miércoles, 27 de abril de 2016

¿Por qué Brasil?

                                   
Desde hace semanas, el tema de la crisis brasilera ha llenado muchos espacios. Analicemos las causas para llegar a las consecuencias.

Brasil llega al siglo XXI saliendo de una crisis económica importante de la mano del Plan Real del presidente Fernando Henrique Cardoso, iniciador de una serie de medidas socioeconómicas de beneficio social que fueron profundizadas por su sucesor Luiz Inácio Lula da Silva y que conllevaron la salida de millones pobres hacia una clase media emergente y la percepción generalizada de que Brasil se consolidaba como una potencia económica en consolidación, agrupándola dentro del denominado grupo de los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, todos caracterizados por rápidos crecimientos, grandes poblaciones y territorios y una participación expansionista en los mercados.

Para Brasil, su despegue económico estos años significó una cada vez mayor consolidación de la imagen de éxito del presidente Lula da Silva y su modelo de desarrollo. Sin embargo, las luces ocultaban sombras que irían creciendo.

Brasil entre 2004 y finales del 2013 se benefició del mayor y más prolongado ciclo latinoamericano de altos precios por sus commodities gracias a las (entonces) insaciables importaciones de China e India y la mayor afluencia de capitales de inversión que huían de la contracción económica de EEUU y Europa y motivados por las ganancias de los altos precios que beneficiaban a Latinoamérica, el período denominado como “la década maravillosa” o “la del big push”. Gracias a ese crecimiento y al igual que otros países de la región beneficiados con el boom de precios como Venezuela, invirtió los altos ingresos eventuales en planes sociales sin buscar su sostenibilidad en desarrollo económico, primando lo social sobre lo económico. Como consecuencia de diversos factores que combinan la contracción de la economía china y la recuperación de la norteamericana, a los que luego se une la guerra de precios de petróleo desatada por Arabia Saudita entre otros factores, el período de ingresos excepcionales finalizó y que desde 2013 las economías latinoamericanas tuvieron que regresar a un panorama poco halagüeño.

La falta de reformas estructurales y el traspaso directo de dinero a amplios sectores de la población brasilera sin desarrollar la productividad, conllevaron el retroceso de la economía brasilera desde 2013, acentuado en 2014, año electoral, y que en 2015 contrae el PIB en 3,5%. Súmele a esto la institucionalización de graves estructuras de corrupción desde el gobierno y sus instituciones con complicidad del empresariado (desde el Mensalão en 2005 y hasta el Lava Jato), la pérdida de poder adquisitivo de la población (con el peligro de desaparecer la nueva clase media) y la necesidad de mantener un caudal electoral importante que conllevó ardides financieros de las cuentas públicas (expresado en financiamientos del presupuesto federal por vías no autorizadas legalmente para mantener planes sociales que beneficiaran la relección de la presidente por un escaso 3,28%) y se entenderá el descontento de grandes sectores sociales contra la administración Rousseff y el proceso de  impeachment presidencial que se ha iniciado.

Con independencia de cuál sea el desenlace del juicio político, la crisis económica y de gobernabilidad confirma, como en Venezuela y Argentina, entre otros, el fracaso del modelo asistencialista-prebendalista.



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martes, 12 de abril de 2016

Ruleta rusa a la peruana


En los últimos años, las elecciones presidenciales en Latinoamérica han sido un tiovivo en lo que a encuestas se refiere. Basta recordar las de Colombia en 2010 cuando, antes de la primera vuelta, el candidato del Partido Verde Antanas Mockus Šivickas le ganaba o empataba al otro candidato, Juan Manuel Santos Calderón del Partido Social de Unidad Nacional (el Partido de la U) o las de Argentina en 2015, cuando el pronosticado perdedor en la primera vuelta (sin opción de pasar a segunda), Mauricio Macri Blanco, al final le ganó al favorito vencedor en primera Daniel Scioli Méndez.

