martes, 16 de agosto de 2016

Pokémon Go, futuro presente


Hasta hace pocas semanas sólo sabía de los pokémones que fue una serie de TV japonesa que veían los hijos de unos queridos amigos cuando llegaba a visitarlos y que —perdón de los fans— jamás se me ocurrió mirar. Por eso no me enteré hasta ahora que su origen era un juego role-playing game —en buen castellano de la RAE «juego de interpretación de papeles»— japonés ideado en 1991 por un coleccionista aficionado de insectos — luego razón de muchos de sus personajes— y que apareció en 1996 con Nintendo, la multinacional japonesa de los videojuegos. Para cerrar este “ciclo historiador”, Pokémon es una contracción del nipón Poketto Monsutā —"monstruos de bolsillo", en inglés Pocket Monsters— y fue tan exitoso que al año siguiente (1997) ya había vendido un millón de copias en Japón y casi un cuarto en EEUU durante la primera semana de venta. Así empezó la leyenda: serie de televisión, naipes, ropa...

Debo declarar que mi experiencia con computadoras se inició en 1974 con una “sofisticadísima" —entonces— Olivetti del CENIC sin pantalla ni programas, para la que había que preelaborar lo que correría en ésta y perforarlo en tarjetas —previa una laboriosa evaluación psicológica “para saber si era apto para trabajar con computadora”, lo que hoy “suena” a prehistoria o irreal—, PacMan no fue de mi agrado y mi experiencia lúdica con juegos de computadora se redujo a curiosear Tetris —¿recuerda aquél videojuego de puzzle soviético (¡wow, ¿era soviético?), “dinosaurio lúdico” de los 80?

Volviendo al meollo, el 6 de julio pasado fue lanzado por regiones este videojuego de aventura pionero en realidad aumentada free-to-play desarrollado para smartphones y el 3 de agosto se desbloqueó para Latinoamérica —¡sólo hace 13 días que nos llegó!
En The New York Times leí que Pokémon Go había llevado a muchos chicos a entrar en museos y bibliotecas —territorios desconocidos— para capturar bichos y algunos los habían descubierto con asombro. Por eso discrepo con un baby boomer como yo que, en un principal medio boliviano, comparaba su “poca utilidad” con la de un nostálgico crucigrama cultural de su infancia —aunque “en mis lejanos” 8 años aprender cada día varios significados en un Larousse era de mis pasatiempos favoritos.

El pasado sábado, alrededor de la una de la madrugada, encontrar un centenar de personas de diversas edades y condiciones socioculturales “cazando” pokémones en una esquina del segundo anillo cruceño me permitió valorarlo. Porque se practica ejercicio al caminar —lo celebran publicaciones médicas internacionales— que reduce la ansiedad —gasta energía—, la depresión —se socializa— y otros desórdenes mentales; se hace turismo para buscarlos los pokémones —761, aún no todos para smartphones— y se conoce la ciudad —con las poképaradas—, se practica realidad aumentada —el juego es usted— y, como mencionó Amy Butcher en NYT, “se ve el mundo en su esplendor”. Además, se lee —buscando información—, se entiende biología, se mejora la relación con los animales y se aprende evolución —¡no sonría!

Y nos trae el futuro al presente: mapas fidedignos y recorridos casi impecables, mezcla de Google Earth y Maps con participación de usuarios anteriores —como Wikipedia—, a modo de Gran Ojo que a Orwell asustaría. También nos constata que muchísimos acceden a la ciudadanía virtual a través de la pantalla de su Smartphone. Una revolución cultural que ya llegó.






 




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viernes, 5 de agosto de 2016

Inclusión de fragmentos de entrevista en el artículo "La política de choque de Choquehuanca" de CH Morales en Qué Pasa?

Analistas y políticos bolivianos cuestionan la estrategia confrontacional y el lenguaje belicista del gobierno de Evo Morales y especialmente del canciller David Choquehuanca, a quien acusan de buscar un posicionamiento interno con miras a una sucesión presidencial.

