martes, 8 de octubre de 2019

La fuerza del pueblo es su fe en sí mismo


El viernes pasado, el departamento de Santa Cruz celebró su cuarto cabildo del siglo 21. Vale recordar que los cabildos están reconocidos en la Ley del Régimen Electoral que en su Artículo 35 define que «los Cabildos son mecanismos constitucionales de democracia directa y participativa por los cuales las ciudadanas y ciudadanos, mediante reuniones públicas, se pronuncian directamente sobre políticas y asuntos de interés colectivo» y en el mismo aclara que «sus decisiones no son de carácter vinculante, pero deberán ser consideradas por las autoridades y representantes». (Para quienes, suspicazmente, le resten validez porque no estuvo el Órgano Electoral, el Artículo 37 de la mencionada Ley aclara que éste «es competente para la observación y acompañamiento» pero sin obligatoriedad de ello.)

El Cabildo hereda una historia de otros importantes: en 1561, fundando la ciudad; en 1568, eligiendo a su primer Gobernador; en 1621, decidiendo el traslado de la ciudad; en 1810, rebelándose contra la corona española, y en 1876, aprobando el “Acta del Pueblo” y eligiendo prefecto a Andrés Ibáñez. Saltando el siglo 20, en el 21, entre otros, el “Cabildo del Millón” reafirmó la autonomía.

El viernes fueron tres las principales decisiones tomadas: La primera sobre la Chiquitanía, con clara vocación medioambiental y en pro de recabar toda la ayuda internacional para terminar los incendios y recuperar los bosques, se aprobó una Declaratoria Ciudadana de Desastre Nacional (no contemplada jurídicamente pero que sustituye a la que el Gobierno se ha negado a declarar). La segunda decisión reclamó la abrogación de la Ley 741 y el Decreto Supremo 3973 que sustentaron los chaqueos y provocaron las quemas y reclamó al INRA para desalojar las dotaciones y asentamientos humanos en tierras fiscales y áreas protegidas que no cumplan los requisitos de ley.

La tercera decisión fue la más trascendente: trabajar por una propuesta federal real, solidaria y unificadora. Ya se han aventado fantasmas conocidos de “separatismo” (Brasil y México son federales hace décadas y no se fragmentaron), “racismo” (es el departamento con más inmigración integrada), “oligarca” (no pude encontrar a ninguno pero sí muchísimo pueblo)... Lo curioso es que no los leí del MAS, sino de Revilla y en redes, y entendí por qué rezumaban miedo.

Entre 1898 y 1899, el Poder político se desplazó desde Sucre (la oligarquía de la plata) a La Paz (del estaño y del comercio) porque el económico se había trasladado hacía años, tras la Guerra del Pacífico. Hoy, el Poder económico fue desplazado de La Paz a Santa Cruz; la participación de ambos departamentos en el PIB entre 2006-2018 fluctuó entre el 24% y casi el 28% (La Paz) y el 29% (Santa Cruz), con una diferencia fundamental: la alícuota paceña fue por contribución del desborde del estatismo masista (El Alto, como polo industrial y manufacturero colapsó tras el fin de la ATPDEA) y la cruceña por actividad productiva creadora de riqueza, mientras que en demografía La Paz decreció en el período del 27,6% al 24,4% (-3,2%) del país y Santa Cruz creció del 25,5% al 29,9% (4,4%).

La defensa de Revilla y entorno es muy plausible: suponen de la pérdida del Poder político colapsará los ingresos. Pero federalismo es retirar arbitrariedades del

Termino citando la homilía del Obispo Emérito de Santa Cruz, Mons. Braulio Sáez: «[el cabildo] ha hecho un acto de fe, sí, fe en la defensa de la vida, fe para salvar los valores de la democracia, fe que nos impulsa a la reafirmación de los valores humanos […] la solidaridad, la hospitalidad, la alegría y sobre todo la paz y la justicia».


