martes, 13 de febrero de 2018

Latinoamérica vota y decide en 2018


Costa Rica, Ecuador, Cuba, El Salvador, Colombia, Guatemala, Paraguay, Venezuela, México, Brasil y Perú votarán este año en sucesión cronológica —Costa Rica y Ecuador ya lo hicieron y en algunos será más de una vez— y podrán reconformar el panorama político regional, hacia una tendencia u otra.

Ya el año anterior, Chile —con sus presidenciales y legislativas— y Argentina —con sus legislativas de medio término que posicionaron líder electoral a la coalición gobernante CAMBIEMOS— afirmaron su opción con la centroderecha. Del lado de la ALBA, hubo tres elecciones: la primera en Ecuador — legislativas y dos vueltas presidenciales— dio victoria por la mínima al prorroguismo del socialismo 21 sin Rafael Correa: dejaba un presunto delfín que, al poco tiempo, desconcertaría al correísmo, a la oposición y a todo el país y la Región con la ruptura entre el nuevo mandatario y su antecesor y la fractura del partido de gobierno, moviendo al país desde el socialismo 21 a un equilibrio de centro-centroizquierda abierto al dialogo. La segunda fue en Venezuela para elegir la Asamblea Nacional Constituyente, proceso denunciado fraudulento hasta por la empresa encargada siempre del voto electrónico; la tercera fueron las segundas elecciones judiciales en Bolivia, donde los votos nulos y en blanco aumentaron de la primera de 2011 —en las que también ganaron—: el promedio nacional de blancos y nulos sumados —el voto rechazo— fue de 66,75%.  

De los comicios de este año: presidenciales y legislativos (Costa Rica, Colombia, Paraguay, México y Brasil), presidenciales (Venezuela), legislativos (Cuba, presidenciales indirectas), municipales y legislativos (El Salvador), municipales y regionales (Perú) y referendos (Ecuador y Guatemala), los de Ecuador, Cuba, Colombia, Venezuela, México y Brasil son los más esperados.

La Consulta Popular —referendo constitucional— ecuatoriana fortaleció al actual presidente y dos de sus siete preguntas aprobadas mayoritariamente desmontan la herencia correísta: la anulación de la relección indefinida —regreso a la Constitución de 2008 y la renovación inmediata del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, herramienta fundamental del correísmo para la cooptación de Poderes.

Cuba y Colombia despiertan interés: la primera, porque la generación de la Revolución sale del Ejecutivo —no del Poder— y la incertidumbre de quién al final será el Elegido; la segunda, por los resultados de los antiguos guerrilleros, medida del proceso de paz. Los de Venezuela serán otra maniobra del madurismo para aparentar legitimidad en medio del rechazo de la mayoría de la Región y otros.

En Brasil y México, las mayores economías, dos líderes de izquierda populista intentan tomar el poder y cambiar el signo actual: López Obrador en México —su tercer intento, “surfeando” la ola antiTrump—, puntea pero, como en las anteriores, al final fracasará; Lula en Brasil, cargado de juicios por corrupción y condenado, la tiene más difícil. Ambos aprovechan nostalgias político-económicas y el descrédito de la clase política —a la que ambos pertenecen.

Las derrotas de López Obrador y Lula y la segura continuidad a la derecha en Colombia ajustarían un eje centroderecha-derecha entre los grandes: México-Colombia-Perú-Chile-Brasil-Argentina, con la afinidad de muchos otros y la debilidad creciente del eje socialista 21: Cuba-Nicaragua-Bolivia-Venezuela. Lo contrario, menos posible, alargaría un poco el fin de la corriente y les provocaría menos gobernabilidad.



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