martes, 8 de mayo de 2018

50 años de redescubierto “amar el amor”



Era mayo de 1968 y en Paris (y luego en una larga treintena de países) los jóvenes descubrían “amar el amor”. Mientras, en Latinoamérica lo íbamos descubriendo de a poco y asaz prejuiciosamente en medio de la dicotomía en blanco y negro de una Guerra Fría que acá era mucho más caliente.

Debo agradecer a mi querida amiga Susana Seleme Antelo y su crónica “Los imperdibles años ‘60” el que volviera a vivirlos. Cinco décadas atrás, chiquillos de 14 años compartíamos en los recesos del instituto las escasas noticias que nos llegaban de algo que no entendíamos pero nos entusiasmaba: una tercera vía, no-violenta y lejana de los –ismos acostumbrados, de la que nuestros contemporáneos, un poco lejanos, nos abrían los ojos.

Y el 1968 nos dio mucho para abrirlos. Poco antes, el 4 de abril, en los EE.UU fue asesinado Martin Luther King Jr, Premio Nobel por la Paz, líder en la defensa de los derechos civiles y uno de los apóstoles de la no-violencia en el siglo xx junto con el Mathama Mohandas Karamchand Gandhi y Nelson Rolihlahla Mandela, y poco después, el 6 de junio asesinaban a Robert F. Kennedy también en los EE.UU. Pero mayo fue mucho más que primavera: Del 2 al 10 de mayo (paradoja, ese 5 se cumplió 150 años del nacimiento de Karl Marx), bajo el lema de “la imaginación al poder”, se iniciaba en París y extendía por toda Francia y el mundo un movimiento de estudiantes, trabajadores y minorías, unidos con protestas valóricas contra la autoridad y los prejuicios sociopolíticos, que se continuó en la experiencia de un socialismo menos dogmático y libre como fue la corta experiencia (15 de mayo al 20 de agosto) de la Primavera de Praga, que los tanques soviéticos destruyeron, sin darse cuenta los jerarcas del Pacto de Varsovia que acababan con la última opción de sobrevivir ellos mismos. 

¿Valió la utopía? Tras Mayo del 68 no se cambió el orden global porque no intentó cambiar el Estado, la política o la economía (más allá del breve episodio checoslovaco), “falencia” de la que siempre le acusaron los marxistas; por su parte, desde posiciones conservadoras, lo estigmatizaron de ser “el fin de toda utopía revolucionaria” y haber avanzado la sociedad de consumo posmoderna. Sin embargo, modificó brutalmente las relaciones de la política con la sociedad y la cultura: fue un vendaval desacralizador, democratizador, liberador y libertario que, con las consignas de "la imaginación al poder" y "prohibido prohibir", se negó a «cambiar el mundo a través de la toma del poder porque impugna al poder en sí mismo, así como la vida gris y opaca que ofrece el capitalismo» [Lucía Álvarez, “Mayo del 68, ¿el fin de la utopía revolucionaria?”] a lo que agrego yo: también impugnó al conservadurismo inmovilista que éste exhibía, compartido con el entonces aparentemente pujante comunismo del Este; por su parte André Glucksmann [Los maestros pensadores, 1977] la describió como «la revolución inencontrable».

Fue el primer movimiento global seguido en tiempo real en una época sin Internet ni redes, a pesar de Jean-Paul Sartreuna revolución de la revolución” contra el autoritarismo y los imperialismos, que en un momento histórico unió a estudiantes y obreros integrados en una visión nueva del mundo, utópica y anárquica (más que anarquista) con el hombre y su libertad plena en su centro porque, como 40 años después describiera su líder Daniel Cohn Bendit, Dany el Rojo, en su libro Forget 68 (Olviden el 68): «Contrariamente a los revolucionarios que quieren el poder político, la rebelión de 1968 quería el poder de su propia vida».

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https://es.wikipedia.org/wiki/Internacional_Comunista

domingo, 6 de mayo de 2018

¿Crisis o coyuntura? Historia de nunca acabar



«Una crisis económica es una situación en la que se producen cambios negativos importantes en las principales variables económicas, y especialmente en el PIB y en el empleo.» [Jorge Uxó González, Diccionario empresarial.

En estos últimos días, se ha repetido “crisis económica en Argentina” y me ha quedado la duda de su corrección porque sus indicadores macroeconómicos han mejorado —en 2017 el PIB creció 2,9% y el desempleo descendió a 7,2%, sin los make ups del kirchnerismo. 

Sin duda alguna, la subida en las tasas de interés de los bonos de EEUU a 10 años ha acelerado la salida de fondos de los mercados emergentes y golpeó mucho al peso argentino, depreciándolo 13,6% en una semana —lo que puede agravar su inflación, ya influenciada por el “sinceramiento tarifario” en los servicios básicos y la reducción del consumo—, lo que motivó la brusca subida de la tasa de interés (hasta 40%) y la salida al mercado de dólares de las RIN. Todo esto dan argumentos para la oposición exacerbada en CFK, cuyo populismo (además de la corrupción) conllevó estas situaciones.

