sábado, 16 de febrero de 2019

¿Guerra fría por Venezuela? Los intereses detrás del conflicto



El miércoles, Jorge Arreaza Montserrat —hoy canciller de Maduro, exvicepresidente ejecutivo, exministro y, sobre todo, exmarido de Rosa Virginia Chávez Colmenares, hija mayor del fallecido Comandante Eterno— presentó en las NNUU a embajadores de los que denominó “50 países que apoyan a su gobierno”. En el grupo —una veintena— estaban los de China y, según dijo Arreaza, Rusia. La primera pregunta es: ¿son todos ésos sus “aliados confiables”? Me remitiré a los dos mayores, Rusia y China, casualmente los mayores acreedores de Venezuela.

China prestó a Venezuela cerca de 70 mil millones de dólares —aún le deben unos 23 mil millones— e invirtió cifras muy significativas, principalmente en el petróleo y los minerales. La deuda estatal con Rusia es mucho más modesta: 3 mil millones, pero sin contar lo adeudado con las empresas petroleras como Rosfnet y las productoras de armamento, uno de los rubros permanentes y crecientes de compra de Venezuela en Rusia desde Chávez.
Esto crea una diferencia fundamental: la “relación de deuda” con China es más económica y con Rusia más política. Por ello China —sotto voce—ya empezó a hablar con el equipo de Guaidó partiendo del consenso de ambos de que es una deuda de Estados, no de gobiernos —con la filosofía de que “algo podrá perderse pero algo quedará”. Rusia no porque pierde, además de su gran cliente armamentístico, el mayor aliado para reposicionarse en Latinoamérica.

¿”Guerra fría venezolana” entre EEUU y Rusia? No: Rusia está empobrecido aunque cargado de armas. ¿Bravuconerías? ¿Cortina de humo de otros problemas? ¿Angurria de fastos idos? Ud. decide. ?”  

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martes, 12 de febrero de 2019

Venezuela y el ocaso bolivariano



He dedicado este año a escribir sobre la caída del madurismo que para algunos los añorantes del difunto Comandante Eterno— les pareciera una “deformación” del bolivarianismo chavista pero que, en la verdad, es sólo su continuidad —Lenin la hubiera llamado “etapa superior”— pero sin los recursos extraordinarios del súper ciclo de los commodities dilapidados, sobre todo robados.

Hoy no voy a escribir ni de la crisis humanitaria —la ingente ayuda ya en Cúcuta ha puesto al madurismo en una envenenada disyuntiva: o la dejan entrar y tácitamente admiten la crisis o prohiben su entrada y despiertan el furor de los necesitados— ni de la económica —la impagable deuda, la inflación o la caída del PIB— ni de los muertos —los asesinados por el régimen y por la violencia delincuencial. Hoy escribiré sobre otra crisis: la del ocaso —final— del bolivarianismo.

Entre 2002 y 2013 fue tomando forma definitiva la política del bolivarianismo, que en 2005 adquiere una etiqueta más conceptual —aunque pastiche— con el denominado socialismo del siglo 21; hasta ese momento, el pensamiento bolivariano que asumieron los MBR-200 liderados por Chávez Frías y abanderó su golpismo en 1992 sólo era una mezcla de citas de Bolívar, su maestro Simón Rodríguez e ideas de Ezequiel Zamora con el antiimperialismo del marxismo castrista.

