martes, 17 de julio de 2018

El «nuevo enemigo», el Baby Trump y el «buen comienzo»



No se puede negar que pareciera para Mr. Trump fue que Thomas Nast (el “padre” del Tío Sam) diseñó en 1874 la mascota republicana: el viaje del presidente fue “como el de un elefante en una cristalería”, peleándose y criticando a todos sus aliados (Merkel enfurecida, la OTAN amenazada, May vapuleada y Elizabeth the Queen “dribleándolo” al caminar) para luego hacer elogios y migas con el presidente Putin.

Llegando a la reunión de la OTAN, fue otro round (como en la G7) con la canciller alemana cuando le dije que “Alemania es una prisionera de Rusia” porque le compraba el gas y apostaba por el nuevo gasoducto (Mr. Trump olvidó que así Rusia también era “prisionera” de Alemania). Luego les recriminó a sus ¿socios? de la OTAN sus bajos aportes y duplicó el aporte pedido (y terminó feliz por el compromiso de todos con la mitad). De ahí siguió al Reino Unido, donde celebró al renunciante Boris Johnson como el “líder conservador” (eso con la May, que lo es y a quien le dio “duros consejos” para el Brexit que debieron poner a prueba la tradicional “flema británica”) y se escapó de ir a la ciudad, de encontrarse con su alcalde Sadiq Khan (hijo de inmigrantes y musulmán, doble rechazo trumpiano) y de conocer al Baby Trump (¿desfilará con Macy’s?), el inmenso inflable de las amplias protestas contra su visita y terminó llamando “enemiga de EEUU” a la Unión Europea, poniendo de figurillas a sus dirigentes para explicar que “no dijo lo que dijo”.

Luego, con Putin, cuatro horas en privada charla y otras en conjunto le convencieron del “éxito del encuentro” y de su “nuevo amigo” contra los que lo acusan de influir en su elección. 

En la campaña de 2016 elogió su capacidad de negociación y ahora se sintió muy feliz de hacerlo con Kim Jong-un y ahora con Putin. El tiempo dirá cómo sirvieron.

Información consultada

https://www.martinoticias.com/a/el-simbolo-de-los-republicanos/14153.html

Comprar la etiqueta sin revisar producto



Es axioma de éxito absoluto en mercadotecnia el lograr que el consumidor se fidelice a un producto sólo por su marca (la etiqueta) y lo adquiera sin revisar el contenido.

Ese éxito también se repite en política cuando sectores de la izquierda latinoamericana defienden dictaduras “de izquierda”: el PC chileno defendiendo la represión madurista, el Frente Amplio uruguayo apoyando la actual de Ortega en Nicaragua y los gobiernos de la ALBA apoyándose entre sí, obviando los cientos de muertos que ponen sus pueblos bajo el mantra de “enfrentar la injerencia imperialista”. Eso mismo sucede con la victoria de MORENA en México.

Cuando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) jure su cargo ante el pleno del Congreso de la Unión en San Lázaro, esos sectores de la izquierda latinoamericana celebrarán alborozados que “la izquierda triunfó en México” y que “la izquierda vuelve al Poder en Latinoamérica”. Pero, ¿será así?

Desmitifiquemos esas falsas esperanzas. La plataforma de triunfo de AMLO, la alianza Juntos Haremos Historia (53,19% de los votos presidenciales válidos) agrupa al Movimiento Regeneración Nacional (MORENA, creado por AMLO y autodefinido de izquierda mexicana), el Partido del Trabajo (marxistaleninista y socialista del siglo 21) y el Partido Encuentro Social (confesional y liberal de centroderecha-derecha). Mélange bastante diversa.

