martes, 14 de agosto de 2018

Final de una fábrica de (des)ilusiones



El escándalo de los «cuadernos K» que ha remecido a Argentina las últimas semanas, además de ser parangón del Lava Jato brasileño y de las consecuencias reales que tenga para el empresariado, avanza el final de una mendaz fábrica de falsas ilusiones y grandes desilusiones: el “socialismo” del siglo 21. 

Desde el maletín de Guido Antonini con los petrodólares bolivarianos enviados por el “Comandante Eterno” para la campaña de Cristina Fernández de Kirchner, pasando por “la monja López (exsecretario de Obras Públicas argentino) y sus bolsas “millonarias” en una casa de retiro religioso (por lo sucedido, muy pecadora esa religiosidad) hasta las ahora destapadas ‘bolsas K” (sin duda, una “moda kirchnerista”) y sin olvidar el asesinato del fiscal Alberto Nisman para callar sus denuncias sobre la presunta complicidad interesada del gobierno Kirchner para evitar avances en “la conexión iraní” del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) , el descrédito de la corrupción en el docenio de los gobiernos del matrimonio Kirchner, sin descartar sus fracasos económicos, su ausencia de transparencia y su alineamiento con el chavismo, llevaron al kirchnerismo al significativo chasco en las elecciones de 2017 y a un cada vez mayor aislamiento y relegación dentro del conjunto de las corrientes peronistas.

Bajo las banderas de sociedades más justas, la lucha contra la corrupción y el empoderamiento de los desposeídos, el Foro de Sao Paulo fue el movimiento globalizador (aunque la palabra para algunos sea “pecaminosa”) más importante de América Latina desde 1990. Sus partidos llegaron a gobernar la mayoría de los países de la región: además de Cuba y Venezuela; se le sumaron en 1996 República Dominicana; Brasil en 2002; Uruguay y Panamá en 2004; Bolivia, Chile, Ecuador y Nicaragua en 2006; Paraguay en 2008; El Salvador en 2009 y Perú en 2011, además de otros estados caribeños; aunque ni el Partido Justicialista ni el Frente para la Victoria fueron integrantes del Foro, el gobierno K le estuvo muy vinculado. A partir de 2005, el Foro abrazó como proyecto ideológico el denominado “socialismo del siglo 21”, un remake “postsocialismo real” de corrientes anteriores, por lo que entre ese momento y hasta 2015 gran parte de la Región estuvo gobernada bajo esta ideología o conminó muchas posiciones de los no involucrados (como Chile durante el primer gobierno de Sebastián Piñera o México con Felipe Calderón). Los años del súper ciclo de los commodities vieron surgir organizaciones regionales fondeadas por los petrodólares de Chávez (UNASUR, CELAC) con el objetivo de aislar a EEUU (y Canadá) y debilitar la OEA hasta cancelarla, además de la ALBA-TCP como macrorganismo político latinoamericano.

Pero muchas banderas fueron trocándose en injusticia, corrupción, ineficiencia, populismo y demagogia y hoy sólo sobreviven gobiernos del Foro en Cuba, Bolivia y El Salvador (en cuenta regresiva hasta 2019), República Dominicana y Uruguay (forismos light) y Venezuela y Nicaragua, éstos cada vez más aislados internacionalmente por su represión y prorroguismo, mientras los organismos generados por el bolivarianismo languidecen (CELAC) o, definitivamente, han muerto (UNASUR, Banco del Sur). Los graves escándalos de corrupción (el Lava Jato en Brasil, las coimas de Odebrecht en gran parte de la Región y ahora los “cuadernos K”), los pésimos e interesados manejos de las economías y el bonapartismo de muchos de estos gobiernos han frustrado las esperanzas de grandes sectores latinoamericanos y los han llevado al descreer de la clase política.

Sólo me queda preguntar, como hice en otro artículo: “Pero ¿dónde está ahora la guita?”  

