viernes, 7 de diciembre de 2018

Y después de hoy, ¿qué más nos queda?



En “Por angas o por mangas, ¡qué ‘semana’!” [La Razón] auguré una semana muy complicada y aunque el TSE se adelantó a habilitar al binomio prorroguista para unas “primarias” que sólo servirán para esa mendaz habilitación.

Luego, el miércoles 5 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realizó su Audiencia Pública sobre el pedido de organizaciones de la Sociedad Civil boliviana sobre “Reelección en Bolivia, la sentencia 84/17 y la Convención Americana” (de Derechos Humanos: el Pacto de San José), oyendo los alegatos de las organizaciones demandantes sociales y del Estado boliviano (sustituidos los magistrados que emitieron la sentencia por funcionarios gubernamentales). Y de colofón, ayer se realizó el masivo paro cívico nacional contra la re4postulación —sectores “cívicos” progubernamentales no lograron morigerar su contundencia.

Después de éstos, ¿qué quedaría por hacer contra el prorroguismo? No son pocos los pasos siguientes.

Sobre el fallo del TSE, ya se han mencionado demandas de inconstitucionalidad y contra los vocales habilitantes, que no concluirán por la cooptación oficialista del (dizque) Poder Judicial pero serán mediáticamente importantes. Si la CIDH decide trasladar a la Corte respectiva la demanda —con independencia de lo que demore y de que no se respete la decisión final—, será un fuerte argumento legal y mediático. Además, la resistencia ciudadana seguirá con marchas, protestas, tribunas y medios —acá y en el exterior—, paros (puntuales o indefinidos) y, sobre todo, la principal herramienta de los cocaleros y el MAS antes de ser gobierno: los bloqueos, imprevistos y contundentes.
Sí, queda mucho más.

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martes, 4 de diciembre de 2018

Los apestados de la corrupción en la región



Lo impensable sucedió. La Línea en Guatemala y Lava Jato en Brasil destaparon la gran podredumbre de la corrupción institucionalizada en la región, convirtiendo en apestados a todos los involucrados en graves hechos de corrupción.

Las dos investigaciones desnudaron cómo el perverso maridaje entre corruptos —gobiernos y empresarios—promovió estructuras delincuenciales enquistadas en sus Estados. Los procesos remecieron a la clase política de ambos países —el desenfreno de corrupción no importó su signo ideológico, dispar entre ambos— y a buena parte del gran empresariado, sobre todo en Brasil: En Guatemala llevó a la cárcel a su presidente Otto Pérez Molina y a su vice Roxana Baldetti y en Brasil —indirectamente pero muy influenciante— a la destitución de su presidente Dilma Rousseff, además muchos otros encarcelados; por lo mismo, los últimos presidentes elegidos en Perú están acusados o, al menos, investigados.

La crispación ciudadana contra los corruptos creció en toda Latinoamérica y pasó factura a los políticos que engañaban con falsas esperanzas y dádivas mientras robaban con creces. Así pueden entenderse las victorias recientes de Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador, Cambiemos resistiendo la crisis y Lenín Moreno potenciado, entre otros. (También explica, junto con la ineficiencia en 36 años gobernando, la debacle del PSOE en Andalucía, prolegómeno de lo podría ser una mayor caída nacional.)

En Ecuador, Moreno pareció más de lo mismo, pero en poco tiempo el nuevo presidente se encargó de destapar la corrupción “oficial” y la ineficiencia del período de su antecesor. Si inició apartando por el caso Odebrecht a Jorge Glas —vicepresidente elegido, para muchos el “candado” de Correa a Moreno, luego destituido y condenado a cárcel—, ahora lo ha hecho con su sucesora María Alejandra Vicuña por concusión y tráfico de influencias.

Vicuña y María Fernanda Espinosa —hoy presidente de la Asamblea de la ONU e investigada por el asesinato del general Jorge Gabela en 2012— eran las dos figuras de más alto rango provenientes del correísmo que quedaban en el actual gobierno.