Por Carlos Morales Peña, desde Santa Cruz, Bolivia Agosto 5, 2016

Por momentos pareciera que la sangre amenaza con llegar al río. No al río Lauca ni a los “manantiales” del Silala en la frontera que comparten Bolivia y Chile, sino a las turbulentas relaciones entre los gobiernos de los socialistas Evo Morales Ayma y Michelle Bachelet Jeria. De fondo: la demanda marítima boliviana por un acceso soberano al océano Pacífico. Dos juicios internacionales están en marcha en la Corte Internacional de La Haya. Uno presentado el 24 de abril de 2013 por La Paz para obligar a Chile a negociar una salida soberana para Bolivia; y, el otro, elevado por Santiago contra Bolivia para que el Tribunal Internacional defina si el Silala es o no un río de cauce internacional.

“Si bien puede ser beneficioso políticamente hacia adentro y coadyuvar al posicionamiento de David Choquehuanca como presunto candidato en reemplazo electoral del actual presidente, en el exterior es potencialmente contraproducente y le resta credibilidad a la posición boliviana”, dice José Rafael Vilar.

Lo anterior, condimentado por la decisión del canciller David Choquehuanca de encabezar una comisión nacional para inspeccionar los puertos de Arica y Antofagasta para denunciar el presunto incumplimiento del Tratado de Paz de 1904. Esto fue considerado en La Paz como un hito en esta política “más allá de los tribunales”. Todo, en el contexto de una realidad política compleja en ambos países. Especialmente para el gobierno de Evo Morales, cuya popularidad se ha puesto en riesgo después de sonados escándalos que estallaron a comienzos de este año y que golpearon en los resultados del referéndum constitucional del 21 de febrero, que le cerró la puerta —por ahora— a una nueva reelección en 2019. La cuestión marítima tiene un efecto inmediato, enciende los fervores nacionalistas y los sondeos se modifican al compás de las afrentas, y la retórica belicista ya entró en escena.
“Cuando un boliviano ve el Lauca le hierve la sangre. Y uno dice: estoy dispuesto a derramar sangre, a pelear para recuperar lo que es nuestro, para reclamar nuestro derecho”, dijo Choquehuanca al diario Página Siete. El vicepresidente Álvaro García Linera tampoco se contuvo y arengó ante efectivos militares que las FF.AA. de Bolivia estaban preparadas para defender su integridad territorial y acusó al gobierno chileno de convertir a Chile en un “Estado pirata” que “utiliza la diplomacia del matonaje de los siglos XVII, XVIII y XIX”. García Linera dijo ante jóvenes soldados premilitares que él mismo estaba dispuesto a derramar su sangre para defender los intereses bolivianos frente a Chile.

Evo Morales cerró la olla de acusaciones de ida y vuelta esta semana asegurando que “Chile actúa con rencor” por el restablecimiento de visas para funcionarios públicos bolivianos en represalia por la comisión que estuvo en Arica y Antofagasta.

CON LA SANGRE EN LAS VENAS
“Hay una constante en el accionar externo del gobierno de Evo Morales en los últimos diez años: su política exterior está destinada más a conseguir réditos internos que a obtener propósitos que coadyuven los altos intereses del país más allá de nuestras fronteras”, dice Fernando Salazar Paredes, ex ministro de Estado y ex representante de Bolivia ante la OEA a principio de los 80. De hecho, le correspondió negociar la resolución de ese organismo en 1983, una de las pruebas usadas por Bolivia para demandar a Chile en La Haya.

Según el ex ministro, las declaraciones realizadas por personeros del gobierno de Bolivia son más para consumo interno, pues hay una necesidad apremiante de convencer a las grandes mayorías del patriotismo del que están imbuidos sus actuales dirigentes: “En lo externo, a más de aumentar el distanciamiento con un país con el que supuestamente queremos dialogar, no tiene ninguna significación real ni trascendencia en términos de conseguir algo que nos reporte un beneficio a nuestros intereses”.