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https://www.reduno.com.bo/nota/cabildo-aprueba-trabajar-por-el-federalismo-y-control-de-tierras-201910416410

martes, 24 de septiembre de 2019

Dolorosas vergüenzas - éxodo y corrupción



El viernes pasado me crucé en una intersección del Cuarto Anillo, en Santa Cruz, con cuatro flacos jóvenes con un cartel que decía “Ayúdenos, somos venezolanos huyendo a Uruguay”. Después, frente casi a Cine Center, me aparecieron un hombre joven con dos niños de menos de cinco años y un cartel “Somos venezolanos, ayúdenos a seguir”; sentada en un banco, dando leche a un bebé, estaba su compañera. Más tarde, por la Manzana Cero, estaban entre los vehículos una humilde pareja joven con un chico en brazo y el mismo reclamo: “Somos venezolanos, ayúdenos”. Carteles y personas repetidos cada vez más en nuestras calles: algunos que quieren venderte algo, otros que hacen malabarismos y, muchos, que piden una ayuda (uno, cerca del IC Norte, pedía comida para su perrito viajero que sacaba su cabeza de la mochila, compañero de viaje que no dejaron atrás).

Quizás mi memoria de los carteles sea incompleta (seguro decían algo más) pero lo que sí era (y es) total es la vergüenza e indignación que sentí. Más de cuatro millones trescientos mil emigrados venezolanos contabilizaba la ONU a fines de agosto de la que es, numéricamente, la segunda mayor crisis migratoria mundial después de Siria (aunque la ACNUR no la considera entre las cinco peores del planeta porque no es una guerra ni hay persecución “oficialmente declarada”). Un pobre y fútil consuelo nacional es que no aparecemos en las listas de los 17 países en el mundo con más venezolanos refugiados ni en la de los 14 países latinoamericanos con más emigrantes venezolanos residenciados: sólo somos un país de tránsito…

¿Nos complaceremos con eso? ¿Acaso podemos ser indiferentes a la grave crisis? Con cerca de 33 millones de habitantes, la ONU calcula que en 2020 Venezuela tendrá ocho millones de migrantes y refugiados: más del 24% de la población. Lo que es la peor pesadilla migratoria en Latinoamérica desde las independencias (la diáspora cubana llegó alrededor de tres millones en un período muchísimo más largo y los desplazamientos por las dictaduras del Plan Cóndor en los setenta no se acercaron a esas cifras) sucede por cinco factores fundamentales: la represión a la disidencia; la escasez de alimentos y medicinas (que el gobierno madurista achaca a “factores ajenos” y que utiliza para cambiar escasas provisiones por fidelidad); la corrupción; la destrucción del aparato productivo por el régimen (que convierte como única opción la burocracia clientelar), y la caída del poder adquisitivo (la inflación interanual es el 2.295.981% y el FMI pronostica 10.000.000% para fines de año), provocando en 2018 que el 90% de la población estaba bajo el límite de la pobreza porque el salario mensual promedios es de USD 6 y el PIB (según el Banco Central de Venezuela totalmente dependiente del régimen) había caído el 50% desde 2013 aunque el FMI calcula un 60%, al menos.

¿Por qué? Cinco razones: la ideologización de la economía a partir de Hugo Chávez y su ministro Jorge Giordani; el síndrome holandés con sus ingresos; la imposición de fieles sin méritos en puestos claves; el mesianismo sin disensos del líder y, sobre todo, su intento para lograr con petrodólares lo que fue un sueño fracasado de su alter ego Castro el Mayor y una pesadilla para muchos países: “exportar la revolución”. Súmesele el narcotráfico, los cohechos en PDVSA y la Tesorería Nacional, el refino de oro, la importación de medicinas y alimentos, hoy todos negociados de allegados del Poder.

Ver a esos jóvenes venezolanos acá nos recuerda el fracaso absoluto del socialismo 21 y advertencia en tiempo electoral de a dónde llegaremos sin un golpe de timón.

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martes, 10 de septiembre de 2019

Es de a tres


«Nada decidido, no hay ganador.»
[Carlos Valverde, “Así decidimos 2019”, UNITEL 08/09/2019]

Sí, la elección será de a tres, no de dos ni de nueve. Más allá de los anhelos válidos de unos u otros, de las elucubraciones aritméticas —a las que somos tan afectos en fútbol— y de las encuestas divergentes, diferentes e, incluso, de las increíbles —como aquella de una empresa desconocida sin avales locales pero aprobada por el TSE sin cumplir los requisitos que el Órgano impuso, incluida “experiencia”—, se confirma que hay un pelotón de candidaturas que arrastra al 72% de las intenciones definidas de votos: MAS, Comunidad Ciudadana y la Alianza Bolivia Dice NO, repartiéndose el 7% restante entre las otras seis candidaturas: UCS y MTS (2% cada una), MNR, PAN-BOL y PDC (1%) y FpV (menos aún), lo que los convertiría en potenciales perdedores de personería al no rebasar el umbral del 3%.

