sábado, 19 de agosto de 2017

Con el sello del terrorismo "low cost"


Barcelona se ha unido a las ciudades que han sido víctimas del terrorismo low cost: Nice, Berlín, Estocolmo, Paris, Londres… pero, aunque también algunos fueron locales —españoles de nacimiento—, a diferencia de éstas no fue un “lobo solitario”, un fanático casi siempre sin vínculos directos con el yihadismo pero fanatizado por predicadores extremistas —clérigos en mezquitas salafistas financiadas por petrodólares saudíes y qataríes que han proliferado bajo la tolerancia interesada en el petróleo de los países que las alojan, pocos quizás pero activísimos y con muchos recursos para captar adherentes— y reforzado su fanatismo por Redes sociales cómplices de esos extremismo; esta vez fue una célula amplia, con acciones coordinadas, pero las masacres de Las Ramblas en Barcelona y después en Cambrils, más al sur, pudo ser la solución desesperada de ese grupo de terroristas novatos cuando una presunta gran operación fracasó el día anterior cuando estallaron explosivos almacenados en Alcanar, más al sur.

Fanatismo e intolerancia concitan absoluto repudio contra los terroristas pero también lo es cuando, entre nosotros, condenamos como yihadista a todo musulmán. Combatir frontalmente cualquier terrorismo es la tarea urgente, sin “buenismos políticamente correctos” —como hoy la alcaldesa de Madrid pidiendo “entender, no disculpar”— pero tampoco con racismo y discriminación generalizada.

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