En 2008, el chavismo tuvo un giro imprevisto y fundamental: en medio de la crisis que arrastró a las economías occidentales, se inicia el Big Push, la insaciable compra de materias primas por las economías emergentes —sobre todo China y, también, India— que dispararon los precios de muchos commodities y que, para Venezuela, el petróleo subió de USD 12,0/ barril en 1999 —año del ascenso del chavismo— hasta USD 105,2 en 2014 con pico de USD 133,9 en 2008, convirtiéndolo en la cornucopia “inacabable” para exportar el chavismo.
La ALBA-TCP se funda en 2004, Petrocaribe en 2005 —“casualmente” el año de elección del candidato del chavismo José Miguel Insulza Salinas como secretario general de la OEA— y las apuestas por segregar de la Región a EEUU y Canadá —UNASUR y CELAC— entre 2008 y 2011. En 2009 el socialismo 21 gobernaba efectivamente en Bolivia, Cuba, Honduras —una corta experiencia—, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Venezuela y eran sus afines, o al menos cercanos porque sus gobiernos militaban en el Foro de São Paulo, Argentina, Brasil, Chile, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay; hoy sólo quedan Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, mientras Uruguay se debate en una cercanía indecisa —peligrosa para el frenteamplismo en las elecciones de octubre. 

La crisis de institucionalidad venezolana ha sido un parteaguas, develando los que apoyan la dictadura: Bolivia, Cuba y Nicaragua, con México —resucitando la Doctrina Estrada y olvidando los DDHH, olvidando que Echeverría Álvarez rompió relaciones con Chile cuando Pinochet y Salinas de Gortari con Nicaragua al final del somocismo— y Uruguay dubitativo, además de Rusia —ya China flexibilizó en pro de cobrar la deuda— y algunos caribeños dependientes in extremis de Petrocaribe.

Este viernes, el Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela llamó a celebrar elecciones presidenciales "libres, transparentes y creíbles" con "las garantías necesarias para un proceso electoral creíble en el menor tiempo posible" y "permitir la entrada urgente de asistencia de acuerdo a los principios internacionales". Esto chocó con las posiciones prorroguistas pro diálogo de México y Bolivia —Uruguay firmó.

Un paso más en el aislamiento de Maduro y en significar la inoperancia —¿cómplice?— de la Alta Comisionada de DDHH de las NNUU.


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martes, 5 de febrero de 2019

Maduro en la cuerda floja... sin cuerda



Tras la inconstitucional asunción presidencial de Maduro Moros el 10E —en un acto fuera de la legalidad de la propia Constitución chavista y tras elecciones sin ninguna democracia—, el 23 —aniversario del regreso a la democracia en 1958— el joven, desconocido y recién elegido presidente de la Asamblea Nacional —ahora el único Poder elegido democráticamente en 2015— siguiendo el hilo constitucional fue proclamado por la Asamblea —no “autoproclamado”— como Presidente Encargado de Venezuela.

A partir de ahí, la mayoría de Latinoamérica y la Unión Europea, EEUU y Canadá, junto con la OEA, apoyan a Guaidó Márquez como legítimo presidente. Al gobierno ilegal: sus pocos aliados y socios, con la “neutralidad” interesada de México y Uruguay pidiendo otro diálogo más, hoy más inútil que los anteriores desde 2014, sólo útil para ganar tiempo el gobierno.

En franco aislamiento y sin ingresos petroleros, Maduro se niega realizar elecciones presidenciales —requeridas de un nuevo Poder electoral imparcial— y Guaidó apuesta por reforzar su presencia internacional, lleva urgente ayuda humanitaria —el régimen siempre se opuso—, amnistía las FANV y convoca la transición pacífica. En respuesta, Maduro apuesta a la guerra civil armando sus colectivos, propone elecciones parlamentarias pretendiendo, con más fraude, descabezar la oposición y reclama apoyo internacional, sobre todo a la Santa Sede, pusilánime hasta ahora —también con Nicaragua y como la CIDH— a diferencia manifiesta del episcopado venezolano.

Cada vez más, el madurismo se queda solo, dentro y fuera. La clepsidra de su poder ya casi no la mueve el muy contaminado —como su gobierno— Guaire.