Aunque la encuesta de CIES Mori difundida el domingo en UNITEL deja espacios vacíos (no aclara en cuántas localidades se aplicó) y tiene incongruencias numéricas (como que la suma total da ¡102,2%! y que Valverde, y también Ricardo Paz, demostró que el porcentaje de intenciones de votos obtenido por el MAS en poblaciones terciarias no aporta la diferencia necesaria para que, sumado a las de las ciudades principales y secundarias, el oficialismo tenga una ventaja del 11% sobre su siguiente), permite algunas observaciones necesarias. La primera es obvia: las intenciones para Morales y Mesa se redujeron en un punto porcentual respecto a la anterior similar del 22 de julio y Ortiz creció dos, aunque todos dentro del margen de error (2,07%). 

Una segunda observación es que entre seis partidos (UCS, MTS, MNR, PAN-BOL, PDC y FpV) suman ahora 7,2%, muy semejante del 7,6% de julio, lo que confirma sus resultados como marginales. La tercera —quizás la más importante porque es de donde se nutrirán los crecimientos de adhesiones— es sobre los que no se manifestaron, con resultados globales casi similares: 20,4% ahora, 20,8% en julio; descartando el porcentaje de los que mantuvieron su voto en secreto (1% ahora, 2% en julio) que, obviamente no van a ser oficialistas, hay más del 19% de intenciones para crecer. No coincido con Valverde que sería por prorrateo la redistribución de esos aún no confirmados beneficiando a todas las candidaturas, menos con la senadora Salvatierra de que favorecerían mayoritariamente al MAS dándole el añorado 40% de los votos válidos con el 10% de diferencia, por la misma razón del voto secreto, pues en ese supuesto hipotético ya hubieran decidido mayoritariamente por el MAS.

Leyendo históricamente, el MAS ahora ha caído 27 puntos porcentuales en intenciones desde el poco más del 63% en 2014: hoy pierde casi la mitad (43%) de lo obtenido ese año. Una consecuencia es que en ninguno de los departamentos que la encuesta le atribuye el primer lugar alcanzaría con seguridad los dos senadores: Oruro (39%), Potosí (34%), Cochabamba (48%, quizás el único que le dé dos senadores, aunque voto opositor en la capital valluna pareciera significativamente mayor que el rural proMAS), Beni (25%, un primer lugar dudoso), Pando (41%) y La Paz (43%). Según esto, al menos en número de senadores y diputados plurinominales, el MAS perdería la holgada mayoría actual, aunque amerita aplicar d’Hondt.

En resumen, el MAS presuntamente ganaría en cinco departamentos (Oruro, Potosí, Pando, Cochabamba y La Paz) y disputaría dos (Beni y Santa Cruz) con la Alianza Bolivia Dice NO mientras Comunidad Ciudadana ganaría dos (Chuquisaca y Tarija).  

Es hora de alianzas; la de retiros para uniones acabó el 28 de noviembre de 2018.

martes, 27 de agosto de 2019

Desastres inhumanos



El domingo encontré en un periódico nacional un necrológico demoledor: «Con el dolor e impotencia de todo un país, lamentamos anunciar el fallecimiento de que en vida fue un lugar mágico, lleno de fauna y flora, que supo brindar desprendidamente oxígeno no sólo a los bolivianos sino al mundo: PARTE DE LA AMAZONÍA BOLIVIANA Q.E.P.D.» Una agonía que no acaba por la imprevisión, el cálculo político-electoral, el egoísmo, la ceguera de gestión y con declaraciones inescrupulosas que avientan temeraria y falazmente a ajenos sus responsabilidades. Y aunque ese necrológico y mi descripción de causas se referían a Bolivia, a pie juntillas son válidas también para Brasil.