La receta oficial —más allá de lo coyuntural— es dura pero mejoraría el atractivo para la necesitada inversión extranjera: menos gastos —reducir la inversión pública, más ingresos —a pesar de la caída de la exportación de soya por la sequía—, menor deuda externa —menos financiamiento— y solidez de pagarla —hay menor déficit fiscal que el previsto. 

Lejísimo de lo del 2001, sin embargo los últimos sondeos dan que los argentinos pesimistas en el futuro superan a los optimistas por primera vez desde la subida de Macri. Se necesitan buenas noticias.


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martes, 24 de abril de 2018

UNASUR y Nicaragua: una semana “cargada”



El viernes pasado, seis países miembros de UNASUR —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú— emitieron un duro comunicado anunciando su retiro “temporal e indefinido” de la organización “por inoperancia” e imposibilidad en lograr consensos causado por el bloqueo —de raíz ideológica— por Venezuela y Bolivia respecto de las propuestas de la mayoría. Recién comenté [“Nueva crónica de una muerte anunciada”, El Deber, 21/04/2018] que «a siete años de constituida y 14 de fundada la UNASUR —que nunca fue “inocente” ideológicamente— [...] muere [...] por inoperancia y exceso de amor... bolivariano».

Al margen de que la UNASUR —con sus no-natos Consejo de Defensa Suramericano y el Banco del Sur— fue, junto con la CELAC, parte del enfrentamiento de Hugo Chávez Frías con el “imperialismo” —los EEUU y su, reconozco, frecuente torpe política con “el patio trasero”— y de su sueño hegemónico de “una Latinoamérica bolivariana sin los EEUU” sustentado en el motor de sus petrodólares y que, con Venezuela quebrada y sin HChF, sólo quedaba Bolivia frente una mayoría entre la derecha-centroderecha y el centro —Argentina (desde el año pasado anunció su intención de salir), Brasil, Chile, Perú, Colombia y Paraguay, todos miembros del Grupo de Lima— y el centro-centroizquierda del Ecuador —lejos de la Era Correa— y Uruguay —Lacalle Pou, segundo cercano en intenciones para 2014, ya anunció que el país abandonaría definitivamente.

La UNASUR y la CELAC no sólo duplicaron muchas de las funciones que sigue realizando la OEA sino, con mucha más razón política que necesidad real al dar proyección al alineamiento ideológico, alimentó la burocracia regional: 13,1% del presupuesto de USD 9,83 M (todos datos UNASUR 2014). Hoy, el apartamiento significa que la UNASUR o se enmienda —y pierde su razón de existir— o pierde sus ingresos, 80,9% aportado por los apartados —eso en el caso que Venezuela no esté en mora, lo que agravaría el spread.
Pero la autosuspensión de los seis por la inacción causada por el alineamiento madurista, no significará —descontando la falta de recursos— el consenso de los restantes: aparte de los bolivarianos —Venezuela y Bolivia—, Ecuador y Uruguay ya no son sus aliados tácitos, Guyana es miembro del Grupo de Lima mientras que Surinam “surfea” una crisis muy similar a la venezolana.

Simultáneamente, en la Nicaragua de la “Revolución Cristiana, Socialista y Solidaria” la decisión de aumentar los aportes a la Seguridad Social —quebrada sin el apoyo de los petrodólares venezolanos— desencadenó la furia de la población y develó el desconcierto de la nueva dinastía mientras sectores que le apoyaron tácitamente —empresarios, Iglesia católica— se le distanciaban, sobre todo la Iglesia. El recule en las medidas, cinco días después de iniciadas las protestas y tras la brutal represión que dejó una treintena de muertos, posiblemente sea un parche insuficiente porque, como dijo el papa Francisco, «Las ideologías terminan mal, no tienen en cuenta al pueblo. [...] terminaron siempre en dictaduras».

Una organización sin secretario general desde enero de 2017 y sin sus reuniones “anuales” de Jefes de Estado desde 2014 es preocupante para todos pero para Bolivia lo es más porque los apartados la acusan de bloquearla por su alineamiento incondicional con el madurismo —como también en la OEA, en MERCOSUR... Como grave es a Bolivia que en Nicaragua caiga la dinastía sandinista y que en El Salvador implosione el otro aliado madurista centroamericano.

La pregunta crucial es: ¿Y después de La Haya, por quién se alineará la Región?

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http://celac.mmrree.gob.ec/

domingo, 22 de abril de 2018

Nueva crónica de una muerte anunciada



En su Crónica de una muerte anunciada, García Márquez describe el conflicto de pérdida de virginidad que lleva a la muerte de Santiago Nasar. Treinta y siete años después de publicada la novela y 67 de la historia real que la sustentó, a siete años de constituida y 14 de fundada la UNASUR —que nunca fue “inocente” ideológicamente— también muere, pero por inoperancia y exceso de amor... bolivariano.