En el caso de los pronósticos para la primera vuelta de las generales de Perú del pasado domingo, por el contrario, sí se cumplieron respecto de los sondeos en boca de urna (exit polls): a Keiko Fujimori Higuchi de Fuerza Popular (derecha populista) le auguraban 37% y el promedio de los exit polls de tres empresas (Ipsos, CPI y GFK) le otorgaron 38,9%; a Pedro Pablo Kuczynski Godard (Peruanos Por el Kambio, derecha liberal) el pronóstico fue 20,3% y en los exit polls obtuvo 20,4% mientras Verónika Mendoza Frisch (Frente Amplio de Izquierda) en boca de urna promedió 19,8% y en los pronósticos 20,1%. La diferencia entre los segundos fue creciendo paulatinamente.

Resultados que complicarán el seguro balotaje (el segundo y el tercero técnicamente idénticos) como fue todo el período electoral, el más inusual del corto período de regreso a la democracia en 2000 (precisamente luego de la huida y renuncia de Alberto Fujimori Fujimori, el padre de Keiko) porque la mitad de los candidatos presidenciales renunciaron o fueron inhabilitados: de 19 candidatos oficialmente inscritos, 7 renunciaron (cerca del final la mayoría para evitar la pérdida de personería política si no pasaban la barrera del 5% de votos, como hizo el partido del presidente actual) pero dos fueron inhabilitados a un mes de las elecciones: el empresario universitario César Acuña Peralta del centrista partido Alianza para el Progreso —que había descendido entre enero y marzo de 15% hasta menos de 4% en intenciones de voto porque se había desacreditado aceleradamente— y el economista de centroizquierda Julio Guzmán Cáceres de Todos por el Perú (antes denominado Coordinadora Nacional de Independientes), quien ocupaba segundo lugar en las encuestas y tercero en simulación al ser inhabilitado.

Las elecciones del pasado domingo demostraron tres aspectos que están en la base del electorado: Por un lado, una tendencia importante hacia la centroderecha y la derecha (representada por los partidos de Fujimori Higuchi y Kuczynski, por Acción Popular y Alianza Para el Progreso), que obtuvo más de 70% de los votos según los distintos exit polls. El segundo es que, a contracorriente del éxito económico de los dos últimas décadas (representado por Kuczynski pero con deuda social aún), muchos peruanos desearían un gobierno populista: unos añorando el populismo de derecha de Fujimori padre (gobierno corrupto y violador de DDHH pero que concluyó la hiperinflación y acabó con el terrorismo que hicieron inviable Perú, a la vez que unificó vialmente al país, posicionándolo en sectores rurales y apartados) mientras otros apoyan el populismo de izquierda del Frente Amplio, con propuestas del socialismo del Siglo XXI sumamente riesgosas para la estabilidad económica.

No dudo que el viejo Alberto Kenya (Fujimori) reía en su celda.

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lunes, 11 de abril de 2016

Populistas y liberales compiten en Perú


Las elecciones ayer en Perú demostraron que, a pesar del éxito económico de los últimos años —cuyo adalid sería Kuczynski—, hay partes importantes del electorado que desearían un gobierno populista: unos volviendo a los años de Fujimori padre —época corrupta y violadora de DDHH pero que acabó con hiperinflación y el terrorismo que convirtieron al país en inviable—: populismo de derecha o dar un salto al vacío con el Frente Amplio y sus propuestas originales del Partido Nacionalista, cercanas al socialismo del Siglo XXI —y desechadas desde la pasada elección por Humala—: populismo de izquierda. Así lo demuestran los resultados a boca de urna: el promedio de los tres sondeos en boca de urna —Ipsos, CPI y GFK— dan a Fujimori 38,93% —creció respecto 2011 que en primera obtuvo 23,57%—, a PPK 20,4% y a Mendoza 19,8%.

Dos certezas a hoy y una a futuro: Las de hoy son que hay balotaje el próximo 5 de junio y que el ganador del segundo lugar —PPK o Veronika, mientras escribo aún sigue en suspenso— será muy cuestionado. Y a futuro, que el próximo presidente tendrá un congreso con clara tendencia de derecha-centroderecha: más de 90 congresistas, según boca de urna.