¿Por qué lo digo? Imprevisión, porque ni Brasil ni Bolivia tomaron los recaudos adecuados para solucionar la crisis en sus inicios ni, menos, prevenir; la diferencia está que Brasil puede movilizar 44 mil soldados (como lo ha hecho) de una vez, con muchos recursos (y no niega la ayuda argentina); nosotros, cada día de demora (de nuestro “dejen hacer, dejen pasar que todo se arregla”) nos cuesta miles de hectáreas y animales incinerados, muchos damnificados y muchos menos recursos imprescindibles, ahora que el gas deja de ser aceleradamente nuestro comodín de un desarrollo que no llegó.

Cálculo político-electoral, porque en Brasil “liberar” su Amazônia (nuestra Amazonía) era una promesa electoral para empresarios y campesinos (y con ello no libero de culpa alguna a las administraciones petistas, que también dejaron avanzar sobre la selva, aunque sin anuncio declarado) y aquende la entrega de tierras (inclusive en reservas como Tucabaca y Paquío, ahora quemadas) a “colonos” trasplantados de Occidente con el objetivo de reconfigurar el panorama de votos a favor del MAS.

Egoísmo, porque en ambos países la destrucción irresponsable de bosques y selvas con el argumento de “ampliación de la frontera agropecuaria” no consideró para nada el desarrollo sostenible ni las afecciones que provocaría, voracidad con mucho de avaricia de algunos empresarios y colonos de ambos países con complicidad (no indolencia) de sus gobiernos.

Ceguera de gestión cuando a la imprevisión y a la lentitud de reacción gubernamental (parsimonia indolente), en Bolivia la declaratoria de Desastre (y la reciente aceptación de ayuda internacional “para el miércoles” como si al Ejecutivo costara angustias aceptarla) se sigue alargando porque significará las graves equivocaciones de la Ley N° 741/2015 que autoriza los desmontes hasta 20 hectáreas y del Decreto Supremo N° 3973/2019 (por mencionar los más directos) que autorizó, un mes antes del inicio de los incendios, chaqueos "controlados" y modificó el Decreto Supremo N° 26075/2001 que protegía más de 41 millones de hectáreas como Tierras de Producción Forestal Permanente, justificándolo con «el crecimiento poblacional, incremento de la demanda interna y externa de alimentos […] hacen necesario asumir medidas estratégicas tendientes a ampliar las superficies para cultivo y producción agrícola y ganadera, a través de la apertura de la frontera agropecuaria».  

Por último, declaraciones oficiales temerarias que en Brasil atribuyeron los incendios a ONGs ambientalistas e indígenas (aseveraciones luego reculadas) y en Bolivia a la oposición “para pedir ayuda internacional”.

Los fuegos en ambos países (y ahora en Paraguay) y el humo, que cubre gran parte de Bolivia y Brasil (puso a São Paulo a oscuras), Paraguay, Argentina y llega a Uruguay y Perú, han “incendiado” al G7 y suscitado fuertes críticas y denuncias de muchos (ONU e Iglesia incluidos) a ambos gobiernos. Ojalá no sea demasiado tarde.

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martes, 13 de agosto de 2019

Argentina: ¿pasito pa'lante o pasito pa'trás?



El termómetro electoral argentino, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), terminaron este domingo con un marcado resultado que beneficiaba al binomio Fernández-Fernández: cuando escribía estas líneas (a las casi 23 horas del domingo 11), con el 85,05% de los votos escrutados de una participación cercana al 75% —más alta que en 2015: 72%—, el Frente de Todos (Alberto Fernández-Cristina Fernández) obtuvo el 47,22% y se impuso por casi 15 puntos sobre Juntos por el Cambio (Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto) que alcanzó el 32,66%. «Hemos tenido una mala elección», reconoció el presidente Macri al conocerse la tendencia irreversible. 

Las PASO argentinas, además de su utilidad práctica para seleccionar candidatos (este año en la línea presidencial, todos las diez organizaciones y alianzas participantes iban con candidato único, lo que casi conllevó el cancelarlas), son el termómetro del rechazo o aceptación de las candidaturas, sobre todo ahora demostrado el nivel de importancia que tiene el kirchnerismo aún, bastante magullado en las de medio término de 2017 pero ahora “aparentemente” reacomodado.