Las críticas también son compartidas por otro ex representante boliviano ante la OEA. Se trata de Marcelo Ostria-Trigo, ex viceministro de Relaciones Exteriores y ex secretario general de la Presidencia de Hugo Banzer. De hecho, estuvo en la comitiva boliviana en el Acuerdo de Charaña celebrado entre los gobiernos de Banzer y Pinochet. “Es un lenguaje lastimero, alejado del que es usual entre dignatarios de Estado. Tiene, además, una elevada dosis de confrontación. Estas autoridades sugieren la posibilidad de un conflicto armado boliviano-chileno con víctimas, seguramente convencidos de que, por lo menos en esta etapa de la historia de América, no se va a producir una guerra”, dice Ostria-Trigo, quien agrega: “Es parte de una pose que no convence a nadie. Hay otras formas —civilizadas, por cierto— de reclamar derechos de un país a otro; son formas respetuosas, claras en la demanda y con objetivos precisos apoyados en afirmaciones creíbles. Esto está consagrado en el trato diplomático cuando se negocia, reclama o denuncia. Los golpes de efecto, si no son en este contexto, resultan contrarios a lo que se pretende conseguir”.

El político sostiene que la demanda presentada por el país ante La Haya apunta a establecer la obligatoriedad de Chile a negociar una salida al mar con Bolivia. En ese contexto y, ante un eventual fallo positivo para su país, las declaraciones confrontacionales y los agravios no contribuyen en nada a crear un clima proclive a la negociación.

Los analistas políticos de La Paz tampoco ven con buenos ojos la arremetida del Palacio Quemado. José Rafael Vilar, analista político, experto en política internacional y procesos globales apunta, incluso, a que la estrategia esté enfocada en una eventual candidatura presidencial de Choquehuanca. “Si bien puede ser beneficioso políticamente hacia adentro y coadyuvar al posicionamiento de David Choquehuanca como presunto candidato en reemplazo electoral del actual presidente, a lo exterior —más en un contexto regional cada vez menos proclive a la política del país— potencialmente es contraproducente y le resta credibilidad a la posición boliviana”, explica a Qué Pasa.

Quien pone otro foco es Iván Finot, analista internacional, ex asesor de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y miembro de las Maestrías para el Desarrollo de la Universidad Católica Boliviana (UCB), quien sostiene que el lenguaje belicista es aceptado porque, de alguna forma u otra, interpreta el sentir de la mayoría de los bolivianos. Apunta, eso sí, a que el problema estuvo en la comitiva que encabezó David Choquehuanca a los puertos del norte de Chile.

“Las palabras del canciller no me parecen confrontacionales, sino que nacen de un sentimiento que compartimos todos los bolivianos”, argumenta, pero de ahí se lanza con la crítica: “En cambio, la visita no concertada de una delegación de altísimo nivel ocasionada porque nuestros choferes se habían quedado sin garajes y alojamiento en Arica sí me parece inadecuada: la humanidad fue desarrollando protocolos diplomáticos universales para entendernos entre culturas diferentes, en relaciones internacionales para dialogar hay que seguir obligatoriamente esos caminos para evitar la confrontación”.

José Vilar apunta a que la visita de Choquehuanca a Chile fue, a la postre, negativa para los intereses marítimos bolivianos. “Circunstancialmente, en lo que refiere a dificultades para el transporte boliviano en los puertos asignados, cumplió el cometido de constatar falencias y dificultades y denunciarlas. En lo diplomático y de relaciones internacionales, fue muy mal diseñada y realizada, aprovechando Chile para denunciarla con ribetes de ‘intromisión extranjera’”.

PASIÓN AUTODESTRUCTIVA
Fernando Salazar Paredes ensaya, incluso, una crítica más profunda y generalizada a la política exterior del gobierno de Evo Morales. “En una evaluación serena y objetiva de la política exterior del actual gobierno desde sus inicios, necesariamente tendremos que concluir que hay una pasión autodestructiva que emerge de la belicosidad con la que se maneja la relación con ciertos países y la dócil sumisión para con otros”, sostiene el ex ministro.