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domingo, 3 de abril de 2016

Perú a las puertas de controversiales comicios

                                   
Los electores peruanos votarán el próximo 10 de abril en los más inusuales comicios del corto período de regreso a la democracia —iniciado a fines de 2000— porque la mitad de los candidatos presidenciales o han renunciado o han sido inhabilitados —con inquietas observaciones de la Misión de la OEA—: De los 19 candidatos al cierre de las inscripciones, 9 ya no están en lid. Y si bien el amplio número de candidaturas presidenciales inscritas no es inusual en Perú —en 2006 participaron 20 de 24 inscritos (1 inhabilitado: el expresidente Fujimori, y 3 renunciantes), aunque en la de 2001 fueron 8 de 11 (3 retirados) y en la de 2011 lo hicieron 10 de 12 (2 retirados)—, sí lo han sido las inhabilitaciones a un mes de las elecciones contra dos candidatos: el empresario universitario César Acuña Peralta —que había descendido entre enero y marzo de 15% hasta menos de 4% en intenciones de voto— y el economista de centroizquierda Julio Guzmán Cáceres, segundo lugar en las encuestas y tercero en simulación al momento de su inhabilitación.

La salida forzosa de Acuña Peralta —quien se había desacreditado aceleradamente — pero sobre todo de Guzmán Cáceres —los 7 renunciantes obtenían insignificantes intenciones— ha mejorado significativamente las posibilidades para Keiko Fujimori Higuchi —no aumentó ni en los promedios de intenciones encuestales (de 33,48 pasó a 34,47%) ni de intenciones de votos válidos en simulaciones (de 39% pasó a 39,2%) sí le libró de Guzmán Cáceres como fuerte contrincante en una segura segunda vuelta— y para Pedro Pablo Kuczynski Godard —de febrero a después de las inhabilitaciones, PPK aumentó de 7 a más de 14% en encuestas y de 13 a 19,47% en simulaciones, lo que lo hace casi seguro contrincante en balotaje. Los siguen Alfredo Barnechea García y Verónika Mendoza Frisch sin posibilidades para segunda vuelta.

La descripción de los candidatos en Eleccionesenperu.com se “ilustra” con el cartel del filme “El Libro de la Selva”… ¿Acaso será “paradójicamente cierto”?


Del pragmatismo ambivalente a la derecha populista (comentarios adicionales para discusión)

  • El gobierno del Partido Nacionalista Peruano con el presidente Ollanta Humala Tasso —el primer militar que gobierna Perú después de la salida del general Francisco Morales Bermúdez Cerruti en 1980— fue un gobierno que inició la campaña presidencial de 2011 con un fuerte discurso nacionalista de izquierda —influenciado por el etnocacerismo de su padre Isaac Humala Núñez, revindicando el poderío e identidad del Imperio inca junto con el nacionalismo de las FFAA peruanas— y apoyado por Hugo Chávez Frías y que lo migró hacia posiciones cada vez más pragmáticas de centro y centroderecha pero caracterizadas por una creciente ambivalencia en decisiones y la significativa ruptura entre la pareja presidencial y el conjunto de la alianza que lo promovió, Gana Perú, que llevó a que el Partido y todos sus candidatos se retiraran de la actual elección para no sufrir una humillante derrota.
  • Keiko Fujimori Higuchi —hija del ex presidente Alberto Fujimori Fujimori actualmente condenado a prisión— encabeza Fuerza Popular, partido populista de derecha que, en buena medida, aprovecha la memoria de los éxitos de gestión de su padre: derrota de los movimientos terroristas y recuperación de la profunda crisis dejada por el primer gobierno de Alan García Pérez, sentando bases iniciales del posterior desarrollo económico sostenido del país, y tratando de demostrar que no reproducirá la amplia corrupción y violación de derechos humanos que también caracterizó ese período.
  • Esta elección significará la muerte política del expresidente Alejandro Toledo Manrique y, posiblemente, la de García Pérez por los bajos resultados que obtendrán, así como de muchos otros políticos de partidos tradicionales.