La UNASUR —como la CELAC— fue resultado del sueño de Hugo Chávez de “una Latinoamérica bolivariana sin los EEUU”, duplicando ambas muchas de las funciones de la OEA y, como otros tantos organismos surgidos al calor de la burocracia regional y con mucho más empeño ideológico que razón real, pervivió mientras hubo un motor que la empujara. Pero sin HChF, con Venezuela quebrada y con Bolivia de único otro paladín —contra “viento y marea” del resto de la Región— ahora que el Ecuador de Lenín Moreno se mueve al centro-centroizquierda del Uruguay de Tabaré Vázquez y con el péndulo subregional hacia el centro-centroderecha —perdido el miedo al chantaje ideológico conque el bolivarianismo arrinconaba antes a gobiernos no afectos— y sin visos de otro bandazo próximo, es que los seis socios —cinco las mayores economías sudamericanas— se le apartan “temporal e indefinidamente” —Argentina lo anunciaba hace un año—, dándole un duro portazo a la recién estrenada presidencia pro-témpore boliviana, devolviéndola a la soledad que encontró en la Cumbre de Lima.

Sin cabeza hace 17 meses y ahora sin cuotas, tuvo más existencia que el Consejo de Defensa Suramericano y el Banco del Sur, los otros dos integrantes del proyecto bolivariano en Sudamérica, cuyas “pinzas” ideológicas eran la ALBA-TCP y el Foro de São Paulo.


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http://celac.mmrree.gob.ec/

jueves, 19 de abril de 2018

¿Cambio en el poder o recambio dentro del poder?



Estos dos días son significativos para Cuba porque significa —temporalmente al menos— la salida de un Castro del Poder y, luego de seis décadas, que habrá oficialmente al frente del país un civil que nació después de 1959: Miguel Díaz-Canel Bermúdez, conceptuado en medios como un «apparátchik» tecnócrata que ha ido ascendiendo paulatinamente en las indisolublemente unidas —hasta ahora, al menos— estructuras estatal y política.

He leído algunas suposiciones fantasiosas que pronosticaban la posibilidad de que Díaz-Canel deviniera en “un Lenín Moreno —o un Gorbachov— a la cubana”. Nada más irreal si se conoce la conformación del Poder en Cuba: Su cargo depende, orgánicamente, de la Asamblea Nacional, que lo elige entre sus integrantes y puede destituirlo por voto propio —la Constitución vigente no contempla otra revocación—, y políticamente del Buró Político del Partido Comunista —al que pertenece—; por si fueran pocas ambas vías de control y dirección, gran parte de la economía —sobre todo las más generadoras de divisas— está bajo el directo control de militares que son, a su vez, miembros de ambas estructuras.

Sin embargo, Díaz-Canel tendrá que acelerar el «proceso de reestructuración del empleo y los salarios» (de estatal transferido a ocupaciones no estatales) decidido en 2011 que al final del período asignado (2016) sólo se había cumplido el 10% del total y el 27% de los 313 Lineamientos aprobados como imprescindibles a pesar de que, como augurara su antecesor —que hasta el próximo Congreso del PCC lo dirigirá—, «o rectificamos o ya se acabó el tiempo de seguir bordeando el precipicio, nos hundimos, y hundiremos».

La ascensión, por ende, más que un cambio es un recambio dentro del Poder.

Información consultada

http://www.eldeber.com.bo/especiales/El-fin-de-la-era-Castro-Raul-dice-adios-al-poder-en-Cuba-20180417-9241.html
https://www.nytimes.com/es/2018/04/17/opinion-sabatini-cuba-castro-canel/

domingo, 15 de abril de 2018

Periodistas asesinados por una paz mal hecha



El anuncio por el presidente ecuatoriano Moreno Garcés del asesinato de tres integrantes de un equipo de prensa del diario quiteño El Comercio: el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra cuando investigaban la violencia en la frontera con Colombia, develó cuán incompletos y apresurados fueron los Acuerdos de Paz que firmó el Gobiernos Santos con la guerrilla de la FARC y regresó a primer plano cuánto del conflicto colombiano ha involucrado a Ecuador.

Los tres fueron secuestrados el 26 de marzo por el grupo “Oliver Sinisterra” disidente de las FARC liderado por el ecuatoriano Walter Artízala Vernaza, alias Guacho, hoy uno de los delincuentes —narcoterrorista lo llamó Moreno— más buscados de Ecuador y Colombia. Lo grave es que este grupo —dedicado al narcotráfico y la extorsión en la región, con entre 100 y 500 integrantes, muchos niños y jóvenes recién reclutados— es uno de los 10 identificados —y una veintena presunta— como “disidentes” de las FARC que han cometido muchos actos de violencia en la frontera y la región del Pacífico, además de grupos del ELN, de las desaparecidas Autodefensa y del EPL, muchas veces peleando entre ellos y con los cárteles de la droga.

Para Ecuador, el fantasma de Luis Devia Silva, alias Raúl Reyes, el comandante de las FARC muerto por las FFAA colombianas en un santuario dentro del país —denunciado como “permitido” entonces por Correa—, es permanente recuerdo que el conflicto armado de Colombia ha involucrado a su país y también lo desangra.

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