En este sentido, explica que su país muestra una preocupante tendencia “impulsivamente pendenciera”: “En política internacional, hay reglas de juego objetivadas en tratados, convenciones y convenios. No podemos pretender estar por encima de ellos, debemos respetarlos. No somos todopoderosos, ergo toda acción que se toma, basados en esa ilusoria noción de que somos el ombligo del mundo, tendrá una reacción, a la corta o a la larga”.

“Si algo se puede recomendar a los que manejan —chapuceramente, por decir lo menos— nuestra política exterior, es que tengan más prudencia”, indica.

SIN DIÁLOGO
Pese a todo, el gobierno boliviano demandó abrir una instancia de diálogo entre Evo Morales y Michelle Bachelet. ¿Es razonable el pedido en este contexto? ¿Es viable un diálogo en estas condiciones? La visión de los expertos consultados es bastante pesimista.

“Quienes manejan la política exterior boliviana ¿recién ahora se dan cuenta que Muñoz es un obstáculo para el diálogo? Siempre lo fue, y si lo cambian o no es irrelevante puesto que vendrá otro con la misma posición”, dice el ex ministro Fernando Salazar.

“La guerra verbal que se ha desencadenando con Chile ha llegado a extremos que no se pueden solucionar con un postrer pedido de buscar el diáslogo a nivel presidencial”, dice Fernando Salazar.

El punto es que, según los expertos, el gobierno boliviano necesita tomar conciencia de que el retorno al diálogo será, en adelante, cuesta arriba y cuando, inevitablemente se llegue a él, habrá que iniciar un largo camino para recuperar la confianza, requisito indispensable para sentarse en una mesa de negociación. En política internacional, dicen, no hay borrón y cuenta nueva. Todo queda registrado e incide en futuras negociaciones.

Marcelo Ostria-Trigo advierte: “Parece que ya está resuelto. Chile no acepta un diálogo en este contexto. Habrá que esperar que cambie el ambiente, con una baja de tensiones que produjeron la torpeza compartida. Habrá que explicar que estos excesos se producen porque se trata de un tema muy sensible en la opinión pública, y los personeros oficiales de los dos países se embarcan en una absurda competencia de quién es el más patriota”.

Una opinión similar la tiene José Vilar, quien apunta a que las declaraciones confrontacionales a ambos lados de la mesa hacen del diálogo un elemento inviable. “En el actual momento en que hay una escalada de declaraciones confrontacionales de ida y vuelta y sin la necesaria distensión, para la opinión pública chilena el diálogo en medio de ello puede percibirse como una claudicación, y para la boliviana como una victoria estratégica. Debe primar una distensión que anteceda al diálogo, posiblemente mediada por un organismo creíble; descarto Unasur”, explica.

EL FACTOR MUÑOZ
En Bolivia también llaman la atención las respuestas de parlamentarios chilenos, especialmente de quienes han sido más activos en esta miniguerrilla de declaraciones, como el senador Jorge Tarud, quien disparó hace pocos días en el diario El Deber de Santa Cruz de la Sierra. “Es mejor que Evo Morales guarde el celular y no llame a la presidenta Bachelet”, advirtió a raíz del llamado de Morales para abrir un canal de diálogo directo con Bachelet.

El analista Marcelo Ostria-Trigo responde: “Lamentablemente eso es parte de la escalada de agravios. Me parece que esos senadores y diputados han caído en lo que debían evitar: la confrontación estridente que muestra a funcionarios de ambos países como protagonistas de una discusión de muy bajo nivel”.

Pero el político chileno más cuestionado en Bolivia es, quizás, el canciller Heraldo Muñoz, quien, según Evo Morales, es el mayor obstáculo para un diálogo con Michelle Bachelet.