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martes, 29 de marzo de 2016

Pascua distinta en La Habana


«Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades, y que el mundo se abra a Cuba.» (San Juan Pablo II, visita apostólica a Cuba.)

Esta Semana Santa —“resucitadas” oficialmente en Cuba luego de la visita de Benedicto XVI en 2012— fue muy distinta, en significancia y hechos, a otras que le precedieron, pero en ella también ha tenido mucha importancia la Iglesia católica. Ya con su visita en 1998, San Juan Pablo II abrió —hacia afuera— nuevas posibilidades de relacionarse con el mundo y —hacia adentro— repuso a la Iglesia en su relación con el Estado, fortaleció la institución y la reacercó —sin discriminaciones— al pueblo cubano. Luego, Benedicto XVI en su visita profundizó la apertura oficial hacia la institución y sus fieles y, con mucho, coadyuvó a convertirla en el interlocutor más aceptado entre disidencia y oficialismo, bisagra en muchas negociaciones. Al final, Francisco coadyuvó decisoriamente para que el 17 de diciembre de 2014 se produjera el descongelamiento de la relación entre Cuba y Estados Unidos, cerrando un ciclo de enfrentamientos entre ambos países iniciado a finales de 1959 y que, con la reapertura de representaciones de ambos países a nivel de embajadas en 2015, concluyeran —al menos oficialmente— 54 años de mutua incomunicación.

Por eso, en esta Semana Santa habanera el simbolismo de las relaciones de las últimas décadas entre los tres últimos Papas y Cuba —apostólicas y, con mucho, políticas, que pudieran ya encontrarse globalmente en la II CELAM de 1968 en Medellín con la presencia de Paulo VI— me lleva a otros simbolismos: los del reencuentro y el resurgimiento —resurrección— que llegaron a Cuba con la visita del presidente de los EEUU, Barack Obama.

Si para algunos la visita de Obama a Cuba fue una “concesión sin reciprocidad”, olvidan elementos importantes: en el plano regional, el acercamiento con Cuba dejó casi huérfana una de las banderas más importantes del antimperialismo latinoamericano: el bloqueo —pendiente de eliminar por el Congreso—; en el interno cubano, marcó diferencias ideológicas —principalmente sobre libertad de expresión y de disentir en esta etapa de posrevolución—, abrió espacios de inversión —imprescindible para la economía cubana y beneficioso para EEUU— y sentó bases para acelerar el deshielo en las relaciones, a la vez que un baño de relaciones públicas y popularidad presidencial. Éstos —junto con la visita a Argentina— son éxitos indiscutibles de un presidente norteamericano que muchas veces ha sido timorato y ambivalente y que necesitaba dejar un legado: Mejorar las relaciones con Latinoamérica, “enterrando” —en palabras de Obama— la Guerra Fría, y brindar a la economía de EEUU un nuevo mercado y foco de inversión —una necesidad de ambos países. Por ello, la afirmación de Castro Ruz el Mayor en el reciente artículo "Hermano Obama" ("No necesitamos que el imperio nos regale nada.”) es certera, aunque en un sentido diferente al del escrito.

Más trascendente, no lo dudo, fue la frase de su hermano el presidente Raúl Castro Ruz en el encuentro oficial con Obama: "Debemos concentrarnos en lo que nos acerca y no en lo que nos separa", como también podría decirse para Cuba la frase de Jorge Luis Borges que Obama repitió en Buenos Aires: “Y ahora creo que en este país tenemos cierto derecho a tener esperanza" (de una entrevista en 1984 recopilada en el libro “Borges: Conversations”).

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http://religioncristiana.idoneos.com/ 

domingo, 20 de marzo de 2016

Populismo "made in USA"


«Votez escroc, pas facho.» («Voten por el farsante, no por el fascista.»)