Información consultada

https://www.eldeber.com.bo/mundo/Caso-cuadernos-pone-en-jaque-los-planes-de-CFK-de-volver-a-la-Rosada-20180813-0033.html

martes, 7 de agosto de 2018

«Todos los caminos llevan a...» ¡los Kirchner!



Y no «a Roma» porque la Ciudad Eterna no era un paraíso para esconder dinero.

La Era K: la falsa calma después de la tormenta de 2002 (De la Rúa en helicóptero —a su casa, no al exilio como otros helicoescapados) y, con demagogia populista, la nueva banda (la otra fue la de Perón y Evita) asaltaba la Argentina.

Muchos procesos y juicios sobre esa Era delincuencial se acumulaban desde que la Banda K perdió el poder, muchos de ellos sobre la anciana sobreviviente del matrimonio cleptócrata, cada día más solitaria. Pero lo que no pudo ni el asesinato de Nisman lo logró una pelea arrabalera por repartija de bienes conyugales: la esposa de un antiguo remisero denunció a su exmarido de mover “bolsas con dinero” y comprar propiedades; luego aparecieron ocho cuadernos (los mismos que utilizan todos los chicos de las escuelas fiscales, tradicionales como sus guardapolvos) donde el exmarido, exchofer y excómplice de la corrupción anotaba con minuciosidad de escolar primario o de avaro usurero (cual Aliona Ivánovna rioplatense) todo lo que trasladaba: empresarios y grandes bolsas con millones (pareciera que, como la “monja” López, fueron “la moda K”) llevadas a “La Corona” (Néstor y, luego, CFK) y sus secuaces. 

Una laboriosa tarea para futuros chantajes del exremisero que, sorpresivas pruebas incuestionables, destapó las mayores ramificaciones de la perversa asociación entre empresarios y funcionarios para esquilmar el Estado a través de las obras públicas.

Un Lava Jato argentino creciente y demoledor según se avanza en lo que Ricardo Kirschbaum (Clarín) llamó “la bitácora de la coima” que, como el brasileño, tendrá consecuencias imprevisibles para la política y la gran empresa argentina y avizora saltar a los vecinos. Pero ¿dónde estará ahora la guita?

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domingo, 5 de agosto de 2018

¿Atentado “de verdad” o nuevo ridículo?



Ayer sábado, se informaba de un presunto atentado contra Nicolás Maduro mediante dos drones cargados con explosivos durante la parada conmemorativa por los 81 años de la Guardia Nacional Bolivariana, la misma que en 2014, 2015 y 2017 (y cada vez que los policías y los paramilitares son desbordados) salió a reprimir las protestas populares masivas contra el desgobierno madurista con saldo de cientos de muertos.

En 2017, policías liderados por el inspector Óscar Pérez (asesinado en 2018) desde un helicóptero policial lanzaron varias granadas contra el Tribunal Supremo de Justicia y sobrevolaron Caracas durante varias horas, justo cuando el presidente Maduro presidía un acto en el Palacio de Miraflores, a pocas cuadras del TSJ.  En ese momento, se comentó la fehaciente ineptitud de los organismos policiales y militares del régimen.  

Ahora, la versión oficial es que se escucharon detonaciones mediante drones «con carga explosiva que detonó en las cercanías de la tarima presidencial y en algunas zonas del desfile» y provocó siete heridos entre los militares. También se mencionó que francotiradores derribaron esos supuestos drones pero en el video panorámico de la concentración militar ampliamente difundido no se puede ver ningún sobrevuelo ni explosión aérea pero sí un desbande desorganizado de los militares, posible causa de heridas. (Versiones anónimas dijeron que en realidad fue la explosión de una bombona de gas en un edificio cercano y circularon grabaciones de policías revisándolo.)

Sea cual fuera la realidad, Maduro, ya en Miraflores, acusó a “la derecha” y al saliente presidente Santos del presunto atentado. Un sonsonete para justificar que la publicitada “recuperación económica que llegaba” no sucederá “por culpa de la derecha terrorista”. Otro cuento más.

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