martes, 17 de enero de 2017

El legado Obama y Trump


El 20, Donald J. Trump asumirá la Presidencia de los EEUU y su misión será eliminar el legado Obama y resurgir el legado Reagan. ¿Serán posibles?

El legado Obama surge del mito Obama y su Yes, We Can! que en 2008 prometía el renacimiento del país. Barack Obama prometió acabar las guerras, el terrorismo y la prisión de Guantánamo; prometió solucionar los problemas de las minorías (irresuelto a pesar de los avances de la Civil Rights Act of 1964, impulsada por John F. Kennedy y promulgada por su sucesor Lyndon B. Johnson), acercar Latinoamérica, solucionar las tensiones en Oriente Medio, globalizar la economía norteamericana y reorientar los EEUU hacia la región Asia-Pacífico. Prometió resolver el grave problema de los indocumentados y reformar el sistema de salud (la primera potencia mundial estaba lejos del Estado de Bienestar que la socialdemocracia, el equivalente de los demócratas, instauró en Europa). Y para enfrentar la crisis, controlar el sistema financiero y sacar al país de la recesión y el desempleo.

Para cumplir, el presidente Obama retiró los soldados estadounidenses de Irak y Afganistán pero dejó irresueltos esos conflictos (que fueron agravándose) y los sustituyó por bombardeos aéreos (incluyendo los selectivos con drones); sus promesas fueron recompensadas con el Nobel de la Paz en 2009 (cuando aún no había empezado a cumplirlas). Localizó y autorizó el ajusticiamiento de Osama bin Laden y apoyó la Primavera Árabe pero su política, muchas veces pusilánime y errática (incluyendo la interesada con las monarquías medievales del Golfo), facilitó las guerras de Libia y Siria y el surgimiento y expansión del Estado Islámico, provocando la mayor crisis humanitaria en setenta años; tampoco cerró Guantánamo pero trasladó a terceros la responsabilidad de muchos presos (entre los liberados, hubo quienes ingresaron a ISIS). La apertura hacia Asia-Pacífico quedó en un intento comercial porque la geopolítica lo obligó a priorizar el Medio Oriente y Europa (convirtiendo a Rusia, debilitada pero en expansión, en su contrincante principal); intentó solucionar los problemas con Irán y con los palestinos pero con los iraníes obtuvo un acuerdo precario y fracasó con Palestina (además del distanciamiento con Israel). Abrió relaciones con Cuba, quitando a la izquierda latinoamericana una de sus preciadas banderas y debilitando más la ALBA pero no obtuvo ninguna concesión del gobierno cubano (por cierto, estos días Obama dejó un campo minado a su sucesor respecto a Cuba pues los votos cubanoamericanos fueron decisivos en su triunfo en Florida).

En lo interno benefició a muchísimos dreamers pero tuvo el récord en deportar inmigrantes indocumentados. Implementó su reforma sanitaria, ampliando la cobertura pero con grandes críticas a sus costos y sostenibilidad. Avanzó en controlar la banca pero no terminó de hacerlo. Estimuló billonariamente la economía, redujo el desempleo y sacó al país de la crisis pero le faltó crecimiento, empleo de calidad y sostenibilidad.

Primero el Tea Party y luego Trump (ambos el mismo fenómeno) fueron sus némesis. A pesar del aparente éxito de Obama, los electores dieron a sus opositores republicanos el control del Congreso. A partir del próximo viernes, Congreso y Ejecutivo irán a destruir lo que resta del legado.

Quise escribir un panegírico sobre el legado Obama. Y encontré que el legado, sin ninguna alabanza, era Trump.



Información consultada

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/arte-pusilanimidad_0_2168183250.html

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