Cuando en 2002 los electores izquierda, centro y derecha moderada en Francia comprobaron perplejos que en la segunda vuelta el 5 de mayo competirían el entonces presidente Jacques Chirac —en busca de su reelección— con la derechista-gaullista Union pour un Mouvement Populaire (Unión por un Movimiento Popular, UMP) y un neofascista con meteórico ascenso: Jean Marie Le Pen con el partido nacionalista de extrema derecha que él fundó, el Front National (Frente Nacional, FN) —y del cual fue expulsado en 2015 por su actual presidente, Marine Le Pen, su hija. En ese momento y ante el temor a que Jean Marie Le Pen ganara la Presidencia, todas esas fuerzas políticas —representadas por la mayoría de las agrupaciones de los otros 8 candidatos de izquierda, centro y derecha que perdieron en primera vuelta y la UMP — se unieron en su contra bajo el slogan «Votez escroc, pas facho» y así Chirac —el “farsante” del establishment francés— fue relegido presidente por una aplastante mayoría del 82,21%.

Por eso coincido con Rosa Townsend en su predicción de que el martes 8 de noviembre de este año, cuando más de 245 millones de electores estadounidenses —de una población de cerca de 320 millones— participarán en las 58as elecciones presidenciales cuatrienales para seleccionar al nuevo gobernante —porque el actual presidente Barack Hussein Obama II no podrá aspirar a un tercer periodo de gobierno debido a que la Vigesimosegunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos limita a dos mandatos el ejercicio de la presidencia, aunque en la historia del país sólo Franklin Delano Roosevelt, antes de ella, ejerció más de dos (cuatro, el último inconcluso por su fallecimiento)— y los electores se encuentren frente a los más que posibles candidatos Donald Trump y Hillary Clinton, muchos republicanos e independientes —espantados del fenómeno Trump— se unirán a los demócratas y votarán por Hillary Diane Rodham Clinton, ex primera dama de los Estados Unidos —durante la presidencia de su esposo Bill" Jefferson Clinton—, ex senadora por el estado de Nueva York y ex secretaria de Estado durante la primera Administración Obama —quien había sido su oponente en las primarias demócratas de 2008— y, sin duda alguna, la política mejor preparada para gobernar entre todos los candidatos de ambos partidos en estas elecciones: la “farsante” del establishment norteamericano por excelencia.

El largo proceso electoral estadounidense para estas elecciones de 2016 se inició el 1 de febrero con las elecciones primarias, caucus y asambleas partidarias en todos los estados, el Distrito de Columbia y sus otros territorios para la elección de los delegados para las convenciones partidarias de nominación de candidatos presidenciales los demócratas elegirán 4.765 delegados y los republicanos 2.472. Para ganar una convención, los aspirantes necesitan tener la mitad más uno de los delegados en juego. En las elecciones de noviembre, los votantes elegirán 538 compromisarios que conformarán el Colegio Electoral encargado de elegir a los nuevos mandatarios —presidente y vicepresidente, ambos del mismo partido—, lo que representa un conjunto de elecciones indirectas —primarias, convenciones y presidenciales.

En sus últimas elecciones presidenciales, la participación de la población en edad de votar ha sido baja —la mayor desde 1948 fue la de 1960 con 63,‌06%, cuando fue elegido John F. Kennedy—, sin embargo, dos fenómenos electorales han motivado el interés electoral del pueblo norteamericano: Bernard "Bernie" Sanders y Donald Trump, y ha puesto el debate político en el centro de todas las conversaciones, como personalmente comprobé en días pasados.

Diametrales, a ambos los une el populismo. Sanders desde el partido del asno —los demócratas— y Trump del de los elefantes —republicanos, el Grand Old Party (GOP)—, han remecido las campañas con consignas populistas y demagógicas: socialistas utópicas las de Sanders y xenófobas y chauvinistas las de Trump —lindantes con el neofascismo de ambos Le Pen, más radical en el padre y más “moderno” en la hija—, dirigidas a conquistar el voto de la clase trabajadora blanca con un discurso proteccionista en política comercial, a pesar de las diferentes plataformas.

«Donald Trump se parece mucho más a un fascista que a un populista.» (Enrique Krauze Kleinbort, entrevistado por la BBC.]