Al respecto, Fernando Salazar Paredes califica la historia de la relación entre Morales y Muñoz como incoherente. “La incoherencia es una característica de la política exterior de este gobierno. Recuerdo cómo el presidente Evo Morales recibió a este personaje (Muñoz) en el 2012 en palacio con bombos y platillos. Era un funcionario de tercer nivel del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pero se dio el lujo de ser recibido por el presidente, el canciller y otras autoridades y creo que hasta jugó fútbol con el primer mandatario. Nadie revisó su pasado, nadie deparó en sus antecedentes”, sostiene y agrega: “Muñoz es uno de los pocos cancilleres chilenos que han conocido la Bolivia profunda, pues en los años 80 recorrió gran parte del territorio nacional, especialmente el área fronteriza con Chile y Perú”.
El ex ministro Salazar señala que la supuesta posición “antiboliviana” de Heraldo Muñoz era conocida por las autoridades bolivianas: “Fue crítico de la negociación de Charaña y también fue fustigador del acompañamiento chileno a la resolución de la OEA de 1983 y, apenas posisionado como canciller admonitoriamente dijo: ‘La puerta está cerrada para siempre, hoy y por mucho tiempo’. Quienes manejan la política exterior boliviana ¿acaso recién ahora se dan cuenta que Muñoz es un obstáculo para el diálogo? Siempre lo fue y si lo cambian o no es irrelevante puesto que vendrá otro, tal vez con otro estilo, pero con la misma posición”.
José Rafael Vilar tiene una opinión algo diferente. “Aunque Muñoz haya sido el más activo en las confrontaciones hasta el momento desde el lado gubernamental —del lado político sin dudas el protagonismo lo ha tenido el diputado Tarud—, no lo considero como obstáculo para el diálogo”. Lo que teme, dice, es que de ser reemplazado sea sucedido por alguien más confontacional, como José Miguel Insulza o el mismo Jorge Tarud. Y así, en su opinión, el remedio podría ser peor que la enfermedad.


martes, 2 de agosto de 2016

Perú y Bolivia en la era PPK


La asunción de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) como sexagésimo presidente del Perú ha traído nuevos retos para el país y la región. Perú deberá continuar impulsando el crecimiento de su economía, que desde 2002 ha estado sobre el 4% (excepto en 2009, 2014 y 2015), e incluso mayores al 8% —2007 (8,5%); 2008 (9,1%), 2010 (8,5%)—, y del cual PPK fue artífice como ministro de Economía y presidente del Consejo de Ministros, desarrollo ligado a la amplia apertura comercial del país por su integración a la Alianza del Pacífico y al Acuerdo Transpacífico, los 49 tratados de libre comercio firmados y con la Comunidad Andina y con Mercosur. Además, recuperar la confianza de la ciudadanía en sus gobernantes (bastante menguada en los últimos años) y, primordial, mantener el equilibrio con un Congreso donde tiene poco menos del 14% de presencia y que es dominado (56%) por la derecha populista del fujimorismo (Frente Popular), y que en la izquierda (Frente Amplio) tiene su segunda fuerza (15%); por lo que está obligado a realizar hábiles negociaciones, y para ello ha conformado un gabinete tecnocrático y no político, dejando esas funciones a sus dos vicepresidentes. Este panorama condice las líneas de gobierno que ha planteado, de una economía liberal: formalización, infraestructura, promoción de inversión, transparencia y honestidad, Estado de derecho; con compromiso social: agua y saneamiento, salud pública de calidad, lucha contra la discriminación e inseguridad.
Estos datos son interesantes para entender el futuro de las relaciones exteriores peruanas. En lo global, Perú tenderá a reforzar su apertura económica e integración hacia el Pacífico; mientras que lo ideológico, en un contexto regional cada vez menos de izquierda, será poco o nada prioritario. Respecto a los países vecinos, PPK manifestó que se van a priorizar las relaciones diplomáticas con los que Perú ha tenido problemas (Ecuador y Chile); las relaciones comerciales con los que forman parte de la Alianza del Pacífico (Colombia y Chile), así como con Bolivia (centrales en sus decisiones exteriores). En cuanto a las cifras, en 2014 el intercambio con Ecuador superó los $us 2.380 millones (desfavorable a Perú en más de $us 580 millones), con Chile fue más de $us 2.757 millones (favorable a Perú en más de $us 293 millones), y con Bolivia fue de $us 1.183 millones (favorable a Perú en $us 115 millones); lo que muestra la existencia de asimetrías en los intercambios comerciales con estos tres países vecinos, lo que sin duda afectará futuras decisiones.
Respecto a la actual situación crítica entre Bolivia-Chile, Perú es muy relevante, tanto por su capacidad decisoria (establecida en el Tratado de Lima de 1929 en caso de que se alcance un acuerdo entre Bolivia y Chile para ceder territorios que pertenecieron a Perú antes de la guerra de 1879-1883), y por la relevancia que está dando Bolivia a la implementación de los beneficios incluidos en el Protocolo Ilo II, del que aún el Congreso peruano no ha ratificado el dictamen aprobado por su Comisión de Relaciones Exteriores en 2013 (bastante menguado respecto a lo suscrito en 2010 y modificado en 2012), además de que las condiciones en los puertos de Matarani y de Ilo aún sean muy insuficientes (además de aumentar la distancia para la transportación desde Bolivia) y requieren grandes inversiones y trabajos durante al menos una década, según expertos, antes de su puesta en total funcionamiento.
Aun así, la realidad ha demostrado que los tecnócratas liberales (más pragmáticos y menos ideologizados) pueden ser menos complicados negociadores.