¿Y AMLO? Llega a la Presidencia tras dos fracasos anteriores y tras un recorrido que inició a mediados de los 70 dentro del PRI (el partido que gobernó México entre 1929 y 2000 y regresó 12 años después para perder tercero ahora), coincidiendo con la etapa final del sexenio de Luis Echeverría Álvarez (culpable de la masacre de Tlatelolco) y, que tras cerca de dos décadas, abandona junto con la denominada Corriente Democrática del PRI para fundar el centroizquierdista Partido de la Revolución Democrática, del fue presidente y que lo llevó a ser el tercer Jefe de Gobierno del Distrito Federal [2000-2005], el único cargo de elección popular que ha obtenido hasta ahora. Sin demeritar las varias medidas de beneficio social y la reducción de la delincuencia en la Ciudad de México durante su administración, durante su gestión los escándalos de corrupción se sucedieron magnificados respecto de las dos anteriores Jefaturas, la deuda pública de la ciudad pasó de poco más de 40 mil millones de pesos mexicanos (MM) en 2000 a casi 45,5 MM en 2005 (en 2003 fue más de 47,5 MM, datos de El Colegio de México), cayó significativamente la Inversión Extranjera Directa (de 10,2 MM de dólares en 2001 a 6,2 MM en 2005, con menos de 3,5 MM en 2003, Secretaría de Hacienda) y el desempleo aumentó de 3,9% (2001) a 5,6% (2005) con pico en 2003 de 5,9% (INEGI) por sus medidas populistas. Medidas que ahora, a escala federal, vuelve a anunciar.

Con 312 de 500 diputados y 68 de 128 senadores, AMLO tiene ambas mayorías que le permitirán aplicar, sin mucha oposición, su programa de gobierno propuesto pero que, a la vez, le resta muy poca diferencia para alcanzar la mayoría calificada (vía convicción o compra de voluntades) para poder, como en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, modificar a su arbitrio la Constitución, vigente desde 1917 y reformada parcialmente.

¿Tendremos razón los críticos o los loadores? Por el bien de México, preferiría errar. Pero no lo creo porque los retos son muchos: la migración a EEUU, la narcoguerra, el TLC, crecer la macroeconomía y la microeconomía, mientras que las recetas populistas, demagógicas y caudillistas son tentaciones conocidas y de pronta respuesta (no importa “el después”). 

Información consultada

www.aracelidamian.org/.../DF/La%20deuda%20pública%20del%20DF%2020-03-06....

domingo, 8 de julio de 2018

«No somos ni de la izquierda ni de la derecha, sino todo lo contrario.»



Me he prestado la famosa frase atribuida al expresidente mexicano Luis Echeverría Álvarez para caracterizar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), recién elegido presidente de México y lo hago por dos razones: porque el discurso de poder de AMLO tiene sincronía con la “época dorada” priista Echeverría Álvarez fue el epítome de lo que Mario Vargas Llosa denominó “La Dictadura Perfecta” y porque el concepto de “izquierda” de López Obrador mezcla el caudillismo de entonces como señalaba Enrique Krauze Kleinbort en “La vuelta del caudillo” (The New York Times, 27/05/2018)— con el “socialismo 21” del chavismo aunque AMLO trate de desmarcarse de la cercanía que le tuvo Hugo Chávez Frías.

¿Por qué lo afirmo? AMLO se formó y creció políticamente dentro de ese PRI desde mediados de los años 70 —dentro del sexenio presidencial de Echeverría Álvarez— hasta 1989 que se une al nuevo Partido de la Revolución Democrática (PRD), con el cual fue gobernador de Tabasco y Jefe de Gobierno del Distrito Federal; durante este último período (2000-2005) implementó medidas sociales sobrecargando el financiamiento público —la deuda pública del DF en su período aumentó de más de 32 mil millones de pesos a más de 41 mil millones de pesos—, fue exitoso en bajar moderadamente la delincuencia pero creció el desempleo, bajó la inversión foránea y los escándalos de corrupción se sucedieron continuamente —aunque fueron en su círculo cercano, no le “salpicaron”.

Para sectores de la izquierda latinoamericana —sobre todo entre los desplazados del poder—, la elección de AMLO es el triunfo nuevamente de esa izquierda en la Región, la misma que acepta como válido defender sin cuestionar a cualquiera que se autocatalogue de izquierda, llámese Maduro, Kirchner o Correa. ¿Pero esto es certero? Aunque muchos sectores populares y de izquierda mexicanos —no todos— se agruparon alrededor de su Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y para estas elecciones se le alió el Partido del Trabajo (PT) de tendencia socialista 21, también se le alió el Partido Encuentro Social (PES) de centroderecha-derecha y catalogado como confesional cristiano —AMLO describió esa alianza «para buscar el bienestar del alma».    