Antes de analizar cómo esto influencia en el panorama electoral para octubre, el límite de 1,5% de los votos emitidos para seguir en campaña electoral y participar en primera vuelta el 27 de octubre fue superado, además  de por el Frente de Todos (kirchnerista) y Juntos por el Cambio (centroderecha), por Consenso Federal (centroderecha-centro, peronismo no kirchnerista: Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey con el 8,39% de los votos), el Frente de Izquierda Unidad (libertario-marxista trotskista: Nicolás del Caño y Romina del Pla con el 2,88%), el Frente Nos (derecha: Juan Goméz Centurión y Cynthia Hotton con el 2,64%) y Despertar (liberal: José Luis Espert y Luis Rosales con el 2,23%). Por su parte, fueron descartados de participar el Movimiento al Socialismo (izquierda marxista: Manuela Castañeira y Eduardo Mulhall con el 0,68%), el Frente Patriota (derecha-ultraderecha: Alejandro Biondini y Enrique Venturino con el 0,23%), el Movimiento de Acción Vecinal (centroderecha: Raúl Albarracín y Sergio Pastore con el 0,17%) y el Partido Autonomista Nacional (liberal autonomista: José Antonio Romero Feris y Guillermo Sueldo con el 0,12%).

La influencia de estos resultados en octubre es que de darse una segunda vuelta, la unión hipotética de todos los votos antikirchneristas y no marxistas sólo alcanzaría el 45,81%, lo que implica que el oficialismo tiene una difícil situación, más compleja que en 2015, cuando Cambiemos en primarias obtuvo 30,12% como segundo tras el 38.67% del kirchnerista Frente para la Victoria —aunque en porcentaje obtuvo menos que ahora, la diferencia fue significativamente menor: el 8,55%—, para remontar en primera vuelta al 34,15% —el FpV obtuvo el 37,08%— y ganar en segunda vuelta con el 51,34% 51.34 —FpV: 48.66%.
Contra el macrismo pesa que el gradualismo de Cambiemos no logró los éxitos económicos prometidos porque buscó evitar un terremoto político, sumado además el contexto económico internacional desfavorable y la guerra permanente del kirchnerismo y sectores inmovilistas del justicialismo.

Como balance, la asociación de Sergio Massa con ambos Fernández no trasvasó al kirchnerismo todo el 20,57% que Massa obtuvo en las primarias del 2015 porque, del 59,24% sumados del kirchnerismo y el massismo en 2015, ahora unidos pierden el 12,02%, posiblemente cansados los electores del massismo de los culipandeos de su líder y sus transfugios políticos.

Falta para las elecciones.  Veremos qué pasa, sobre todo con la clase media argentina, el bastión del macrismo.

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domingo, 11 de agosto de 2019

¿Qué se juega Argentina en las PASO?



Las PASO argentinas de este domingo, más que una utilidad práctica para seleccionar candidatos (en la línea presidencial, todos las principales organizaciones y alianzas van con candidato único, lo que casi conllevó el cancelarlas), es porque será el termómetro del rechazo o aceptación al oficialismo y el nivel de importancia que tiene el kirchnerismo aún, bastante magullado en las de medio término de 2017 pero ahora “aparentemente” reacomodado.

Primero, es muy cierto que la gestión de Cambiemos (el macrismo) no logró los éxitos económicos que prometió en 2015. El gradualismo (la política de avance de medidas sin sobresaltos ni políticas de choque que implementó Macri) no logró los éxitos esperados por varias razones, entre ellas porque no supo medir realmente lo que le dejaba el kirchnerismo (algo entendible, después de años de falsos datos y estadísticas mendaces) y no quiso crear un terremoto político. También el contexto internacional (el fin del boom de las materias primas y, más cerca, la guerra comercial entre EEUU y China) les fue desfavorable pero, sin dudas, un factor importante fue la guerra interna del kirchnerismo (herido pero no muerto) y de algunos sectores inmovilistas del justicialismo. Segundo, el kirchnerismo se benefició de ese boom y de la correlación de fuerzas regional financiada por el chavismo; prebendalismo, corrupción, nepotismo y aislamiento fueron sus recetas pero para la amplia masa de sectores de niveles D y E era, como en la época de El General y su Evita, una “bendición” que fomentaba los ni ni que aprendieron, una vez más, a vivir de la teta munificente del Estado.

