incumplida, de alcanzar las firmas necesarias —33.493 depuradas— para registrarse como candidato independiente por no haberse registrado en ningún partido dentro de los nueve meses anteriores al plazo para presentar las candidaturas; de no alcanzarse hasta fines de julio —con dificultad tanto de la apatía del electorado (no olvidemos que Bachelet Jeria fue elegida en ballotage por el 25,57% de los electores habilitados debido a que su 62.17% obtenido  se remitía a una muy baja participación efectiva: 41,13%) como de los mayores requisitos que la nueva Ley impuso a las organizaciones políticas—, la Nueva Mayoría tendría que decidir apoyar la candidatura democristiana o, lo peor, quedarse sin candidato presidencial.

La batalla en noviembre

Hasta hoy —7 de julio—, es probable que el 19 de noviembre próximo se enfrenten por la Presidencia de Chile Piñera Echenique, Guillier Álvarez —superando el escollo de la inscripción de candidatura—, Goić Boroević y Sánchez Muñoz —éstas con pocas opciones reales—, además de otros candidatos menores —en las de 2013 se presentaron 9— pero las opciones al presente apuntan a la victoria de Piñera Echenique.

Quizás la batalla principal no esté en el primer frente sino en las legislativas, cuando se elijan 23 senadores de 50 —aumento de 12 tras la reforma electoral— para el período 2018-2026 y 155 diputados —35 más— hasta 2022.

Para la Nueva Mayoría, es crucial lo que decidan sobre llevar una lista única de candidatos parlamentarios —una figura original de dos candidatos presidenciales pero única de parlamentarios— o no porque, más allá de las avenencias o no, se calcula que la división podría llevarlos a perder hasta 20 puestos.

La definición de Ossandón Irarrázabal, aunque diste de ser decisoria para sus votantes en las primarias, pudiera darle un aire adicional al candidato que apoyo —o podría ser su fin político.

Sánchez Muñoz y el Frente Amplio, más que aspirar a victoria, su meta deberá ser afianzarse. A pesar de su discurso cercano al socialismo del siglo 21 y al trasnoche de la década del 70, su presencia en el Congreso tenderá a mejores y más amplios debates.
La relectura de su electorado por la Democracia Cristiana chilena, al margen de apartarlo de la contienda efectiva por la Presidencia y de reducirle escaños, podrá ser importante para su identidad programática.

Por último, Piñera Echenique ya siente que pasó de presidenciable a presidencial y eso le puede favorecer, tanto en cohesión de su coalición como en adhesiones —de grupos y electores. De ganar, esta vez gobernará fuera del superciclo del Big Push —aunque al final de su gestión vivió su declive— pero, a diferencia del segundo gobierno de Bachelet Jeria —en plena caída económica—, él entraría en una fase de estabilización de precios. En lo internacional, enfrentar las decisiones de la Corte Internacional de La Haya sobre sus litigios con Bolivia y mantener —o mejorar— su posicionamiento regional.

Si no hay cambios radicales, ése sería el panorama a esperar.



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martes, 4 de julio de 2017

El colapso de un anti-Estado


Acabo de leer en Aporrea —publicación emblemática de la izquierda cada vez más distanciada del postchavismo— “El colapso del Estado Madurista” de Heinz Dieterich Steffan, padre del socialismo del siglo 21 y actualmente profundamente crítico del madurismo. Al margen de discrepancias que tengo con el artículo—como lo de un “sistemático terror blanco” opositor—, coincido plenamente con su afirmación del fracaso de la cúpula gubernamental y de la situación irreversible —para el madurismo— que ha llevado al país a “la hora de los balazos” porque se “sustituyen los mitos fallidos del sistema mediante el miedo y el terror”.

Venezuela llegó a una espiral de implosión tras el fracaso, de una parte, del modelo socioeconómico estatista centralizado impuesto por el difunto Comandante-Presidente —basado exclusivamente en el rentismo petrolero— que, si bien ayudó a la justicia social en su primer momento, la irresponsabilidad de repartir, por una parte, esa riqueza sin invertirla en desarrollo sostenible —se fue destruyendo aceleradamente su industria y agricultura gracias a las importaciones y la política de confiscaciones y “nacionalizaciones”— y, por otro, utilizarla prebendalmente para expandir su proyecto político —vía Petrocaribe, Unasur, Alba— bajo el falso discurso de “solidaridad”, despilfarro arbitrario que, tras la caída de los precios del petróleo —el petróleo venezolano en junio 2008 alcanzó a cotizarse 144 dólares/barril pero en marzo de 2015 cayó a 47; el viernes pasado estaba a 46,15— hundió la economía y reprodujo con creces los índices de pobreza del país —la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela 2016 realizada por las principales universidades del país reveló que 81,8 % de los venezolanos viven en pobreza y el país es el "más pobre de América Latina"—, generando un creciente e indetenible descontento, a lo que se unen la corrupción galopante y ostentosa desde el Estado, el narcotráfico institucionalizado y una violencia de 91,8 muertes violentas por cada cien mil habitantes en 2016, según el Observatorio Venezolano de Violencia, lo que ha llevado a que los mitos y la narrativa oficialista queden totalmente desacreditados y descreídos.

Los dos últimos meses aceleradamente se han socavado las bases del madurismo con casi un centenar de días de protestas masivas en todo el país que la dura represión policial, de la Guardia Nacional, los colectivos —el lumpenproletariado que mencionó Karl Marx— y reciente las FFAA —90 muertos— no doblegan, junto con escasez generalizada —74% de desabastecimiento en alimentos y 76 en medicinas—, inflación galopante —127,8% acumulada a mayo y 720 pronosticada para el año— y violación flagrante de la legalidad —la Constitución chavista de 1999—, conllevando el repudio internacional —frenado en la OEA por sus escasos aliados y la abstención de pocos países que medran de Petrocaribe— y que importantes sectores chavistas —la fiscal general Luisa Ortega Díaz, su cara más visible, ha jurado defender con su vida la Constitución— se enfrenten al gobierno y el malestar cunda en las instituciones armadas —aunque la reciente agresión con granadas al Tribunal Supremo madurista desde un helicóptero aparenta más un montaje para justificar un autogolpe por las dos horas que sobrevoló la zona gubernamental en Caracas para después irse y desaparecer el piloto; de no serlo, desnudaría una inmensa ineficiencia militar.

La revista colombiana Semana tituló que Ortega Díaz estaba “acorralada por el gobierno de Maduro”. En realidad, el único acorralado y con cada vez menos opciones es el madurismo y sus promotores.

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