Información consultada

https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Gabela
https://www.eluniverso.com/noticias/2018/11/29/nota/7073985/caso-diezmos-maria-alejandra-vicuna-admite-depositos-su-cuenta

Por angas o por mangas, ¡qué «semana»!



Más que calendaria, esta larga «semana» es fenoménica por todos los sucesos que vivimos y viviremos desde dos perspectivas: local y foránea.

En la foránea, el affaire sin concluir de la Copa Libertadores la más palpable muestra de que la crisis del fútbol trascendió los apresurados relevos dirigenciales por los escándalos de corrupción— marcó el temor por la inseguridad en el evento más inmediato e importante en la misma Argentina: la Cumbre del G20. Esta Cumbre —con 6 invitados— fue el ansiado e imprescindible espaldarazo para la Administración Macri en su permanente bordeo de crisis y cuyo éxito lo beneficiará económica y políticamente —con los prometidos y posibles mayores flujos de inversiones y más reinserción mundial, Macri se potencia interna y regionalmente y el discurso opositor “duro” pierde sus bazas.

No menos importante en la «semana» ha sido el cambio de mando en México. De un repudiado presidente “construido” Enrique Peña Nieto, “fabricado” por el PRI para aparentar renovarse tras la debacle de 2000— que sale con la más alta desaprobación desde 1994 —entre 68 (Reforma) y 74% (Mitofsky)— a otro (Andrés Manuel López Obrador, AMLO) que es heredero de la recia (y populista) “cultura” de ejercicio de poder de Luis Echeverría Álvarez, el epítome del presidencialismo priista —«la dictadura perfecta» para Vargas Llosa. Ganador con más de 53% de los votos y mayoría (simple) en Senado y Diputados, AMLO ha sido aclamado como “el regreso de la izquierda” en el momento en que los socialistas 21 y el Foro de São Paulo van en acelerado retroceso en la Región —entre sus invitados a la asunción estaban los últimos gobernantes de la ALBA: Maduro, Díaz-Canel, Ortega (que declinó), Morales y Sánchez Cerén (ambos finalizando mandatos), además del presidente del legislativo de Corea del Norte. Y aunque su discurso fue muy promisorio —hizo fe de antirreeleccionista, combate a la corrupción y la violencia y promoción de la economía—, el nuevo sexenio —y deseo equivocarme— podría ser muy complicado para México.

¿Y para Bolivia? Después del apresurado cierre de precandidaturas presidenciales con sus imprevistos, el Órgano Electoral ha coleccionado sapos: las precandidaturas son, de hecho, ya candidaturas definidas porque no tendrán contrincantes que dirimir —exceptuando la aún no aceptada de Rafael Quispe y Juana Calle en el MAS frente a la de Morales y García Linera, descartada en referéndum constitucional pero forzada por el Tribunal Constitucional—, lo que hace innecesarias las primarias porque serían un ejercicio para los militantes de votar por su candidato único (¿alguien recuerda los “candidatos únicos” del implosionado “socialismo real” soviético?); además, las militancias “truchas”: 35 mil denunciadas hasta el viernes pasado pero que, (considerando la costumbre usual de asistir masivamente en último momento) pudieran llegar a 100 mil hasta el miércoles 5, que serían el 1,54% del padrón electoral —2,31% si le adicionamos los casi 50 mil repetidos según auditó la OEA.  

Súmenseles otros hechos que acaecerán: el mismo 5, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) abordará la reelección indefinida recibiendo a opositores y al ministro Pary —ya el TC se apresuró a negarle competencia, lo cual pareciera una perogrullada porque la CIDH se basa en el mismo Pacto de San José que el anterior TC utilizó de argumento para aprobar el “derecho” a la eternización—, el 6 Bolivia parará contra la re4elección y el 8 el TSE deberá decidir sobre la inclusión de la dupla oficialista.

Mucho para tan pocos días.

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