Una contienda que empezó con una larga lista de precandidatos republicanos —el empresario Trump, el senador por Kentucky Randall “Rand” Paul, el ex  gobernador de Florida John “Jeb” Bush (hijo y hermano de los presidentes Bush), el actual presidente en la Cámara de Representantes y ex acompañante de fórmula presidencial de Mitt Romney en 2012 Paul Ryan, el actual gobernador de Nueva Jersey Christopher  “Chris” Christie, el cubanoamericano senador por Florida Marco Rubio, el senador por Texas (predicador evangélico ultraconservador, también de origen cubano y nacido en Canadá) Rafael Edward “Ted” Cruz, el actual gobernador de Ohio John Kasich, el actual gobernador de Wisconsin Scott Walker, el ex gobernador de Louisiana Piyush “Bobby” Jindal (hijo de emigrantes hindúes católicos), el ex gobernador de Texas Richard  “Rick” Perry, el ex senador por Carolina del Sur Lindsey Graham, el ex gobernador de Nueva York George Pataki, el ex senador por Pennsylvania Richard “Rick” Santorum, el ex gobernador de Arkansas Michael "Mike" Huckabee, la ex directora ejecutiva de Hewlett-Packard Carleton "Carly" Fiorina y el neurocirujano Benjamin “Ben” Carson — y menos demócratas —la ex ex ex ex Clinton, el senador por Vermont Sanders, el senador por Virginia James “Jim” Webb, el ex gobernador de Maryland Martin O'Malley, el académico Lawrence Lessig y el ex gobernador de Rhode Island Lincoln "Linc" Chafee—, pronto se redujo a una pelea republicana entre un Trump hasta ahora muy victorioso seguido de Cruz —Kasich sin trascendencia y un Rubio “expulsado” después de permanente tercerón— y una pulseta entre la Clinton y Sanders.
Hoy Trump y la Clinton tiene bastantes seguras sus nominaciones, si nos guiamos por el número de delegados: de los tres últimos republicanos aún en lidia, hasta el 19 de marzo Trump tenía 678, Cruz 423 y Kasich 143 —Marco Rubio, fuera ya de contienda al perder su propio estado, obtuvo 154—, mientras la Clinton tenía 1.614 delegados elegidos y 467 superdelegados y Sanders 856 delegados y 26 superdelegados.

¿Por qué los políticos del establishment han fracasado —como Bush y Rubio, ambos floridanos, el primero moderado y el segundo conservador— o han sufrido —incluso la Clinton? En un país que se precia de su democracia, libertad de expresión y asimilación, la crisis de 2008 golpeó poderosamente a las clases media y trabajadora y, aunque superados muchos de los parámetros macroeconómicos de la crisis —incluido desempleo—, las dejó muy dolidas y afectó los valores de la sociedad, facilitando el crecimiento del muy conservador Tea Party Movement, que ha “secuestrado” al partido republicano y provocado el surgimiento de dos antisistemas como Trump y Sanders, que con discursos diferentes, pero con bases conceptuales simplistas y bastante radicales, han captado la atención de los electores. Ambos, en sus diferentes orientaciones, responden al rechazo de una parte importante de la sociedad norteamericana al pacto social que los padres fundadores copiaron principalmente de las ideas de Jean-Jacques Rousseau —fundamento de la filosofía liberal— y sus antecesores Hobbes y Locke, aunque Trump esté más cerca, sin serlo, del Tea Party —como también la Marine Le Pen aduce ser la heredera de los valores tradicionales de Francia— y Sanders del Occupy Wall Street.

¿Qué pasará hasta la Convención republicana de julio en Cleveland (Ohio)? ¿Trump será electo candidato —y ahuyentará a buena parte de los republicanos moderados y de los republicanos conservadores pero pro establishment? ¿O la maquinaria del GOP podrá elegir a Cruz —mucho más conservador que Trump pero menos radical— y entonces Trump decidirá si va como independiente a las elecciones o se retira de la contienda? Las dos opciones son muy negativas para el Partido Republicano y, en forma distinta, lo fracturarán.

¿O no se dará el “voto farsante”?

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