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https://es.wikipedia.org/wiki/Diáogos_durante_la_crisis_en_Venezuela
https://es.wikipedia.org/wiki/Río_Guaire

martes, 29 de enero de 2019

Venezuela, más cerca de la solución



En “Venezuela, sin más vueltas” escribí del “juramento” de Nicolás Maduro Moros y lo inicié desde lo írrito de origen del evento —en el Tribunal Supremo de Justicia y no constitucionalmente frente a la Asamblea Nacional— que se adicionaba a la ilegalidad de la elección, la ausencia de representaciones —sus aliados los presidentes Bolivia, Cuba y El Salvador, los primeros ministros de San Vicente y las Granadinas y de San Cristóbal y Nieves (sus deudores de Petrocaribe), otros delegados de  menor jerarquía de Rusia y China (Rusia y China sus princiaples acreedores), Bielorrusia, Turquía, Irán, Palestina y de la menguada izquierda Foro de São Paulo— mientras el Consejo Permanente de la OEA resolvía desconocer su legitimidad con los votos de 19 países, a los que sumaba el Grupo de Lima (excepto ahora México), la Unión Europea y los EEUU junto con los duros comunicados de la Conferencia Episcopal. En la práctica, excepto sus aliados (en febrero El Salvador dejará de serlo) y los países que enviaron representaciones, algunos pequeños países del Caribe (deudores de Petrocaribe) y Siria, el gobierno de Maduro no cuenta con apoyos; Portugal, México y Uruguay (muy criticado internamente) están en “posición expectante”.

La proclamación multitudinario de Juan Guaidó Márquez como Presidente en Funciones de Venezuela se convirtió en parteaguas, dando un escenario con un presidente ilegítimo pero apoyado por casi todas los Poderes del Estado que cooptó —pero con un poder muy cuestionado y disminuido—, un sector del PSUV, la cúpula de las Fuerzas Armadas (FANV) —posiblemente sólo el sector más comprometido en la corrupción y el narcotráfico porque la oposición adelanta conversaciones con parte importante del generalato— y algunos sectores sociales —posiblemente, ateniéndome de la participación y resultado electoral de 2018 estará entre el 31% y el 12%— (principalmente los colectivos) y algunos países aferrados a su supervivencia —acreedores, aliados ideológicos y varios beneficiados de su petróleo barato de Petrocaribe. Del otro, un presidente elegido constitucionalmente por el único Poder del Estado elegido democráticamente —por ende, con toda legitimidad—, reconocido por la mayoría de Latinoamérica y del resto del mundo, con amplio respaldo popular —incluidos chavistas— y por sectores militares cada vez más desembozados —manifestado en adhesiones públicas y en levantamientos como el de Cotiza— y que logró lo que parecía impensable: repotenciar a la oposición, unirla bajo un liderazgo —de un casi desconocido hasta enero pero con fuerte carisma— y, sobre todo, reempoderarla ante el pueblo venezolano y la comunidad internacional.

Guaidó, ante el bloqueo mediático, opta por el ejercicio de la democracia abierta en cabildos masivos. El viernes, en otro multitudinario, anunció cuatro medidas importantes: la primera, aceptar ayuda humanitaria internacional, con cuatro objetivos: paliar la grave crisis de alimentos y medicinas y desnudarla internacionalmente, confrontar a los militares si se atreven a prohibir su entrada y, sobre todo, desacreditar a Maduro que la ha negado permanentemente. Otras fueron la retención de activos venezolanos —fracturaría la escasa capacidad financiera madurista—, la divulgación boca a boca de la recién promulgada ley de amnistía y el pedido a los militares cubanos —importante cuando los llamó “hermanos”— que abandonen el control de la FANV y se queden a vivir si quieren.

Como respuesta al apoyo estadounidense, Maduro ese día dio 72 horas para expulsar a todos los diplomáticos estadounidenses. En otra muestra de su creciente debilidad, al cumplirse el plazo lo alargó a 30 días más.


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lunes, 28 de enero de 2019

Se le acaba el discurso y el tiempo a Maduro



En “¿Implosiona la “lealtad” militar a Maduro?” [El Deber, 22/01/2019] me pregunté «¿Cuánto más aguantará la dictadura?» y respondí «su principal sostén interno —la fuerza militar— parece que implosiona». En la vertiginosa vorágine que hay en Venezuela, es dudoso el verdadero respaldo de la FANV al grupo de Maduro y no porque pudiera ser parte de un “golpe de Estado” sino porque su cese, unido con las empoderadas protestas populares, tendría el mismo efecto que en 1958: la implosión incruenta del régimen, no explosión sangrienta.