López Obrador será por un buen tiempo el último de los “Salvadores Universales” a los que Latinoamérica ha sido tan proclive —Álvaro Uribe Vélez lo sigue siendo en la sombra. En resultados preliminares, MORENA ganó con más de 53% de los votos válidos y será mayoría en el Congreso de la Unión (como Chávez Frías y Morales Ayma); su mayor reto estará en negociar —migración, narcotráfico, TLC— con Trump, ambos similares: proteccionistas, endogámicos, populistas, ególatras.

Echeverría Álvarez —quien se autodenominaba “de izquierda”— también dijo: «Antes estábamos a un paso del precipicio... ahora hemos dado un paso al frente.»

Información consultada

http://www.eluniversal.com.mx/columna/alejandro-hope/nacion/para-ser-oposicion
http://www.la-razon.com/opinion/editorial/Cambio-Mexico_0_2957704281.html
https://www.nytimes.com/es/2018/07/01/opinion-krauze-amlo-lopez-obrador

martes, 3 de julio de 2018

Nannouk, mi gran amigo



Hace un tiempo, prometí no escribir más panegíricos de ilustres y grandes amigos porque —ley de la vida— de los mayores a mí ya varios se iban yendo y, más que nostalgia o aprensión, recordé a otro amigo —afortunadamente vivo y profesionalmente activo como quisiera yo a sus ocho décadas— que un día me confesó que lo primero que leía en el periódico cada mañana era el necrológico para saber si tenía algún penoso compromiso. Pero cuando Nannouk se fue y muchos —conocidos pero también desconocidos de la redes— se solidarizaron con su pérdida, comprendí que tenía que escribir de un amigo diferente, un gran amigo peludo.

Para los amables lectores que siguen mis columnas —generosos con mis opiniones los más, agradecidamente educados hasta ahora los que discrepan— espero no haberles defraudado hoy. Porque podía haber escrito sobre la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México y su discurso populista y centralista al peor estilo del PRI de Luis Echeverría hace décadas; o sobre el nuevo palacio de gobierno denominado La Casa Grande del Pueblo y lo que implica; o, también, sobre la manipulación que se ha hecho sobre el nombramiento del nuevo cardenal —por falta de información o, las más,  por malintención (todas fake news en la jerga mediática actual)—, intentando enfrentarlo al resto de la Iglesia en Bolivia, olvidando que —más allá de su actual investidura— el actual cardenal es miembro del Episcopado colegiado desde décadas junto con otros prelados bolivianos —varios también de origen campesino e indígena— y durante las dictaduras y después de ellas, junto con muchos otros dignatarios religiosos, sufrió acoso, represión y escarnio. Pero no lo haré. Escribiré sobre Nannouk, mi gran amigo.

Cuando hace casi seis años lo conocí, era una bola blanca del tamaño de mi mano con tres escasos puntos negros por boca y ojos; tenía un mes y parecía un osito polar (de ahí su nombre, en innouit) de peluche. A Nannouk lo crió Don Gato, el viejo gran felino dueño y señor de la casa donde yo vivía, por eso siempre Nannouk fue una mezcla de virtudes felinas y caninas: nunca se le oía caminar, era un poco perezoso, no era dado expresar su ternura —lo que no le impedía ser absolutamente fiel, como ellos podrían enseñarnos— y no era amigo del bullicio (aunque cuando llegaron después Susana fue su fiel compañera y a Nuka lo prohijó y defendió, aunque fuera el doble de tamaño que él).

Más enfermizo que el resto de su nueva familia, eso no le impidió estar siempre impoluto, como le enseñó su padrino Don Gato. También aprendió a ser territorial y se apropió desde pronto de un lado de mi cama y nunca lo transó, aunque no estuviera yo o una visita la ocupara.

A cuatro personas le agradezco que me hayan acercado defensa del mundo animal: A Susana del Carpio, permanente defensora de los animales abandonados; a Ximena Flores, promotora de la ley boliviana que prohíbe espectáculos con animales, y a Jan Creamer y Tim Phillips, que me permitieron colaborar con ellos rescatando grandes animales cautivos en circos en Bolivia, Perú y Colombia para enviarlos a santuarios en diversas partes del mundo. A ellos mi homenaje.