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viernes, 29 de julio de 2016

PPK, Perú y Bolivia


Ayer, PPK planteó sus líneas de gobierno para una política económica liberal—formalización, infraestructura, promoción de la inversión, transparencia y eticidad, refuerzo del estado de derecho— con compromiso social —agua y saneamiento, salud pública de calidad, lucha contra la discriminación e inseguridad— que deberá negociar en el Congreso con el Frente Popular (mayoría congresal) y el Frente Amplio (segunda mayoría), a los que pidió colaboración.

En lo interno, Perú tiene buenas credenciales económicas: entre 2001 y 2013 creció 6,1% promedio anual; la pobreza moderada cayó del 55% al 24% y la extrema bajó del 5%; este año se prevé buen crecimiento (3,4% según CEPAL, 3,6% FMI y 3,5% BM). En lo político, PPK deberá mejorar la baja confianza en los políticos mientras en lo internacional reforzará su membresía en la Alianza del Pacífico y su relación con sus vecinos Chile y Ecuador.

Para Bolivia, las relaciones son de suma importancia, tanto por lo económico —el pendiente tren bioceánico y la alternativa de Ilo, que el Congreso no ha aprobado— como en la salida de Bolivia al mar. Máxime cuando las actuales —con un gobierno saliente asaz más cercano y en un contexto ideológico favorable— no eran promisorias.

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domingo, 24 de julio de 2016

¿Quién es PPK y qué le espera al Perú?


Pedro Pablo Kuczynski Godard asumirá la Presidencia del Perú el próximo 28. Pero, ¿quién es PPK y cuáles sus intenciones?

Hijo de emigrantes (padre alemán de ascendencia judío-polaca, madre franco-suiza), no es extraño que ocupe la presidencia en un país con gran emigración multipolar, que tuvo recientemente de presidente a un nikkei (Fujimori) y que en sus inicios la gobernó un argentino, San Martín, y poco después un ecuatoriano (La Mar) y otro argentino (Alvarado). El Perú siempre ha sido país amable e integrador con el emigrante.

Credenciales impecables empresariales (EEUU, África y Perú) y tecnocráticas (gerente del Banco Central de Reserva, ministro de Energía y Minas y de Economía y Finanzas y Presidente del Consejo de Ministros), fue fundamental en el reciente boom peruano. Por ello, PPK aplicará una política económica liberal ortodoxa.