El viernes, en otro cabildo de democracia abierta, Guaidó anunció cuatro medidas: el aceptar ayuda humanitaria internacional, la retención de activos venezolanos, la divulgación boca a boca de la recién promulgada ley de amnistía y el pedido a los militares cubanos —los llamó “hermanos”— que abandonen el control de la FANV. Todas de gran impacto: la ayuda humanitaria —rechazada siempre por el madurismo— es ansiada por todo el pueblo y la FANV no podría negar su entrada; confiscar los activos le quita los ingresos a la dictadura —principalmente de vender petróleo a EEUU—; por obvios, es innecesario comentar los otros. A ello se suma el pedido de Gauidó al personal consular venezolano en EEUU —ordenado de regresar por el régimen— que se queden allá y sus primeras aceptaciones.

Cuando este comentario salga publicado —escribo el viernes—, es muy probable hayan sucedido nuevos acontecimientos, incluido el apoyo a una transición y elecciones de sectores no maduristas del PSUV y constitucionalistas de las FANV y el tiempo de la dictadura —al igual que sus agostados “argumentos”— cada vez más rápido se acaba.

Maduro debería recordar a Talleyrand: «Con las bayonetas, todo es posible. Menos sentarse encima.»

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https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/01/25/estados-unidos-busca-cortar-los-ingresos-del-regimen-de-maduro-y-dirigirlos-a-juan-guaido/

martes, 22 de enero de 2019

¿Implosiona la “lealtad” militar a Maduro?



Ayer, miembros de la Guardia Nacional Bolivariana —lamentablemente represiva en 2014 y 2017— tomó la unidad especial de seguridad en Cotiza (Caracas), secuestró armamento de guerra —hubo también en otras ciudades—, lanzó llamamientos a la población a desconocer a la dictadura (que provocó rápidas movilizaciones de vecinos fuertemente reprimidas) y unidades militares los capturaron luego de enfrentamientos.

¿Hecho aislado o, por el contrario, muestra de la descomposición de la cadena de mando militar y el descontento social de la tropa, como defiende el presidente de la transición Juan Guaidó?

A los sucesos de 2017 con el alzamiento de sectores policiales (dirigido por Óscar Pérez, victimado al año siguiente) y de militares (toma del fuerte Paramacay), se une éste de la GNB que validaría los persistentes rumores de centenares de militares —desde oficiales de diverso rango a soldados y guardias— aprehendidos y muchos torturados por oponerse al régimen.

Tres elementos con sintomáticos de este suceso: El primero que, a diferencia de los anteriores, fue antecedido por diversas declaraciones públicas de grupos de militares; el segundo, que la población vecina salió masivamente a apoyarlos y fueron duramente reprimidos. El tercero, que la legitimidad del gobierno cada vez se desvanece más en la medida que se refuerza en la Asamblea Nacional donde Juan Gauidó aumenta su propia legitimidad dentro y fuera del país— como verdadero factor de transición, uniendo a la oposición fragmentada y la población decepcionada de esa oposición en los últimos tiempos.

¿Cuánto más aguantará la dictadura? Su principal sostén interno —la fuerza militar— parece que implosiona y con ello arrastrará al régimen. Refugiada en Miraflores y en sus engendros —el TSJ y la CNE desacreditados y una Constituyente ilegítima— cada vez tiene menos opciones de encontrar una salida y salvarse de lo que, en los hechos, es su autofagia.    