Nannouk murió tras una enfermedad que, a pesar de explorarse todos los recursos de la veterinaria en Santa Cruz, no pudo diagnosticársele. Como puso en mi muro una amiga, «estará en el cielo de las mascotas esperando a su amigo humano» y como afirmó el papa Francisco: «el cielo está abierto para todas las criaturas. En ese lugar recibirán la alegría y el amor de Dios, sin límites». Yo lo creo: porque Nannouk fue mi gran amigo peludo.  

Información consultada


jueves, 28 de junio de 2018

«Hacer América más blanca de nuevo»



Voy a prestarme la definición que usó la periodista Fabiola Santiago para referirse a la política antiinmigratoria del presidente Trump [“Proyecto migratorio de Trump busca ‘Hacer a América blanca de nuevo’ y que sólo hable inglés”, El Nuevo Herald, 07/08/2017], las tantas medidas que la Administración Trump ha tomado contra la inmigración —ilegal para latinoamericanos, legal para musulmanes—, la mayoría legalmente vetadas y otras (como la niña hondureña que motivó la portada Welcome to America en la revista Time) reculadas ante las fuertes críticas.

La frase de Santiago desnuda —como la política antiglobalizadora que analicé en un comentario anterior— los temores atávicos de algunos sectores estadounidenses respecto del mundo exterior —sobre todo en aquellos (descendientes de migrantes todos) hoy rezagados de los beneficios de la integración y que encuentran en los inmigrantes su presunta Némesis. Trump no ha sido el creador ni del rechazo al migrante ni a la globalización: sólo ha sabido, muy eficiente electoralmente, aprovecharse de ellos.

Afortunadamente, el equilibrio de poderes funciona en los EEUU y muchas de las medidas contra los inmigrantes han sido revertidas o no han avanzado más que en su promulgación. La reciente decisión judicial que ordena la pronta reunificación de las familias separadas en frontera da otro golpe a la política de “tolerancia cero”, la que ya había tenido que ser modificada por el presidente la semana pasada ante el rechazo generalizado; esto se une al amplio fracaso en el Congreso —301 contra 121— de la reforma migratoria impulsada por el gobierno.    

La “victoria” en la Corte Suprema al aprobar —5 a 4— la tercera versión del veto migratorio contra 5 países musulmanes es una escaramuza parcial. La batalla continuará, de ambos lados.

Información consultada

https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/revista-time-enfrenta-donald-trump-nina-inmigrante-portada-noticia-529592

domingo, 24 de junio de 2018

Donald Trump rema contra su propia corriente



El aislamiento no es ninguna nueva política en los EEUU. Extraña mezcla en un país de inmigrantes —desde el Mayflower hasta los reprimidos de ahora— y proteccionista. Desde la Doctrina Monroe de John Quincy Adams —originalmente aislacionista pero luego extendida como intrusionista y expansionista— e incluso desde Washington hasta hoy con el America First: A Budget Blueprint to Make America Great Again (Estados Unidos Primero: un Plan Presupuestario para Hacer que Estados Unidos Vuelva A Ser Grande) —el primer presupuesto federal de Trump—, el proteccionismo ha estado firme en el imaginario de la política del vecino norteño.

Después del fracaso integrador y pacifista del presidente demócrata Wilson cuando en 1920 el Senado (con mayoría republicana) se negó a firmar el Tratado de Versalles y el Pacto de la Sociedad de Naciones —ambos promovidos por Wilson y fundamentales en su proyecto mundial—, el siguiente hito fue cuando los EEUU entran en la II Guerra Mundial tras el ataque de Pearl Harbor —callando al aislacionista American First Comitee de Charles Lindbergh y sus simpatías progermanas— y Franklin Delano Roosevelt pudo sentar las bases de la ONU y el sistema financiero mundial actual a partir de Bretton Woods —y luego la OTAN—, convirtiendo a los EEUU en la primer potencia y líder occidental… hasta ahora.

Donald Trump recuperó esa tradición aislacionista y, a diferencia de Ronald Reagan —que también utilizó el eslogan American First!—, busca acabar con la globalización promoviendo el proteccionismo —a riesgo de desatar una guerra comercial a pesar de la débil hegemonía económica del país—, obliterando lo que precisamente hizo poderoso al país.


Información consultada

https://es.wikipedia.org/wiki/Franklin_D._Roosevelt