Pero a su gestión le jalarán inversamente: el populismo de Frente Popular y el izquierdismo y regionalismos de Frente Amplio. Aunque las diferencias económicas de fondo con FP no son insalvables, le gravitarán sus populismos. Con FA, PPK necesitará cumplir, al menos moderadamente, sus reclamos sociales y las expectativas del sur peruano. Por ahí irán sus decisiones.

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martes, 19 de julio de 2016

Mercosur vs. Alianza del Pacífico

 Desde el nacimiento de la Alianza del Pacífico en 2011, medios y políticos han comparado principios y resultados entre este nuevo bloque y el veterano Mercado Común del Sur (Mercosur). Y como muchos de los argumentos a favor o en contra no sustentan sus fundamentos (incluso se le denominó “proceso de disolución latinoamericana”), aprovecharé mi columna para dar información.

La Alianza tiene 4 miembros (Chile, Colombia, México y Perú), dos postulantes que buscan adherirse (Costa Rica y Panamá) y 49 Observadores, entre ellos Paraguay, Uruguay y Argentina, miembros del Mercosur. Sus objetivos están centrados en la libre circulación de bienes, servicios, capitales, personas y economía, el impulso del crecimiento y desarrollo económicos y la competitividad y la integración económica y comercial, con énfasis hacia la región Asia-Pacífico. 

A su vez, el Mercosur integró desde 1991 a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los que se adicionaron Venezuela (2012) y Bolivia (en proceso de ratificación), con Ecuador (Observador en la Alianza), Perú, Chile, Colombia (los tres miembros de la Alianza), Guyana y Surinam como Asociados; sus objetivos constitutivos fueron “la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos” (muy similar a lo que 20 años después decidieron los miembros constitutivos de la Alianza), el “[…] establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común con relación a terceros” y “la adopción de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados Partes […] a fin de asegurar condiciones adecuadas de competencia”. En principio, muy similares objetivos, muy diferentes resultados.

Varias diferencias entre ambos bloques. Una es la simetría en sus PIBs en la Alianza (en 2015, según FMI: sus miembros ocupaban entre el 2do. y 7mo. lugares regionales) y asimetría en Mercosur (Brasil y Argentina 1ro. y 3ro., mientras Uruguay y Paraguay 14vo. y 15vo., manteniéndose en las adhesiones: Venezuela 5to. y Bolivia 13ro.). El crecimiento del PIB es otra diferencia. Según datos del FMI a octubre 2015, se registró un crecimiento promedio positivo en la Alianza (2,4% en 2015 y un 2,9% esperado para 2016). En cambio, tasas menores para el Mercosur: 0,7%en 2015 y 1,1% proyectado para 2016, esto debido al crecimiento negativo de Argentina y Brasil (más Venezuela). Entre las diferencias también figuran la baja productividad y el cumplimiento/ incumplimiento de objetivos. Mientras en el Mercosur se avanzó la formalización estructural (Parlasur, Secretaría Permanente, Sedes), se incumplió en lo sustancial al no levantarse las barreras arancelarias e, incluso, crearse nuevas paraarancelarias, con los dos mayores socios continuamente divergiendo entre ellos, y también entre Uruguay y Argentina. En cambio, la Alianza en sus dos primeros años eliminó la mayoría de los aranceles intersocios y, sin crear estructuras formales (sin sede permanente ni burocracia propia), se avanzó a establecer esfuerzos comunes, ya sea abriendo embajadas conjuntas o uniendo misiones comerciales.

Pero hay diferencias más profundas: en lo comercial, mientras la visión de la Alianza es exógena con múltiples TLCs, el Mercosur es endógeno y proteccionista. También en lo político porque en el Mercosur se tomaban decisiones afines al socialismo del siglo 21 (como la exclusión temporal de Paraguay tras el impeachment a Lugo que permitió incorporar a Venezuela); en contraparte, excepto declaraciones de principios democráticos, la Alianza no ha actuado como organismo político.

El reto hoy para el Mercosur es sortear la demagogia ideológica y desanquilosarse. De lo contrario, corre el riesgo de desaparecer.


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