Información consultada

https://erbol.com.bo/noticia/seguridad/21012019/venezuela_detienen_un_grupo_de_militares_que_se_alzo_contra_maduro
https://veja.abril.com.br/mundo/militares-sao-presos-apos-incitarem-rebeliao-contra-governo-de-maduro/?utm_source=pushnews&utm_medium=pushnotification
https://www.voanoticias.com/a/venezuela-alzamiento-militar-carabobo/3974277.html

martes, 15 de enero de 2019

Venezuela, sin más vueltas


El pasado 10, Nicolás Maduro Moros “juró” su segundo período frente al Tribunal Supremo de Justicia y no lo hizo frente a la Asamblea Nacional —como exige la vigente Constitución chavista de 1999— porque el TSJ la declaró “en desacato” cuando la oposición ganó inobjetablemente sus dos tercios. Sólo estaban los presidentes de Bolivia, Cuba y El Salvador nadie del Grupo de Limacon representantes de menor nivel de Bielorrusia, Turquía, Rusia y China; de la menguada izquierda Foro de São Paulo fueron a pagar deudas. (Siria e Irán lo reconocieron.)

¿Le servirá a Maduro ese juramento? El mismo día, el Consejo Permanente de la OEA resolvió desconocer su legitimidad y reclamar «la realización de nuevas elecciones presidenciales [en una fecha cercana] con todas las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y legítimo», entre otros aspectos. Votaron a favor 19 países; en contra, sólo Bolivia y Nicaragua (aliados del madurismo), Dominica, San Vicente y las Granadinas, Surinam (todos dependientes de Petrocaribe) y la misma Venezuela mientras entre los abstenidos estaban miembros de Petrocaribe y México regresando a la Doctrina Estrada del priismo. Súmensele los desconocimientos de legitimidad por la Unión Europea y los EEUU, la ruptura de relaciones por Paraguay, el retiro de diplomáticos del Grupo de Lima, los duros comunicados de la Conferencia Episcopal y nuevas sanciones.

Venezuela está en crisis terminal: desde la asunción de Maduro en 2013, el PIB cayó 53%; en 2018 la inflación fue de ¡1.700.000%! y el desabastecimiento de alimentos y medicinas rondó el 80%; cinco millones de venezolanos han emigrado (de 32 millones en 2018); más de 300 presos políticos y cientos de muertos en protestas. Pero es falaz acusar de esta crisis a Maduro: fue el heredero designado por Chávez —consciente de su incapacidad para cambiar “su legado”— y sus mentores —éstos de su subordinación absoluta— y por ello lo único que ha hecho ha sido continuar —sin los inmensos ingresos del período anterior— el populismo derrochador, caudillista y ególatra del difunto Comandante “Eterno”, el verdadero causante del desastre.

Frente a la crisis y reconocida internacionalmente como autoridad democrática pero sin poder efectivo: la Asamblea Nacional. Coincido con Rosa Townsend en la debilidad y dispersión de la oposición representada en la Asamblea pero considero ésa sería precisamente su oportunidad: Sin la mayoría de sus líderes principales (presos, exiliados, prohibidos o desacreditados) y cumpliendo la alternancia acordada, un poco conocido diputado —Juan Guaidó Márquez— del partido de Leopoldo López se convirtió en su más joven presidente. Lo demás ya es parte de la historia venezolana: su nuevo líder, ahora asumido como presidente interino y reconocido por varios países.

Ahora Maduro llama al diálogo como tabla de salvación, obviando que nadie cree en dialogar con él después de tantos otros que utilizó para ganar tiempo. Seguro habrá un diálogo pronto que ya estarán negociando sectores no maduristas del PSUV con la Asamblea Nacional y militares no comprometidos, pero será un diálogo sin Maduro; la detención violenta de Guaidó y su presta liberación —a pesar de las amenazas de Cabello e Iris Varela— fue la muestra de una grave fractura de la cadena de mando madurista.

Esta columna la terminé el domingo; quizás hoy sea historia pasada. En 1819, hace 200 años, Simón Bolívar —con 35 años, la misma edad de Guairó convocó el Congreso de Angostura para iniciar La Gran Colombia. Coincidencia histórica, quizás parangón y buen augurio para el reinicio de Venezuela.

Información consultada

https://www.youtube.com/watch?v=XD8PsJRi5KM