Ahora, un macrismo con nuevas incorporaciones y con una economía deficiente pero en presunta recuperación se mide con un kirchnerismo que se autosupone maquillado sin estarlo pero que sobrevive de los dineros robados y de la añoranza del clientelismo.
Este domingo, todos sabremos quién es el más aceptado de los dos binomios: el de los corruptos y los prebendalistas, el de la marcha atrás, o el de la clase media (la más afectada siempre) y el del reto de recuperar la Argentina, el del aún tímido avance. Esperemos.

martes, 30 de julio de 2019

“51,3%=48,7%” y otras parafrenias



Terminé mi anterior columna [“País ‘sui géneris’ con síndrome de Munchausen”] mencionando que, como país, éramos ‘sui géneris’ y, a la vez, afectados (incluso: afectos) de victimizarnos y culpar a otro de los que hicimos o no hicimos. Leyendo después, me encontré el término clínico "parafrenia" que describe una ruptura con la realidad que lleva a creer formas de entender las cosas muy estrambóticas y poco razonables. De ambos, ejemplos nos huelgan.

Estas elecciones son muy buenas para entender que cohabitamos con parafrenias y Munchausen. Secuenciando, la primera es que vamos a realizarlas con un binomio presidenciable cuyo prorroguismo fue rechazado constitucionalmente por una mayoría de ciudadanos: el 51,3% por el NO versus el 48,7% por el SÍ, una diferencia en rechazo que superó el 2,6% de los ciudadanos que emitieron su decisión, aunque algún “malabarismo non-matemático” intentó equipararlos: sin dudas, un suceso delirante para quien lo creyera a pie juntillas (o hiciera creerlo). La continuidad en mantener el Poder (prorroguismo “obligado” por “la necesidad”, pragmática y no filosófica) luego se “justificó” con fórceps en la sentencia 0084/2017 y se “habilitó” en unas elecciones primarias que, segundo suceso, no eran “elecciones” porque no elegían a alguien frente a otro posible, sólo servía para habilitar con ese voto al prorroguista (“elección” cerrada circunscrita a militantes, pensada también para loarlo con “su éxito”, aunque sus huestes le dieron fiasco: una delusión).

El tercero es, por decirlo “en bonito”, una justificación rocambolesca. Me refiero a la ahora urgida, socorrida y entendida como panacea: la unidad opositora. Hoy, cuando quedan poco más de dos meses para las elecciones, los ayes van por lo que no se hizo antes del 28 de noviembre de 2018, “fecha límite para la inscripción de candidaturas para la elección de binomios presidenciales por cada partido político, agrupación ciudadana de alcance nacional o alianza” [“Calendario Electoral - Elecciones Primarias de Candidaturas de los Binomios Presidenciales para las Elecciones Generales 2019”, OEP, 19/10/2018] y se reclama hacer ahora. Sin entrar en señalar culpables ni culpas de la desunión, la razón del reclamo está, ahora, en que las intenciones de votos percibidas de la oposición dispersa (al menos en encuestas aceptadas mayoritariamente como presuntamente confiables como la primera de CIES MORI) no da ningún ganador; la imposibilidad es que los contendores que se “bajen” de la contienda, “bajan” a sus candidatos y eso hoy, que para partidos con resultados residuales nacionales y departamentales puede ser beneficioso para no perder personería, para aquellas candidaturas que (al menos, en algún departamento) tengan “asegurados” espacios en la ALP es, por decirlo así, una coña burlesca. Ése es un Muchhuasen, acentuado porque en la mencionada de CIES MORI ninguno (oficialista u opositor) gana en primera vuelta y, de muy hipotéticamente unirse todo el arco opositor, tampoco ganaría en primera tanda porque todos los opositores (o que como tal se presentan) unidos “alcanzan” (recuerde que la encuesta es una fotografía más o menos precisa de un momento) el 43% mientras el MAS “tiene” el 37%: la oposición “pasaría” la barrera del 40% pero no alcanzaría la diferencia del 10% con el siguiente, el MAS.

Lo que toca hacer con urgencia a todos, tirios y troyanos (léase el MAS y los ocho opositores), es mejorar sus captaciones y convencer de sus verdades (cualesquiera que éstas sean) al amplio porcentaje de indecisos. La hora de los ayes pasó y a los plañideros si fueran culpables, la historia no los absolverá. 

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